Viajar por Londres con una cámara de fotos (2 de 2) Qué no visitar

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Londres, Lubitel el May 1st, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100 Lubitel 166+

Londres es, aún hoy, la capital de un imperio, y como tal, tiene vergüenzas que debería ocultar. Pero en lugar de esconderlas, lo hace público y se vanagloria. Lo más evidente es el enorme y loco British Museum. Es como la cueva de Alí Babá, pero con entrada libre. Un lugar donde admirar los tesoros robados en su época de mayor esplendor colonial.

Egipto en Londres by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Podría ser ésta razón suficiente para no acudir al museo. Un acto de rebeldía individual estéril para la sociedad y la política y que, finalmente, no llegué a realizar. Algo de lo que yo sí me avergüenzo.

Decía que ésta era una razón más que suficiente como para no ir, pero hay otra de casi igual importancia: la gente.

Al museo acuden miles de personas al día, algo más de 6 millones al año, y al parecer acuden interesadas en el arte egipcio, griego, africano… aunque lo que realmente les interesa es comprobar la dureza de las piezas. No se contienen y golpean los bustos y los sarcófagos egipcios confirmándose a sí mismos que son tan de piedra como su sensibilidad artística e incluso como su sensibilidad como ser humano.

Y las autoridades competentes no hacen nada por evitar semejante atropello. Mi desprecio hacia ellos es aún mayor sabiendo que una de las excusas que esgrimen para no devolver lo robado es que los países dueños legítimos no poseen lugares acondicionados para proteger semejantes obras históricas.

Inmigrantes asirios en Londres by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otro de los atractivos turísticos de Londres que no llegó a cautivarme fue Camden Town. A pesar de ello pasé una mañana completa por sus frías calles. Pero no fue por su mercado ni por sus comercios de souvenirs disfrazados de pintorescos sino por el canal que cruza su calle principal.
Un oasis de paz por el que pasear y disparar.

Canales de Candem by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El mercado de Camden Town, también conocido como Historic Stables Market, es curioso por dónde está situado; antiguos establos abovedados, construidos con ladrillo caravista donde, en su día olería a caballo y hierro. Hoy, el sabor histórico de este laberinto se intuye entre la ropa colgada, zapatos, accesorios, souvenirs y carteles de comida rápida. Son los sabores de la modernidad, aderezados por las divisas extranjeras.

Perdiendo la cabeza by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Me queda aún más crítica cítrica para Londres.

Oxford street es lo peor, sin duda, para el viajero hambriento y el aficionado al footing. Es imposible dar dos pasos seguidos hacia delante. Las miles y miles de personas que andan como pollos sin cabeza por sus aceras te obligan a andar en zigzag. Evitadlo siempre que podáis, que no será fácil, porque sus calles adyacentes sí son lugares apetecibles. Por ellas te puedes encontrar edificios de estilo tudor, como la sede del comercio Liberty. Una maravilla de la arquitectura.

Disfrutadlo por fuera y por dentro, porque a pesar de tratarse de una tienda sin interés alguno para un servidor, sus escaleras, suelos, paredes y decoración son dignos de una visita.

Pasado arquitectónico londinense by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El famoso Hyde Park tampoco es algo tan imprescindible como me lo hicieron creer.

Tal vez, en verano, su atractivo sea mayor, pero ahora, en una primavera vestida de invierno el ambiente es triste. Eso sí, si os gusta la fotografía puede ser un escenario propicio para el blanco y negro con cámara de carrete de 120.

Deseos de Hyde Park by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otra cámara que llevé al viaje fue la que el propio móvil tiene incorporada. Ésta me permite hacer fotos en lugares no demasiado propicios para una cámara grande.

Ten Bells tampoco es un lugar al que acudir, bueno, a decir verdad, no era un lugar allá por 1888, el año en que Jack El Destripador tomaba unas pintas y se decidía por una desafortunada mujer. Ahora es un bonito pub sin peligro alguno, salvo el servicio, claro. Para ir hasta él, hay que bajar unas empinadas, oscuras y descuidadas escaleras.

 

¿Escalera al infierno? No. A los servicios del Ten Bells, donde Jack El Destripador fichaba.

Los servicios de Harrods es otra cosa: limpios, sin pintadas en las paredes, con una puerta de entrada y otra de salida… Pero no, no es un lugar de interés. Al fin y al cabo es un comercio, un Corte Inglés, algo más lujoso, claro, pero un comercio al fin y al cabo. Eso sí, la zona de alimentación es espectacular. La decoración y los productos que allí se exponen crean una escena genial para sacar fotos mientras los demás miran.

La otra cara del té by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Portobello road es otra de las zonas sobrevaloradas. Intuyo que hace bastantes años éste lugar apartado de Londres, tendría interés.

Ésta calle se encuentra ubicada en Notting Hill, un barrio de pequeñas y bajas casas, en algunos casos, con fachadas pintadas de diferentes colores pastel, y podría suponer un buen lugar para alejarse de la gran ciudad. Pero hoy nadie se puede abstraer del ruido y la multitud. Los puestos callejeros están regentados por vendedores con artes de comercio asiático, es decir, son algo pesados, y el interés de lo ofertado es bastante bajo.

Si a pesar de mis consejos, decidís acercaros, pasead por las calles perpendiculares a Portobello road, porque, al menos, os encontraréis con bonitas casas de estilo victoriano.

Casas victorianas en Nothing Hill by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Dejo para el final lo peor de Londres y, sin embargo, lo que más interés despierta: el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham.

Y es que a mí el rollo militar nunca me ha gustado, aunque esté aderezado por charangas y escenografía extravagante. Pasé por allí, por si coincidía con el cambio (no sabía entonces que se hace una sola vez al día y a las 11:30), pero llegué antes. No tan antes como los cientos de personas que ya esperaban allí al espectáculo. Así que saqué la foto hacia el lado contrario hacia donde lo hacían los demás y me fui.

Expectación en Buckingham Palace by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Después de estos dos post, el que halaga y el que desdeña Londres, me he quedado con ganas de hablar del Big Ben. Y es que tengo alguna foto de la que me siento orgulloso de mostrar. Bueno, si queréis verlas pinchad aquí. Es mi cuenta en 500px. Daros una vuelta a ver qué os parecen y me contáis.

Viajar por Londres con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Londres, Viajar el April 14th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Suele ser habitual que cuando aterrizas en un lugar, la primera impresión sea también la última. Pues en ésta ocasión se vuelve a confirmar. Londres es la gran ciudad que me esperaba. Cierto es que ya iba predispuesto a que me gustara; tanta gente diciéndote lo bonita, rica, alegre, amable y monumental que era, tantas películas ambientadas allí, tantas historias entorno a leyendas de la música… que no podía no gustarme.

Sin embargo, algo no cuadraba con lo esperado.

Llegué al aeropuerto de Heathrow y una hora de metro después saqué la cabeza a la superficie en una estación del Bank Side, al sur del Támesis. Lo primero con lo que me encontré fue con un frío de cojones. Puedo afirmar que el invierno más frío que he pasado en mi vida ha sido ésta primavera en Londres. Y lo siguiente con lo que me topé fue con The Shard, un edificio acabado de construir en 2012 y que pide tu atención, estés en la calle que estés. Sus 310m de altura no pasan desapercibidos.

Puente al futuro by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Ésta zona es fabulosa, y dentro de unos años lo será aún más. Cuando todos los edificios de cristal se terminen de construir, los andamios dejen de entorpecer el paso de peatones y las grúas no estropeen el encuadre a los fotógrafos, el Southwark será uno de los distritos más interesantes por los que pasear.

Y no es precisamente por estos nuevos edificios, sino por su perfecta convivencia con los viejos, bajos e históricos edificios de ladrillo caravista.

Pasado y presente  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Hay otros lugares interesantes en ésta zona.

Muy cerca de The Shard está el Borough Market, un mercado municipal, como su propio nombre indica, lleno de historia y pilares de metal. Que el tren pase justo por encima de sus puestos no le quita ni un ápice de encanto. Puedo imaginarme perfectamente cómo, varios años atrás, llegaban al mercado barcos procedentes de todo el mundo con sus mercancías y a la gente comprando entre pinta y pinta.

El mundo desde 1872 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

En la orilla del río también se encuentra otro de los atractivos más demandados por los turistas: el London Eye. Pero francamente, a mí me pareció de lo más aburrido de Londres, y eso que tan sólo pasé por allí. Sin embargo, la gente petrificada por el frío y por la espera parecía interesarles mucho subir. No sé, tal vez el precio, 19,20 libras, les parecía justo.

