La fotografía digital es mucho más que apretar un botón

Publicado en Fotografía, París, Viajar el July 26th, 2011 por diegojambrina

Las vacaciones para un aficionado a la fotografía como yo son, por un lado, una gran oportunidad para disfrutar apretando el botón, y, por otro, un gran suplicio. Porque, claro, caminas por la calle y todo lo que ves es nuevo, y, por tanto, atractivo, pero también ocurre que no paras de pensar ¿será esta una buena foto?, ¿qué podría hacer para que sí lo sea?

Bueno, pues lo primero es mirar a tu alrededor y si ves a algún otro turista mirando por su cámara al mismo sitio que tú, ya puedes desistir; eso que pensabas que podría ser algo especial, no deja de ser una turistada.

Cierto que hay motivos que por sí solos llenan el encuadre y tan sólo hay que dejar hacer a la cámara, pero con eso no consigues una gran foto. No puedes hacerla sólo con lo que te dan a ti, tú tienes que dar algo. Y ese algo es creatividad.

Los fotógrafos, los grandes fotógrafos, deben ser creativos. Menuda obviedad ¿verdad? Ya, es obvio, pero muchas veces las obviedades se olvidan y se acaba sucumbiendo a la grandiosidad de la realidad.

Pero esto no es lo que ocurre en este caso. Con esta fotografía, el profesional Dani Jambrina no sólo muestra Notre Dame desde un punto de vista diferente, tanto que apenas es protagonista en la fotografía, sino que crea una instantánea que no lo es. Se ve movimiento, se ve libertad, se ve naturaleza, se ve belleza, se ve París… se ve una gran fotografía.

Y, sí, claro que es mi hermano el autor de la obra, pero por eso mismo soy más crítico con él que con cualquier otro.

¡Porque volveré y os mataré a todos, hijos de perra!

Publicado en Cine el July 19th, 2011 por diegojambrina

“Sin perdón” es tal vez la mejor película de Clint Eastwood. Ahora mismo me vienen a la mente otras, como “Cazador blanco, corazón negro”, en la que Clint hace una interpretación magnífica, y “Los puentes de Madison”, con la que hizo llorar hasta al mayor de los hijos de perra, pero ninguna supera a este western del 92, que como el whisky, mejora con el tiempo.

La escena del salón, esa en la que el asesino de Misuri se carga a todo bicho viviente, es soberbia. Se me ocurren mil cosas por las que lo es, pero me da una pereza terrible empezar a escribirlas ahora. De todas formas, me gustaría contaros que ésta no es mi escena favorita.

Mi favorita es cuando se prepara para la acción. Cuando de pie, junto al aprendiz de asesino, y ese árbol testigo de la transformación, escucha a la puta citar las palabras del sheriff: “¿Es el mismo William Munny que hizo descarrilar un tren matando a más de 60 personas? ¿El mismo William Munny…?Ese es el momento en que sin apenas darnos cuenta vemos cómo una persona normal, buena, padre de dos hijos, cerca de la vejez, arrepentido de sus pecados, amante de su mujer se transforma en un auténtico cabrón. Bebiendo de la botella, armándose de violencia, vemos cómo se esfuma su lado bueno para dejar paso a la invasora parte mala, al asesino de mujeres y niños.

Lo curioso del asunto es que durante toda la película hemos sentido piedad por ese hombre, porque estaba arrepentido. Ya no era un asesino. “He cambiado. Ya no soy el mismo de antes, le repetía una y otra vez a Ned. Y, sin embargo, sentimos el deseo de venganza que él siente cuando le dicen que su amigo fue torturado hasta morir. Queremos verle matar. ¡Mata a ese cabrón de Little Bill!

¡Qué grandes! Clint Eastwood y David Webb Peoples (guionista) nos hacen querer a ese hombre porque ya no es el mismo, odia la violencia, y nos hacen quererle porque al final vuelve a actuar con violencia.

Hubiera querido poneros un enlace de esta escena, para quien no la recordara –aunque esto es altamente improbable si la habéis visto– y entendierais lo que estoy diciendo. Pero no la he encontrado. Así que tendréis que conformaros con la escena posterior, esa en la que no hace falta que jure volver, porque todos esos hijos de perra de la ciudad saben que lo hará.

¡Disfrutad!

Una acción de Ambient Marketing para demostrar lo rápido que cocina el Microondas LG

Publicado en Ambient Marketing, Creatividad & Estrategia el July 12th, 2011 por diegojambrina

Los centros comerciales son lugares muy pretendidos por los anunciantes, porque en ellos las personas están en una predisposición perfecta para ser seducidos para la compra. Pero, claro, hay una sobreexplotación publicitaria. Giramos la cabeza 20º hacia la izquierda y nuestros ojos han pasado por 200 ofertas comerciales. La giramos hacia la derecha y otras 200 ofertas que tratan de seducirte. Pero lo que los ojos ven, el cerebro lo ignora. A no ser que se trate de una oferta tan apetitosa como la de LG.

