Viajar y fotografiar

Me propuse ir a Munich sin ninguna de mis dos cámaras habituales. Me propuse pasear por la ciudad con los ojos abiertos y las manos desocupadas. Me propuse vivir la ciudad como nunca antes lo había hecho, pero no pude.

Era mi quinta visita a la capital bávara y me pareció una gran oportunidad para viajar sin lo que a veces me parecía una carga.

A veces, tengo la sensación de que ir cámara en mano por una ciudad extranjera es una pesadez. Pero ya no hay vuelta atrás, ya no viajo como antes, ahora, tenga o no tenga una cámara de fotos, solo puedo mirar como si la tuviera.

Menos mal que llevé una cámara compacta para utilizar en casos de emergencia, y, joder, aquel era claramente un caso de emergencia.

Paseando por la ribera del río Iser, ya no pude aguantar más, y empecé a tomar fotos. Y fue en aquel preciso instante cuando empecé a disfrutar del viaje.

Carguen. Apunten. Disparen. Ibai borroka Ribera A mm del suelo

También anduve paseando por Theresienweisse, la gigantesca explanada que la ciudad ocupa para la celebración de la Oktoberfest, la fiesta de la cerveza más grande y famosa del mundo.

Y allí, entre jarra y jarra, tampoco podía dejar de fotografiar. Se colaba una luz por los ventanales superiores que hubiera sido un pecado no haberla aprovechado.

Marcadas Marcados Marcada Poder

Y a la salida de la carpa, bien cargadito de imágenes y de cerveza, continué mirando a través de la cámara y preguntándome cómo era posible combinar la bebida con las barracas de altos vuelos, con esas que te ponen las patas mirando a Berlín y el estómago para Cuenca.

Supongo que será cuestión de orden, primero las barracas y después la cerveza, sin mezclar. Justo lo contrarío que con el viaje y la fotografía.

Viajar y fotografiar.

Patas arriba Me pongo el sombrero

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