Ojo a la primavera londinense by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

A mí me gustó más el Millennium Bridge. Sí, ya, no es una barraca, ni da vueltas, ni te permite ver Londres desde las alturas, pero es un bonito puente con unas vistas más bonitas todavía, a ras de suelo. A un lado la St Paul Cathedral y al otro el Tate Modern. Además, miles de personas cruzan sin parar de un lado a otro, turistas, trabajadores, deportistas… permitiendo disparar cada segundo tu cámara sin que se repita la fotografía.

El día de su inauguración, el 10 de junio del año 2000, cruzaron hasta 90.000 personas, tantas que tuvieron que cerrarlo dos días después para corregir el excesivo balanceo que los peatones provocaban. Hoy aún se mueve, pero, las fotos, nítidas.

Frío sobre el Támesis by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y de puente a puente tiro porque me lleva la corriente.

Bueno, a decir verdad me llevaban los pies, aunque el que quiera puede dar paseos por el Támesis. Yo no lo hice, pero no me faltaron ganas, porque aunque sea una turistada, se deben conseguir unos puntos de vista interesantes.

Yo me planté delante del Tower Bridge andando, poco a poco, parándome cada dos por tres para fotografiar uno de los puentes más legendarios, y bonitos, de todo el mundo. Al final, tanto disparar, para nada. No estoy contento con ninguna de las fotos que hice. Así que pongo ésta donde los gorros de las turistas japonesas desvían la atención.

Tower Bridge by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Londres es tan grande, más de 7 millones de personas, viven, corren, trabajan, duermen, comen y beben en sus calles, que es difícil que todo te guste. Por ejemplo, el precio del transporte.

Ah, ¿qué esperabais; que iba a hablar de alguna zona de la ciudad, de algún museo…? Bueno ya llegará. No os preocupéis, tengo críticas para dar y tomar. Pero antes: el transporte.

2,40 libras por trayecto en bus. 25 libras durante los dos primeros días de metro, y eso que saqué la Oyster (una tarjeta monedero) y el presupuesto se reduce bastante. Una auténtica barbaridad, pero si estáis sólo 6 días en Londres como yo, es absolutamente necesario coger el transporte público.

Dejándose llevar por el metro de Londres by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Para llegar a este impresionante edificio, podéis bajaros en la estación Monument de las líneas Circle o District. Pero no creáis que el nombre de la estación hace referencia a ésta construcción. Es el nombre que recibe una columna levantada en 1677 para conmemorar el gran incendio de Londres de 1666 y el lugar exacto donde se originó, una panadería. En su día fue la construcción más alta de la ciudad con unos vertiginosos 61m, pero hoy está engullida por edificios de oficinas. Y son éstos los que captan la atención.

Éste de aquí es la sede de Berwin Leighton Paisner, un bufete de abogados con unos ingresos que superan los 240 millones de libras. No me extraña que tengan un edificio así y que el tipo ese me mire con ganas de enjuiciarme y quitarme hasta la camisa.

Un hombre o un abogado by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

No vi muchos turistas por la City. Y los que vi estaban alrededor de The Monument, pero ésta zona es muy recomendable.

La historia de Londres empezó aquí, cuando los romanos, quiénes si no, levantaron un asentamiento en el año 43 d.C. Hoy es casi imposible ver algo de aquella época (aunque se puede). En su defecto, se puede disfrutar del mercado de Leadenhall. Muy frecuentado por los ejecutivos que trabajan por los alrededores. Se dejan caer para almorzar, beber algo, hacer algunas compras delicatessen y a que les limpien los zapatos. Sí, qué mejor lugar que unas galerías victorianas para encontrarnos con un empleo del pasado.

El mercado de Leadenhall  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y ahora con zapatos limpios, continuamos camino. ¿Dirección? 30 St. Mary Axe. Allí, bien erecto, está el primohermano de ese otro edificio fálico que hay en Barcelona, conocido por el pito o el pene. Aquí, los londinenses han sido más pudorosos y lo han llamado Gherkin (pepinillo). En cualquier caso, un bonito edificio.

Fue de los pocos momentos en que los rayos de sol salieron para mejorar mis fotos. Me pregunto qué tal se le dio a aquel tipo con quien me crucé y que llevaba en la mano la misma cámara que yo.

“Eih, another fujifilm guy!”

Gherkin, una torre con sabor by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Hay lugares en Londres fabulosos, pero hay otros que no lo son tanto. Pincha aquí para ir a la segunda parte de este viaje y saber de cuáles hablo.

Viajar por Jordania con una cámara de fotos

Publicado en Canon, Fotografía, Jordania el February 10th, 2013 por diegojambrina

Es cierto que Petra es una de las maravillas, no sólo de Jordania, sino del mundo, pero este país tiene otros lugares que te quitan el aliento. Claro que el calor seco que pasas también tiene parte de culpa.

Empiezo por una ciudad romana a 50Km al norte de Amman, Jerash.

Quien haya estado en la Acrópolis de Atenas o en los foros romanos y no en Jerash, se atreverá a discutir conmigo por la majestuosidad de las ruinas, y lo puede hacer, pero no me convencerá. Andar por las calles de Jerash es mucho más emocionante. Cierto es que Roma es la ciudad del imperio, y que eso, hoy, 2000 años después, aún se nota, pero Jerash tiene el encanto de lo recientemente descubierto.

Columnas de una civilización pasada by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Pero es más que el encanto. Su estado de conservación es excelente y lo que queda por desenterrar tan grande como lo descubierto hasta ahora.

Y es que el recinto es enorme, con pavimentos, columnas, grandes avenidas, edificios, baños, fuentes, teatros, circos… lo tiene todo. Por tener, tiene hasta viviendas particulares aún habitadas. ¿Qué otro lugar del mundo puede presumir de ello?

Lo malo es que no podrás visitarlas a no ser que te hagas colega de algún lugareño y te invite a tomar el té. En esas casas que rodean el recinto los suelos están decorados con mosaicos romanos.

Capitel sin columna by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y hablando de amigos, aquí tenéis un par de ellos. Estos son los mejores amigos que te puedes echar en el desierto, el otro gran lugar que visitar de Jordania.

El llamado Wadi Rum. Sencillamente espectacular. Es tan grande que puedes sentirte solo hasta viajando en grupo. Una de las mejores experiencias que he vivido. Sin duda. Y eso que no llegué a montar en dromedario, eh.

Un par de amigos en el desierto by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Me moví entre dunas con jeeps humeantes, castigados por la arena y el calor del día y la arena y el frío de la noche. Aunque si bien es cierto que en la época en la que yo fui no bajó gran cosa la temperatura, un mes antes nevaba.

Un parada para saborear el desierto by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Wadi Rum, también conocido como el Valle de la Luna, es el desierto que cautivó al mítico Laurence de Arabia. Pocos eran los que llegaban a comprender por qué un civilizado caballero inglés veía en el desierto un lugar donde vivir. Y estoy seguro de que aún hoy pocos lo entienden. ¡Qué cojones, ni siquiera yo! Nadie, a no ser que viaje hasta allí, puede comprenderlo y eso que la película interpretada por Peter O’toole nos acerca perfectamente hasta las dunas, rocas y explanadas del sur de Jordania.

Un territorio, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, en el que eres y te sientes tan pequeño, que ni sales en la foto ni te ves capacitado para levantar la voz. No eres más que una minúscula mancha sin sombra.

Inmensidad del desierto Wadi Rum by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y por fin, Petra.

Sí, creedme, por entre esas rocas está una de las ciudades nabateas más importantes. Y lo es precisamente porque estaba bien escondida. Pocos podían imaginar que en esos lugares había una rica ciudad que saquear.

Además de mimetizarse con el entorno, por entonces, cuando los ciudadanos nabateos vivían allí, la única entrada, bien oculta, era un pasillo cada más más estrecho y más profundo. Eso hacía que los ejércitos invasores tuvieran que avanzar hombre a hombre y estuvieran expuestos a que les cayeran desde lo alto rocas, mofos y escupitajos de los defensores.

La ciudad de Petra se esconde by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El camino hasta llegar al primer edificio es tan angosto como lo que veis en esta foto.