Ellos han montado un acuario muy especial. Un acuario donde los peces ya están cocinados. ¿¡Cómo que los peces ya están cocinados!? Pues exactamente eso; que los peces del acuario no son peces sino pescados. Pero no creas que flotan inertes en la superficie del acuario, no. ¡Menuda imagen, por favor! No, no. Aquí, los pescados están vivos y coleando. ¡Ay, madre, qué lío! Mejor será que veas el vídeo.

Y no te quedes sólo en lo espectacular de la acción. Recuerda siempre que para que una acción de marketing funcione, el beneficio del producto tiene que estar muy, muy claro.

A The Black Crowes el escenario les quedó grande

Publicado en Música el July 10th, 2011 por diegojambrina

En el bbklive el escenario principal, donde ayer 9 de julio tocó The Black Crowes, tiene unas dimensiones bastante grandes, más para unos grupos que para otros. El año pasado tocaron en ese mismo lugar Rammstein y le sacaron todo el jugo que pudieron; llamaradas de fuego, varios niveles, plataforma móvil, fuegos artificiales … Pero ayer, el escenario parecía un nido de cóndor para 6 diminutos cuervos.

Y es que ninguno de los integrantes de esta mítica banda de rock se movió más allá de su m2 asignado. ¡Y ni falta que hacía! Estos son de la vieja escuela, de los que te hacen vibrar el pecho de emoción con cada acorde de guitarra o grito del señor Robinson. Música rock para alimentar el alma de los 70, un alma que se niega a crecer.

El de ayer fue un gran concierto. Han cambiado algunos integrantes de la banda, pero tienen un ojo que ya lo quisieran las águilas. Saben elegir a lo mejor de lo mejor, y ese guitarrista, al que no le había visto hasta ayer, demostró ser un auténtico fenómeno de la guitarra eléctrica. Caña, caña, caña… sí, señor, mucha caña.

Pero, lamentablemente, no la suficiente para mejorar el recuerdo que aún mantengo del anterior concierto que vi de ellos, hará unos 15 años en Pamplona.

Allí estuve yo, en primera fila, frente al gran Marc Ford, hipnotizado con su música, flipando con su flipe. ¡Joder, si es que no abrió los ojos en los primeros 25 minutos del concierto! Pero qué más da cómo esté, si es capaz de hacer lo que hizo.

En fin, lo de ayer estuvo muy bien. Pero lo de años anteriores parece que no se volverá a repetir.

Grabé un par de vídeos, pero el sonido es tan nefasto que os pongo éste de otro de los fanáticos que allí nos dimos cita.

Y también este otro. High head blues: una canción que no sonó ayer, pero que hubiera pagado el doble por volverla a escuchar en directo. Una canción que va tomando fuerza a medida que avanza. Maravillosa.

Peticiones imposibles Vs. Creatividades cojonudas

Publicado en Creatividad & Estrategia, Este trabajo es mío, Publicidad el July 5th, 2011 por diegojambrina

Los creativos se enfrentan en muchas ocasiones a peticiones imposibles. Eso de mezclar churras con merinas es el pan de cada día en la vida de una agencia, y a muchas personas eso les asusta y salen con algo parecido a “¡eso no se puede hacer, joder, y no pienso dedicarle un segundo de mi puto tiempo!”. Pero a mí eso no me asusta. No es porque sea más chulo que Chuck Norris, no, no diré que me llamo Peligro, pero sí diré que mi segundo apellido es Merino. Tal vez por eso o sencillamente porque trabajo como un auténtico cabrón, saco creatividades de donde parece imposible. El miedo al fracaso, es otra de las razones que aprietan para conseguir lo que a primera vista no tiene solución. En fin, ¡qué sé yo!

La cuestión es que os presento hoy un caso que me dio miedo cuando me dieron el briefing, que me ilusionó y que me llevó muchas horas de esfuerzo.

Bueno, lo que me pidieron fue un anuncio para vender un seguro de autos. No, mejor un seguro de hogar. No, mejor las dos cosas. Total, mi segundo apellido ya sabéis que es Merino, así que yo mezclo las churras con las merinas como quien da vueltas a la leche para endulzarla. Así que me puse manos a la obra y me saqué de la manga una marca del limpiaparabrisas de un coche en una ventana de una casa. ¿Qué mi explicación no está clara? Pues para qué está la imagen, venga, pinchad en la imagen.