La mítica, la que habéis visto una y otra vez en los reportajes gráficos de National Geographic o en los documentales o en La última cruzada de Indiana Jones es ésta, pero ésta que pongo yo aquí tiene un valor aún mayor, porque es mía, es la que yo saqué, porque yo estuve allí. Es emocionante pensar en ello.

El tesoro te ilumina by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Sólo hay una pega: aquello parece la hora punta en una estación de metro de una gran ciudad. Nada que ver con lo que Indiana y sus dos acompañantes vivieron.

Yo llegué con mi grupo, de por sí ya numeroso, sobre las 9 y media de la mañana y aquello era una lucha constante, no para hacer una foto, sino para abrirse paso y poder continuar caminando. En cualquier caso, es un lugar mágico, al que aconsejo ir.

Pregunté al guía cuándo era la mejor época para visitar Petra y poder evitar la masificación. Y la respuesta fue, “es imposible evitarla”, pero la mejor época es octubre. Algún día me daré un buen regalo de cumpleaños y me plantaré allí de nuevo.

Petra, hora punta by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Pero si no podéis ir en octubre, hay otra fórmula para disfrutar sin gente de la ciudad de Petra y de este espectacular edificio: aguantáis hasta la tarde.

A las 4 de la tarde, prácticamente la ciudad queda desierta y el color rosa que la caracteriza se hace más patente. Llevad agua en abundancia, sombrero, gorra o, mejor aún, un pañuelo jordano y aguantaréis y disfrutaréis más que los demás. ¿O acaso no os parece maravillosa la fachada de la Tesorería o del Tesoro sin más compañía que la que veis en la foto?

El Tesoro de Petra es Petra by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y no os preocupéis por el tiempo, no os aburriréis en ningún momento. La ciudad es enorme, tanto que en un sólo día no podréis ver todo lo que hay en ella.

Y repito, no os olvidéis del agua, algo de comida y taparos la cabeza.

Autoretrato en Wadi Rum by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Mercedes-Benz, una historia de creatividad sobre ruedas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Dicen que para ver todas las obras del Museo Louvre, con el detenimiento que se merecen, deberíamos estar dentro 9 meses. Cumplido ese tiempo saldría un nuevo ser, porque tú ya no serías tú, sino vete tú a saber quién. Para ver el Museo Mercedes-Benz, no temáis, os recomiendo un día completo, aunque bien podríais estar más de dos, si quisierais verlo con el detenimiento que se merecen las obras de arte que en él hay expuestas.

Para empezar, el edificio impresiona, sobre todo, por su tamaño. Nueve plantas y una superficie de 16.500 m2. Una sede tan grande como la historia de la marca, diseñada por el estudio de arquitectura UNStudio van Berkel y Bos de Ámsterdam.

Edificio del Museo Mercedes-Benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Fijaros que hasta el taxi que hay en la entrada es tan grande como un camión. Vamos, como que es un camión.

Con él hicieron una acción de marketing de lo más creativa y agresiva. A todos aquellos que llamaban a un taxi desde una sede de la competencia, un concesionario Volvo, por ejemplo, les iba a recoger este camión. Una prueba de producto por parte del usuario de lo más inesperada.

Genial.

Y tras estos minutos de publicidad, continúo con el museo.

Dije en el anterior post, el del Museo Porsche, que éste de Mercedes-Benz es mucho más que un museo de una marca de coches. Aquí se muestra prácticamente por completo los 125 años de la historia del automóvil desde el primer día. Como no podía ser de otro modo, porque fue una de las patas de la marca, Benz, quien inventó el coche.

Aquí lo tenéis: el primer automóvil con motor de combustión interna diseñado y fabricado por Karl Friedrich Benz en 1886.

El primer coche de la historia by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

A lo largo de los nueve niveles, unidos en espiral, una forma inspirada en el ADN de doble hélice que simboliza la herencia humana, podéis ir descubriendo la evolución del automóvil unida a la evolución de la sociedad. 160 vehículos y más de 1.500 objetos.

Joyas de la historia del automóvil by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Carteles, posters, anuncios, periódicos, bicicletas (de marca Mercedes, por supuesto)… todo perfectamente expuesto, iluminado y contado gracias a una audioguía que no funcionaba tan bien como cabría esperar.

De todas formas, qué más da qué te digan de este coche. Verlo ahí, tan nuevo, tan grande, tan brillante, tan majestuoso obnubila a cualquiera.

Admiración por Mercedes-Benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Esta es una de las etapas de la historia de la marca que más éxito tienen entre los visitantes, cuando aún Mercedes y Benz no se habían decidido a fusionarse.

El tamaño de los coches y su perfecto estado de conservación impresionan a niños y mayores. Más si cabe cuando escuchas por los auriculares que algunos de esos vehículos se rescataron de viejas cocheras, o, mejor dicho, de viejos establos casi derruidos.

Un Benz en el museo de Mercedes-benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otra de las características que más sorprende es que eran coches que se hacían por encargo. Nada de ir al concesionario y llevarte el de Km O. Tanto los primeros vehículos comercializados como estas joyas del motor se hacían como se hacen ahora los coches de marcas de lujo: sueltas primero una entrada y esperas.

Claro que por aquel entonces, la mano de obra era exactamente eso, mano de obra. Estos coches estaban fabricados a mano. Orfebres expertos en su oficio e ingenieros y mecánicos capaces de realizar unas maravillas que circulaban a más de 160Km/h.

¡Cómo me gustaría conducir uno de estos imponentes deportivos! Y me da que la chica esa que asoma por la izquierda también.

Pasión por el rojo de Mercedes-Benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Como veis hay mucho que ver en el museo, pero sin duda alguna la estrella es el Mercedes-Benz 300 SL, más conocida como “alas de gaviota”. Una obra de arte, creativa en todos los sentidos, aunque uno de ellos sobresale más que los demás. Sí, las puertas. Unas puertas que encierran una historia curiosa.

La verdad es que yo me enteré allí mismo. Desconocía por completo que ese diseño se debía a un error por parte de los ingenieros. Pensaron en todo, menos en cómo entrar al coche, y, claro, cuando lo hicieron no tenían forma humana de colocar unas puertas con bisagras estándares. Afortunadamente, los diseñadores tuvieron la genialidad de innovar y les salvaron el culo.

Mercedes-Benz Alas de gaviota by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

De vez en cuando, encuentras en el camino una lección de mecánica en formato diversión, como éste. Una manivela, un poco de fuerza y hacías sonar el carburador y levantar la pelotita. Los chavales se volvían locos con él, y alguna que otra chica también se animó a jugar. Me encantan las mujeres que disfrutan con los coches.

Girando un compresor en el Museo Mercedes-benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

A medida que uno se acerca al final, más cerca está de la era actual y menos espíritu de museo hay. Pero aún queda una sorpresa.

Al llegar a la primera planta os encontraréis (doy por hecho que os he convencido para ir) con un espacio que recuerda a los viejos circuitos inclinados.

Allí, uno se encuentra con la evolución del bólido. Todos tienen su encanto, pero tal vez los que más destacan sean los antiguos, con sus gigantescas formas y cinchas de cuero para cerrar los capós.

Un bólido algo anticuado by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

¿Y qué me decís de este bólido rojo? ¡Buah, qué maravilla!

Un coche 10 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y para acabar, antes de pasar por la tienda, y llevarte una miniatura del “alas de gaviota” (todo el mundo elige el 300 SL), puedes sentarte en el Fórmula 1 más moderno de todos y cerrar el ojo izquierdo.

Sueño inclumplido by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Porsche, creatividad y diseño de altas velocidades

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Hay dos motivos por los que recomiendo visitar Stuttgart. Uno, es el Museo de Porsche y, otro, es el Museo Mercedes-Benz. Todas aquellas personas a las que no les gusten los coches, deben visitarlo igualmente, porque los dos museos están hechos con tanto estilo y rigor histórico que no echarán en falta ni iglesias, ni pinacotecas, ni cascos históricos por los que patear.

De todas formas, si queréis casco histórico, lo tenéis, aunque su construcción sea posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Cerdo de oro  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Stuttgart fue destruida casi en su totalidad por las bombas de los aliados y, como el resto de Alemania, su reconstrucción se ha hecho con mucho detalle y tratando de respetar, en la medida de lo posible, la arquitectura original. Aún así, el verdadero placer son los museos automovilísticos, insisto.

Y si alguno de vosotros pasa de mi insistencia, echad un vistazo a este otro post, donde hay otras razones por las que visitar Stuttgart y otras zonas del suroeste de Alemania.

Para los que se quedan en este post, empezamos con Porsche, y con una fotografía que no es mía. Sí, lo sé, pecado mortal no haber sacado ni una sola foto del espectacular edificio que alberga el museo, pero la emoción tenía atenazada mi responsabilidad como bloguero viajero y entré corriendo.

Por cierto, los arquitectos de la obra son los austriacos Elke Delugan-Meissl y Roman Delugan, quienes tienen una interesante colección de trabajos realizados. Date una vuelta por su web, que por sí misma merece también una visita.

Una vez dentro del edificio, te encuentras con la taquilla, que tratas de superar lo antes posible, sin pensar en los 8€ que has de dejar. Coges tu audioguía en el idioma que prefieras y, hala, para arriba.

Y con los primeras hitos que te encuentras arriba es con algo de lo que muchos amantes de la marca reniegan: la relación directa del Volkswagen “Escarabajo” con Porsche. Pues sí, el Sr. Ferdinand Porsche diseñó el Kdf-Wagen, más conocido por nosotros como el “escarabajo”.

Kdf-Wagen o Volkswagen Escarabajo by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El parecido entre el Kdf-Wagen y este Porsche 956/2 es indiscutible, pero ¡qué más da!, los dos son preciosos.

Porsche 356/2 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Los coches que hay expuestos en el Museo Porsche son, además de coches históricos, algunos, y espectaculares, todos, obras de arte. Por eso, no me canso de recomendar su visita a todo el mundo, sea o no amante del motor. Estos coches son arte en metal, vidrio y goma, como ésta reminiscencia de los platillos volantes: el 356 Roadster.

Un Porsche para quitarse la capota by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Además, los coches están expuestos de tal forma que parecen juguetes en sus cajas, listos para desembalar y jugar con ellos. La mayoría de los vehículos se han colocado sobre una tarima negra y fondo negro que resalta su gran belleza.

Porsche 911 Carrera, reflejo de poder by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

También destaca la iluminación, perfecta, luz a raudales por cada esquina y focos colocados estratégicamente para hacer brillar cada centímetro de chapa y cromado. Se aprecia especialmente en este Porsche Speedster Carrera.

Ademas, mi Fujifilm X100 es otra maravilla del diseño y la técnica, y es capaz de hacer unos fabulosos enfoques con mínima profundidad de campo, genial para destacar los brillos y los detalles de las obras expuestas.

Porsche Speedster Carrera by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y ya que he empezado a alabar mi cámara, seguiré con ello.

Ni flash ni ruido del obturador. Así debe ser. El flash directo al objeto no hace más que generar brillos molestos y el ruido advierte a las personas a las que fotografías de tu presencia, y, no, no siempre quiero que se aparten. ¿Se entendería una fotografía en la que todo está al revés? Definitivamente no. Parecería que es la foto la que está al revés, y no lo fotografiado.

Como en esta ocasión, en la que las mentes creativas que diseñaron el museo decidieron colocar al Porsche 956 colgado del techo para escenificar lo que se decía de él en los circuitos: es tan rápido que sería capaz de rodar por el techo. Una vez alcanzados los 321,4Km/h… ¡alehop!

Porsche patas arriba by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Aunque si piensas que con un coche como estos podrás escapar de la policía, estás muy equivocado. Ellos también tienen el suyo: Porsche 911 Carrera Coupé “Polizei”.

Porsche para perseguir by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otro de los atractivos del Museo Porsche está en la posibilidad de saber lo que se siente dentro de uno de estos coches. La estética es importante, pero los amantes del motor disfrutamos también con el sonido y la vibración que provocan los CV.

Para ello, han ideado una plataforma que al pisar en ella activa el arranque de un motor, el suelo vibra y comienzas a oír cómo sube de marchas y de velocidad. Esto lo hacen con todos sus modelos, incluido los tractores, que también los tienen. Esta peculiaridad no es exclusiva de Lamborghini.

Sentimiento Porsche by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y para que veáis que lo de los tractores no me lo invento, aquí tenéis una prueba fotográfica.

Tractor Porsche by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Un gran museo, de dimensiones perfectas para no cansarte en exceso y contemplar cada modelo con tranquilidad. Eso sí, os recomiendo ir prontito, porque es uno de los museos con más éxito de Stuttgart y se puede llenar con facilidad. Cuando yo salía de él, entraban grandes grupos de turistas, entre ellos, los temidos japoneses. Estoy seguro de que eso le resta encanto. Y estoy tan seguro porque lo viví en el Museo Mercedes-Benz, al que acudí nada más salir del de Porsche, y del que hablo en éste post.

Os adelanto que cometí el error de ir a los dos museos el mismo día. Hay que reservar una mañana completa (5 horas) para gozar del Museo Porsche y un día entero, sí, un día completo, para el Museo Mercedes-Benz. Ya veréis por qué.

Viajar por Alemania y Austria con una cámara de fotos (2 de 2)

Publicado en Alemania, Austria, Fotografía, Fujifilm X100, Viajar el September 24th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Viaja tranquilo y paséate por Suiza antes de cruzar a la Selva Negra: Parte I

 

Salí de Suiza por Basel para adentrarme en el sur de Alemania y el oeste de Austria, y de paso dar un respiro a mi bolsillo.

Estos dos países son asequibles para el trabajador medio. Muchas gente se sorprende cuando digo que comer y beber en Alemania es incluso más barato que en España, y, para el aficionado a la cerveza, más placentero, pero la realidad es esa: mejores nóminas, alquileres mucho más baratos y precios aptos para invitar a una ronda.

¿A una ronda de qué? ¿Bretzel y cerveza?

No sería mala idea, pero no es bier todo lo que reluce.

El suroeste de Alemania, hasta llegar al extremo más oriental del lago Constanza, está lleno de viñedos. A ambos lados del río Rin y del lago, al que todos los autóctonos llaman Bodensee, la bebida amarilla más popular es el vino blanco.

Paseando entre viñedos en Meersburg by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El lago Constanza es una zona muy visitada por los propios alemanes, sobre todo, de mediana edad. Aquí tienen sol, agua donde nadar, vino que beber y zeppelins con los que volar. Un estupendo vehículo para poder desplazarse por la zona sin necesidad de aguantar las constantes caravanas. Pero si no tienes los 200€ la media hora que cuesta un viaje, lo mejor es desplazarse en bici, en ferry o, por supuesto, en moto.

El zeppelin sobre vuela Lindau by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Fue el ferry el vehículo que elegí para llegar hasta Konstanz. Desde Meersburg, el pueblo perfecto para alojarse en la zona,  salen ferrys cada hora, y tras un paseo por el lago de 40 minutos  llegas a la ciudad más grande bañada por el lago Constanza.

Pero si la ciudad es grande, su fama es todavía mayor.

No es un mal lugar para darse una vuelta, pero las hordas de turistas que caminan por sus calles está totalmente injustificado. De hecho, hasta las fuentes se burlan de nosotros.

La fuente que no invita a beber de su nariz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Otro de los lugares donde más turistas encuentras es Friburgo, pero esta ciudad, sin duda alguna, merece una larga estancia.

Suele ser la base favorita por todo el mundo para conocer la Selva Negra, una extensa zona del sur que va desde la frontera con Francia hasta el lago Constanza, y eso le quita cierto encanto, sobre todo para los que, como yo, al viajar al extranjero lo último que quieren es oír castellano, y hasta aquí llegan muchos autobuses con miles de españoles de mediana edad hacia adelante dispuestos a vivir un nuevo viaje de estudios.

Canales en Freibrug by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Wutachschlucht, St. Peter, Triberg, Schiltach y Gegenbach fueron mis destinos mañaneros durante los 5 días en los que me alojé en Freiburg.

Salir en moto por las carreteras de la Selva Negra es una maravilla. El asfalto es impecable, y no, no es ninguna leyenda sin fundamento; en Alemania el firme es así, firme. Las carreteras son sinuosas, pero con curvas muy abiertas que te invitan a girar la muñeca e inclinar la moto, y cuando llegas a los pueblos parece que has hecho un viaje al pasado. La arquitectura es fabulosa. Las casas de entramado de madera llaman la atención y despiertan nuestro respeto al seguir en pie 500 años después de haberse construido. Los turistas, la gran mayoría alemanes, pasean sin prisas y te sonríen. Y la cerveza, bueno, la Weissbier está fresca y rica. Unas cuantas más y me hubiera atrevido a hacer la foto de frente. Aunque con la Fujifilm X100 puedes acercarte hasta donde quieras y disparar en absoluto silencio y no perturbar la paz de quién lee el periódico.

Tranquilos en Gegenbah by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para descansar de tanto descanso, se puede subir hasta Stuttgart, donde uno de los grandes atractivos es el Museo Porsche. Allí, cada uno de los coches parece un gran juguete, en su caja, listo para sacarlo y ponerlo a rodar. Es un museo para niños grandes a los que les gustan estos juguetes. Pero aconsejo a todo el mundo el Museo Mercedes-Benz, el otro gran atractivo de Stuttgart.

Ese es un museo sobre la historia del último siglo con el motor como hilo conductor; una maravilla de 7 gigantes plantas a las que dedicar un día al completo.

Porsche 911 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que ofrece Stuttgart; dos museos de coches?

Stuttgart es una ciudad con un nombre más viejo que la propia ciudad. Fue sepultada en bombas y no quedó prácticamente nada en pie. Se reconstruyó lo que se pudo y se construyó casi todo desde la nada. Tal vez sea por eso por lo que no encuentras edificios que fotografiar, pero, sin embargo, sí se puede fotografiar la cantidad de vida que hay en calles, como este kiosko de cerveza.

¡En qué otro lugar se podría encontrar un kiosko donde no se vendan periódicos sino cerveza!

Descansando en el Palast der Republik by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Ulm es todo lo contrario.

Es una ciudad con su historia todavía en pie, aunque lo que más destaca es la mezcla de lo de ayer con lo de hoy. Casas, catedrales, ayuntamientos y mercados con cientos de años y estilo gótico conviven con edificios y esculturas recién nacidas y estilo postmoderno. Y lo hace con una armonía perfecta. De eso te das cuenta desde los 161m de altura del campanario de la catedral, el más alto del mundo (algo más de 700 escalones) y desde la orilla del río.

Paseando por Ulm by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Cosas altas en Austria también las hay. Los Alpes, por decir algo.

El oeste de Austria, la región conocida como Vorarlberg, es una maravilla de la naturaleza. Vayas por donde vayas estás rodeado por picos de unos 3.000 metros de altura, y no te queda otra que tragar saliva y maravillarte ante semejante grandiosidad.

Para llegar hasta el paso Bielerhöhe es necesario recorrer un puerto de esos de foto, que yo no saqué, pensando “ya lo haré a la vuelta”, y a la vuelta me fui por otro lado.

La carretera, Silvretta Hochalpenstrasse, está llena de curvas de 180º, estrecheces y bastante tráfico. Para acceder a ella es necesario soltar 11€, pero si ya has hecho 3.000Km para llegar hasta allí no es plan de darse la vuelta. Además, el tráfico era sobre todo sobre 2 ruedas, y ya sabemos que ese no molesta.

Una vez aparcada la moto, lo mejor es darse un largo paseo por las montañas, aunque, si no estás en forma, te puedes conformar en circunvalar el lago y sacar alguna que otra foto.

Descansando del paseo por Bierlerhöhe by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay muchos pueblos en Vorarlberg donde poder alojarse, se tiene también bastantes hoteles, pero sin duda alguna lo mejor es una casa rural en Schruns; por precio, por comodidad, por situación (cerca de la Silvretta Hochalpenstrasse y de otros interesantes pueblos) y por el lugar en sí. Un lugar al que Hernest Hemingway dedicó cierto tiempo de su vida y una porción de su literatura. Aunque esto mismo lo pueden decir Venecia, Pamplona, La Habana, Florencia, París… y no sé cuántos sitios más.

Bueno, la cuestión es que en Schruns y en sus alrededores cualquier persona disfruta de una buena vida.

Disfrutando de la noche veraniega en Schruns by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

De una buena vida y de un chocolate excelente. En Bludenz, un pequeño pueblo a escasos 17Km, se encuentra la fábrica de chocolate Milka, y su mejor publicidad no es la vaca pintada sino el olor que hay al pasar cerca de ella.

Viajar por Suiza con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Suiza, Viajar el September 17th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Primero la Parte I, pero no olvides cruzar la frontera y pasearte por Alemania y Austria.

 

El título de este post se podría completar con “y un presupuesto desorbitado”. Suiza no es país para pobres. Desde que te levantas hasta que te acuestas estás gastando dinero. Bueno, a decir verdad, también gastas desde que te acuestas hasta que te levantas, porque encontrar una habitación doble por menos de 100€ es prácticamente imposible.

Los hoteles son caros, los desayunos son caros, el transporte público es caro, los supermercados son caros, las entradas a los museos, el café, las cervezas, el pan… hasta el queso es caro. Y si te confundes de botón en el cajero automático y seleccionas la opción de “no hacer nada” te cobran euro y pico por la gestión.

Suiza, o la cueva de Alí Baba.

A pesar de ello, es un destino muy recomendable para pasar el verano, incluso para los que buscan sol, playas y vuelta y vuelta.

Un baño al pie de los Alpes by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

A Suiza se lo conoce como el país del agua. Cierto que no es un slogan demasiado creativo, Holanda también lo utiliza y Finlandia se jacta de ser “la región de los mil lagos”, pero refleja muy bien cómo es su geografía.

Las principales ciudades se encuentran a las orillas o cerca de un gran lago, pero no serán las principales ciudades las que salgan bien paradas en este post. Y es que algunas son tan ordenadas que aburren, caso de Ginebra, y otras tan bonitas que parecen de mentira, caso de Berna.

Berna es, sobre todo, para verla desde la distancia porque una vez te adentras por sus calles lo encuentras todo en su sitio, salvo pequeños detalles que te alegran el paseo, como estas piernas de metal que tratan eternamente de cruzar la carretera. Suerte para ellas que el tranvía hace tiempo dejó de correr por esas vías.

Pies, para qué os quiero by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Si entras al país por el sudoeste, es decir, Ginebra, lo más recomendable es invertir el máximo tiempo posible en los pequeños pueblos a las orillas del lago Leman, disfrutar de su tranquilidad, su historia y de las carreteras que los unen. Esto último lo podrás hacer vayas en moto, como yo, o en coche, porque, aunque hay tráfico, es fluido y no importa en absoluto circular despacio. Lo importante es el paisaje.

¿Y qué es lo que se ve?

Lago Leman desde las alturas by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Pues sí, una estampa difícil de encontrar en otra zona del mundo. Unas montañas espectaculares, un lago de 72Km de longitud y laderas empinadas llenas de oportunos viñedos verdes. Una maravilla para el fotógrafo con tiempo y una pesadilla para el turista aficionado a la fotografía que va acompañado por alguien que no lo es.

Pero además de viñedos, en el lago Leman puedes encontrar uno de los castillos más espectaculares que yo haya visto. Un castillo que pide a gritos ser visitado: El Castillo Chillon.

Es espectacular por el entorno en el que está, por su magnífica conservación, por su historia escrita sobre piedra y por cómo está organizada la visita. Perfecta desde el principio hasta el final. Eso sí, si se te ocurre ir en coche lo tendrás difícil para encontrar sitio en el pequeño aparcamiento; o vas a primera hora o lo dejas en el pueblo más cercano y te acercas andando. En mi caso no hubo problema; una ventaja más de ir en moto.

Castillo Chillon by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay más lugares de interés entorno al lago Leman: pequeños pueblos, como Cully, y otros más grandes como Vevey. También está Lausana, donde se da la curiosa combinación de borrachos y ausencia de bares. Suiza también tiene zonas oscuras de las cuales avergonzarse. Y Lausana es el perfecto ejemplo. Es el país del agua, no una isla, y, como en el resto de Europa, hay gente que lo está pasando realmente mal.

Para encontrar una oferta de ocio similar a la nuestra y poder tomarte una cerveza a las 8 de la tarde debes dirigirte al norte y adentrarte en la Suiza germánica. ¡Por fin una lengua inteligible! Ja, ja, genau! Y es que no se trata tan sólo de un cambio en el idioma. Es un cambio radical en la forma de vivir la calle. Y a mí, francamente, la vida francesa no me gusta nada.

¡Rumbo a Basilea!

Basilea es como una ciudad Alemana: viva, bonita, pero no artificial, con callejuelas, cervecerías, terrazas, plazas donde disfrutar del sol y gente que se dejar llevar por la corriente. Y no es una frase hecha.

A falta de mar donde refrescarse en los días calurosos, se lanzan a las aguas del río Rin y se dejan llevar. Plácidamente van de un punto a otro más abajo donde salen mojados, frescos y satisfechos del paseo.

Bañándose en el Rin by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Es un buen sitio para estar más de un día, pero los precios te invitan a seguir subiendo y cruzar la frontera. Incluso si tu idea es visitar Basilea, lo mejor que puedes hacer es alojarte al otro lado de la frontera, por ejemplo, en Weil am Rhein.

Mi viaje continuó por la Selva Negra, el lago Constanza y el oeste de Austria, desde donde volví a entrar a Suiza. De Alemania y Austria hablaré en el siguiente post. De momento, continuamos en Suiza.

Volver a entrar en Suiza fue un sock para el bolsillo, pero hay pecados que no se pagan con dinero. Bueno, sí que se pagan, pero hay bolsillos que no pueden.

La primera ciudad que visitamos fue San Galo, en alemán: St. Gallen. Lo digo porque suena mucho mejor en el idioma de Rammstein. Allí el principal atractivo es la biblioteca de abacial, en alemán: Stiftsbibliothek. También suena mejor. Y es una maravilla para la vista. Si hubiera puesto una fotografía del interior de esa biblioteca, no la hubiera hecho justicia, pero no la veréis, no porque yo no quiera, sino porque te obligan a dejar en una taquilla cualquier aparato que sirva para fotografiar.

Una vez dentro pensé: “me han cortado la lengua al no permitirme fotografiar”. ¡¿Cómo iba yo a explicar en el blog lo maravilloso de esta biblioteca?! Pues no puedo. Solo diré que se percibe la sensación de estar en una farmacia de hace unos cuantos siglos, rodeado de estanterías repletas de remedios naturales. Tal vez la inscripción de la entrada, la que reza “farmacia del alma”, fuera escrita por ese motivo o porque en ese espacio está una de las colecciones de libros más importante del mundo.

Por fin llegamos a Zürich, tras un horrible viaje por carretera. Evitamos la autopista para ver más país, pero lo único que vimos fueron rotondas cada dos por tres.

La conexión entre St Gallen y Zürich, la de Zürich y Luzern y la de Bern y Basel recomiendo hacerla por autopista. La carretera está llena de rotondas, limitaciones de 60Km/h y sin interés alguno paisagístico. Para ir de Luzern a Zermatt, de Ginebra a Lausana y de Lausana a Bern os aconsejo la carretera.

Bueno, por fin en Zürich, decía. Y es que ya tenía ganas de ver con mis propios ojos qué demonios hay en la ciudad donde los grandes ladrones esconden sus fortunas. Y lo que esconde la ciudad es un casco histórico plagado de callejuelas, cuestas, rincones y fuentes convertidas en piscinas.

Días de calor en el país del agua by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Ya os lo he dicho, es el país del agua.

Luzern también se refresca con las aguas de un lago, el Vierwaldstättersee. Y buena falta que nos hacía porque llevábamos dos semanas con más de 35º.

A lo largo del viaje existe la posibilidad de ver unos cuantos puentes de madera, pero tal vez el más famoso y fotografiado sea el Kapellbrüke de Luzern, por ser el más antiguo de Europa y el segundo más largo y, seguramente, porque el 17 de agosto de 1993 se quemó casi por completo. Seguro que algunos de vosotros recordáis las noticias.

La reconstrucción, o mejor dicho, la construcción del nuevo Kapellbrüke se hizo con tanto detalle y respeto por el original que cuesta creer que sólo tenga 18 años. E inspirado por ello, he preparado esta foto con un toque añejo.

Puente de madera de Lucerna reconstruido by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Los suizos son especialmente cuidadosos con sus tesoros nacionales. Lo hemos comprobado en muchos lugares, pero no así en Zermatt.

Zermatt es un pueblo al que nadie puede llegar en su propio vehículo. La entrada de cualquier coche o moto está terminantemente prohibida. Como alternativa, o, mejor dicho, obligación está el tren. Dicen que es para preservar el pueblo y su entorno de la contaminación. Sin embargo, la construcción allí es caótica. Edificios de 4 ó 5 plantas crecen como setas, sin orden ni concierto. Me recordó a Sapa, una ciudad al norte de Vietnam que crece cada día para dar cobijo a los miles de turistas que cada año se acercan hasta allí. Quien quiera más información sobre Sapa y el resto de Vietnam que se pase por aquí.

¡Pero qué bonito es el Matterhorn!

Cuesta dinero llegar hasta él, pero una vez arriba sólo piensas en la grandiosidad de la naturaleza y lo rico que está el Toblerone.

El Matterhorn, la montaña perfecta by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

A mí la naturaleza me emociona. Frente al coloso Matterhorn me fue imposible no sonreír como un tonto cada vez que lo miraba, pero donde se me puso la carne de gallina fue en el glaciar Aletsch. Una maravilla natural, poderosa, y frágil al mismo tiempo.

Se encuentra situada a una hora y media al norte de Zermatt. Y para llegar a él es necesario aflojar pasta y coger un teleférico que salva una altura de 1.124m en un ti-ta. Andar 15 minutos y coger un telesilla que te lleva hasta los 2.647m. Y desde allí sí, andar, paralelo al Grosser Aletschgletscher.

Untitled by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Me hubiera gustado acercarme más. Me hubiera gustado ver como el hielo se elevaba 3 metros por encima de mi cabeza. Me hubiera gustado tocarlo. Me hubiera gustado llorar.

Habrá segunda parte. ¿Y una tercera? Tal vez. Estad atentos; el sur de Alemania y los Alpes austriacos son una maravilla.

Destinos para viajar, padecer y disfrutar

Publicado en Fotografía, Viajar el July 24th, 2012 por diegojambrina

Hace unos días defendí el derecho a vivir experiencias desagradables. No es que me guste pasarlo mal, pero prefiero mil veces moverme por un país desconocido, aunque tenga que hacerlo en un tren por donde andan a sus anchas ratas, cucarachas, pulgas y turistas borrachos como cubas, a quedarme en mi limpia, aburrida y conocidísima casa.

Para mí, vacaciones significa viajar. Y viajar es vivir experiencias, y, éstas, a veces, pueden resultar no aptas para todos los estómagos. Pero, qué importa, los malos ratos del presente se convierten en divertidas anécdotas del pasado.

Bueno, y ¿cuáles son los mejores destinos? Eso es lo de menos, aunque si el idioma no se parece en nada al mío, mejor que mejor.

Aquí tenéis 5 destinos muy recomendables:

Vietnam

Mercado en Sapa, Vietnam

Lo mejor: La diferencia cultural. Es tan distinto a nuestra forma de vida que todo te llama la atención. Las ciudades, los pueblos, el paisaje, el clima, la gente… todo es diferente, diferente y maravilloso. Tienen un paisaje espectacular y muy variado. Puedes elegir mar, interior, llanuras y montañas. Aunque lo mejor es elegirlo todo.

Lo peor: La pesadez de los taxistas, en todo el territorio, y las vendedoras de Sapa, aunque al final acabas entablando conversación con ellas y haciéndote fotos.

La comida: Sólo una cocina la supera, la vasca. Pero he de reconocer que la vietnamita es muchísima más saludable.

Más información: Aquí. Y aquí.

Irlanda

costero_giants_causeway_03

Lo mejor: El paisaje costero del suroeste de la isla y el ambiente de los pubs, tabernas y bares. Podría haber especificado más, diciendo que es en Temple Bar donde se vive entre pinta y pinta de Guinness un ambiente fabuloso, pero sería quitar mérito a cada ciudad, pueblo y rincón de Irlanda, y no sería justo.

Lo peor: El tiempo. Lluvia cada día es lo que te espera en agosto, pero es el peaje que hay que pagar por disfrutar de sus verdes paisajes. Además, siempre te puedes refugiar en sus pubs, tabernas y bares.

La comida: Bastante floja, pero tienen la sana costumbre de meter en cada menú la “sopa del día”, por lo que podrás comer sano, ligero y barato.

Más información: Here. And here.

Roma
roma_museo_04

Lo mejor: El arte, la arquitectura y la historia. Sé que no es un país, y que puede parecer excesivo centrar unas vacaciones de verano en una sola ciudad, pero es tan grande, tan grandiosa, que dos semanas en la que fue la capital de un imperio pueden llegar a resultar escasas.

Lo peor: Los turistas. Muchos y muy pesados. Competirás con ellos en cada museo, en cada restaurante, en cada calle. Pero hay trucos, como levantarse y acostarse pronto.

La comida: Pues buena, qué te voy a descubrir yo. Pero ojo con los precios. En Roma se puede comer poco y caro, pero también mucho y barato. Eso sí, la pizza te tiene que gustar.

Más información: Ulteriori informazioni.

Provenza

Luz y color en las calles de Arlés by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Lo mejor: Los pequeños pueblos de casas claras y contraventanas de colores. Hay muchos pueblos con un encanto especial, pero Arlés es lo mejor de lo mejor. Tienes callejuelas, paseos por la ribera del río, mercados, ruinas romanas y el espíritu de Vincent Van Gogh en cada rincón.

Lo peor: Los horarios. Mercados, restaurantes, bares, museos… todos tienen prisa por irse a sus casas.

La comida: Con dinero se come muy bien. Con poco dinero, no se come, ni bien ni mal, simplemente se ayuna. Pero si esa opción no te gusta, puedes abastecerte en los mercados de la mañana de comida preparada o queso para picar y vino para tragar.

Más información: Ici. Ici aussi. Et plus.

India
Turbantes by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

 

Lo mejor: La arquitectura. India es un país inmenso, así que me centraré en el llamado “triángulo de oro”. Aquí hay unos palacios maravillosamente conservados o rehabilitados que provocan el síndrome de Stendhal. Es muy recomendable ir cuanto antes para evitar el excesivo calor y las avalanchas de turistas.

Lo peor: La normalidad con que los indios viven la miseria extrema de una gran parte de la población.

La comida: De la comida callejera nada puedo decir. El aspecto de las cocinas no invita a comer. No me atreví a dar un bocado. De la comida que se ofrece en los restaurantes puedo decir que no está mal, pero es muy poco variada.

Más información: Aquí. Y aquí un poco más.

Viajar por India con una cámara de fotos (2 de 2)

Publicado en Canon, Fotografía, India, Viajar el May 24th, 2012 por diegojambrina

Canon450D

Parte I

Las tres ciudades que conforman “el triángulo de oro” de India están unidas entre sí por carreteras, vías férreas, monumentos y miseria. No quisiera insistir en esto último, porque ya hablé de ella en la Parte I de mi viaje, aunque me va a ser difícil abstraerme.

Empezaré por uno de esos preciosos monumentos que hay entre Agra y Jaipur: Fatepur Sikri.

Entre la ciudad de Agra y la ciudad fantasma de Fatepur Sikri hay algo menos de 40 kilómetros y algo más que un tranquilo viaje en bus por carretera. No recuerdo cuánto tardamos en llegar, fue bastante, pero estoy seguro de que la prudencia nos debió haber obligado a tardar aún más.

Las carreteras están en bastante mal estado y hay mucho tráfico. Coches, motos, bicicletas, personas a pie y en carromato y animales sueltos, incluidas las vacas, hacen que el chofer del autobús esté constantemente frenando, pitando y acelerando. Y si por si las distracciones de la carretera no fueran suficientes, leía y respondía a los constantes mensajes de texto del móvil. Y uno no sabía si reprimirle o felicitarle por su destreza.

Cuando llegas a Fatepur Sikri, comprendes por qué lo llaman Ciudad Fantasma. Aquello fue un intento de convertir este polvoriento pedazo de tierra en la capital del imperio mogol. Pero se quedó en eso, en intento. Porque veinte años después de comenzar, allá por 1.500, se dieron cuenta de que no era un buen lugar para vivir. Sin agua ¿quién es capaz de vivir?

Así que se fueron por donde habían venido dejando para uso exclusivo del turismo lo que habían levantado. Como esta estancia, con un impresionante pilar central de una sola pieza.

Y cuando hablo de turismo, no me refiero únicamente al turismo extranjero. Los propios indios son grandes devoradores de museos y monumentos, y, como cualquier otra persona, disfruta haciéndose fotos del tipo “yo estuve aquí”.

Fatepur Sikri by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Esta foto del pilar me recuerda que prometí daros un consejo sobre fotografía, para que evitéis así caer en el mismo error en el que caí yo.

Para todos aquellos que lleven en sus manos una reflex y crean que un filtro polarizador es el mejor invento del mundo para esos días soleados, os diré que lo mejor que podéis hacer es desenroscarlo y mandarlo a la mierda. El que yo llevaba puesto restaba muchos pasos de luz. Tantos que cuando la intensidad de la luz era menor me obligaba a bajar la velocidad de obturación y me dificultaba obtener fotografías nítidas. Y no sólo en interiores, como en este caso, sino también en plena calle, con y sin sombra. Por culpa de este error me he venido de allí con un montón de fotos que pudieron ser y se quedaron en borrones.

Además, cuanta más luz entre en vuestra cámara, sin llegar a sobreexoponer, más cantidad de información y mejor resultado obtendréis. Después, con el Camera Raw, podréis restar intensidad a la luz ganando en definición, tono, color y contraste. Recordad que es mucho mejor oscurecer que aclarar.

Y para los que eso de las reflex, la velocidad, el diafragma, los filtros y el puto raw no os importe en absoluto os pido perdón y os doy las gracias por no haber huido de aquí.

Continuemos viaje.

Después de visitar la ciudad fantasma, nos reincorporamos a la autopista y continuamos viajando camino Jaipur. Pero volvimos a parar. Y esta vez por un pinchazo.

La parada me sirvió para darme cuenta de que esas chimeneas humeantes que venía viendo desde la ventanilla del autobús eran centros de trabajo. Hornos de secado con el que dar consistencia a los ladrillos de barro. También me di cuenta de que muchos de los trabajadores de la zona eran niños para los que el pinchazo fue una distracción en sus tristes vidas.

Carretera y chimeneas by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay quien piensa que son felices y eso tranquiliza su conciencia occidental. La verdad, es que, sí, sonríen y te saludan con alegría, y sí, tal vez sean felices, pero ¿no serían más felices estudiando y jugando que en una fábrica de ladrillos, sin nómina, sin representación sindical, sin parada para el café, sin prevención de riesgos laborales? ¿Acaso les cambiarías tu vida por la suya? ¿Acaso te gustaría que tus hijos crecieran así?

No me hace falta la respuesta.

Niños trabajadores en Agra by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Dejamos a los niños de la carretera con su vida, y unas bolsas de patatas fritas y algún refresco de cola, y llegamos a Jaipur.

Aquí encontramos uno de los palacios más famosos de la zona: el Palacio de los Vientos o como dicen por allí Hawa Mahal. Una fachada con 953 pequeñas ventanas por las que antes miraban las mujeres del harén y ahora los turistas.

En su día se construyó para que aquellas mujeres vieran la vida de la calle sin ser vistas. Hoy en día son los turistas los que miran la calle, pero sacando la cabeza para, sí, lo habéis adivinado, ser vistos. Lo mejor es quedarse en la calle y disfrutar de la fachada, la parte más bonita de este palacio. Y si queréis sacar buenas fotos, acudid a la mañana para no encontraros con un cielo tan blanco como este.

Hawa Mahal by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Lo bueno de ir por la tarde es que, si miras justo al otro lado de la calle, encuentras un precioso cielo azul que combina a la perfección con el color rojizo de los edificios de la Ciudad Rosa de Jaipur. Además, los edificios son realmente bonitos, apesar de que su conservación es bastante deficiente.

Poco a poco, levantan andamios de bambú para reparar las casas y conseguir el ansiado Patrimonio de la Humanidad que la Unesco, parece, está pensando otorgar. Tal vez sea ésta la razón por la que las calles están patas arriba. Bueno, a decir verdad, no lo creo, porque cualquier calle de Agra, Jaipur o Dehli está patas arriba.

Turistas por Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Pero como ocurre con el Taj Mahal, del que hable en la Parte I de este post, lo que está perfectamente cuidado hasta el último detalle son los recintos arquitectónicos.

El Palacio de la Ciudad de Jaipur es sencillo pero fabuloso. Su nombre en hindi es Mubarak Mahal y se trata de un conjunto de edificios perfectamente conservados, limpios y abarrotados de gente. Sólo con paciencia, algo de zoom y unas piernas ágiles se puede sacar provecho de la visita.

Lo de las piernas era para poder seguir a mi grupo sin perderme, algo que no llegué a conseguir en todas las ocasiones, y para sacar del encuadre a personajes poco interesantes. Sí pude aislar a este trabajador, ataviado con un perfecto uniforme. Perfecto para mi composición fotográfica.

Palacio de la Ciudad by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En Jaipur disfruté mucho paseando por la calle con mi cámara, pero en Delhi me lo pasé genial en Qutab Minar. El lugar es espectacular. No hay piedra que no esté labrada con destreza y estilo. Pero lo más interesante en este monumento musulman del s.XII era la gente.

El turismo interno se dejaba notar mucho por allí. Mirara donde mirara me encontraba a personas dignas de fotografiar. Sólo tenía que elegir un buen fondo, como aconseja el gran José B. Ruiz, y esperar a que alguien entrara en el encuadre.

Turista típico en Qutab Minar by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y mientras yo pensaba que los indios eran dignos de fotografiar, los indios pensaban que el digno era yo.

Manteníamos un juego muy peculiar. Yo quería fotografiarles y ellos a mí; nos perseguíamos, mirábamos a otro lado para simular nuestro interés, y cuando nuestras miradas no coincidían, zas, disparo.

Rayas por aquí, rayas por alla by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El juego era absurdo. Todos sabíamos qué estaba ocurriendo, y sólo algunos se atrevían a preguntar: ¿puedo sacarme una foto contigo? Evidentemente, quien hizo la pregunta no fui yo (la vergüenza sigue siendo una de mis taras), pero aprovechaba la ocasión para pedirles que posaran para mí.

Posado en India by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

De todas formas, prefiero los robados a los posados. Podría ser que lo prohibido resulta más atractivo, pero me inclino más por pensar que es porque en los robados hay una espontaneidad imposible de fabricar.

Y por si alguien se pregunta qué es esa torre que aparece en las tres últimas fotos, les diré que se trata del minarete de ladrillo más alto del mundo. 72,5 metros de altura. Se quiso construir otro a escasos 100 metros de allí, pero cuando llegaron a los 5 ó 6 metros de altura pararon la obra porque se acabó el presupuesto. Algo que está muy de actualidad en nuestras tierras.

Rojo como la piedra by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Imagino que alguien se habrá dado cuenta de que no he puesto ni una sola foto de templos religiosos, donde se practique la religión y no el turismo, como en Qutab Minar, y es que al contrario de lo que pensaba antes de mi viaje a India, los templos escasean. Y más aún los templos de arquitectura interesante.

Sí estuve en mezquitas, pero lo más interesante era ver a los turistas ataviados con ridículos patucos naranjas de usar y tirar, para no infringir la ley de unos y cubrir los escrúpulos de otros.

Sólo en Delhi, en el santuario sij de Gurdwara Bangla Sahib, la construcción tenía cierto interés. Tenía unas grandes cúpulas doradas que competían con las cabezas cubiertas por pañuelos naranjas (sí, esta vez no eran los pies, sino las cabezas).  A mí me seguía interesándome más la gente local y sus costumbres.

delhi_16

En este templo, lo importante era la actividad religiosa. En el interior del edificio escuchaban sin descanso a un rapero, compraban ofrendas y circulaban entorno a un altar, y en el exterior se lavaban y bañaban en esta gran piscina. Allí vi la mítica estampa que me quedaba por ver: a un hombre sumergiéndose y emergiéndose una y otra vez para purificar su cuerpo y mente.

Mientras, yo me liberaba con la cámara de fotos.

Viajar por India con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Canon, Fotografía, India, Viajar el May 15th, 2012 por diegojambrina

Canon450D

Parte II

El conocido “triángulo de oro” de India bien podría haberse llamado “triángulo de miseria”. Delhi, Jaipur y Agra son las tres ciudades que conforman este triángulo y las tres levantan su imagen de oro sobre pilares de mierda. Y no, no es ninguna expresión malsonante. Si digo mierda es porque la mierda se ve, se huele y se toca.

Pero no es la suciedad lo que destaca. Como decía, ésta zona al norte de India brilla por la miseria. Hay tanta, que el guía con el que compartimos viaje durante 7 días se sentía avergonzado de lo que veíamos e insistía en que en su país también existe la clase media; una gran masa de personas consumidoras que sustentan y potencian su economía hasta convertir a India en una superpotencia emergente.

Pero este guía, y todos los indios de la clase media hacia arriba, no debería sentir vergüenza, debería sentir rabia. Rabia por los millones de personas que viven de la mendicidad, por los millones de personas que duermen en la acera, en las medianas de las carreteras, con tan sólo sus enfermedades, amputaciones, deformaciones y suciedad como herramientas para obtener algunas rupias.

¡Pero cómo van a sentir rabia, si para ellos la vida que cada uno tiene es la vida que debe tener!

Aceptan todo lo que les cae. Y si lo que les cae son dos trapos y un suelo duro donde quedarse tumbado, pues con eso se quedan.

Sol y sombras en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Jaipur no es, la capital, pero casi. Es enorme. Muy extensa, pero sin rascacielos. Llena de tráfico, camiones, autobuses, coches, motos, rickshaws, carromatos, carros, gente y contaminación. Lo de cualquier capital, salvo los rickshaws, carromatos y carros, claro.

Pero aquí es de lo más normal del mundo ver un carro tirado por un dromedario. Aunque lo más habitual es la fuerza humana. Parece mentira que con esos cuerpecitos puedan pedalear. Pero pueden, claro que pueden. Además, los autobuses escolares no están hechos para estas calles. Los rickshaws son rápidos, silenciosos, se meten por cualquier rincón y con cero emisiones de CO2.

Rickshaw escolar en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Os habréis fijado que la decoración arquitectónica es aquí muy uniforme. De hecho a la parte vieja de Jaipur se la conoce como la Ciudad Rosa. Es ordenada… Perdón, perdón. No, no lo es. Es un puto caos. Lo que quería decir es que las calles están trazadas de manera ordenada: una cuadrícula perfecta, y entre ellas se pueden encontrar todos lo bazares que uno pueda imaginar. Y en cada bazar dos o tres comerciales instruidos en las más agresivas técnicas de venta. Aunque si todos fueran como yo, se arruinarían en dos días.

Yo iba a lo mío. Fotos y más fotos. Y no creáis que es difícil disparar. Es lo más sencillo del mundo. A un occidental, cualquier cosa en Jaipur le llama la atención. Incluso uno mismo es una atención. “Photo, photo”

Escolares en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para no recibir acoso ninguno de los tenderos, no hay como salir de la zona turistica y pasear por las calles adyacentes. En Jaipur puedes torcer en una esquina y tener la sensación de haber cambiado de país. La gente deja de llamarte a gritos insistentemente. Y lo son. Muy insistentes. Si no consiguen hacerlo en inglés, cambian de idioma. “¿Español? ¿Por qué no me escuchas? ¿No te gusta hablar con nosotros? ¿Français? ¿Deutsch?

Es entonces cuando yo me convierto en el acosador. Con cámara en mano me meto hasta en la cocina. Y para muestra, un cazo.

Puesto callejero de comida en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En Jaipur hay maravillas arquitectónicas, sí, palacios y observatorios astrológicos que resultan interesantes de visitar. Pero no será en este post donde encontréis fotos de ellos. Tras la visita a Jaipur, lo que me resulta realmente interesante de contar es lo que vi en la calle.

También me resultó interesante una visita a una cooperativa, a lo MONDRAGON, que daba trabajo a 900 personas. 900 empleados y socios de un negocio que no parecía irles mal. Y eso, a pesar de los precios de sus productos, porque no son precisamente los que se encuentran en los bazares que antes he comentado. Aquí los precios están marcados por el trabajo, la dignidad y la justicia. La justicia para el que compra y para el que vende.

Trabajando en cooperativa en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y hablando de justicia, qué horror que una de las maravillas arquitectónicas de India y del mundo esté rodeada de la miseria más absoluta.

Agra es una de las ciudades más pobres del país. Aquí vive muchísima gente perteneciente a la casta más baja: a los intocables. Mil veces hemos oído hablar de ellos, pero hasta que no lo ves con tus propios ojos no te lo crees. Incluso viéndolo por tí mismo te dices que no es real. No es posible que la gente pueda vivir sobre la mierda, entre tan apestoso olor, y, además, con tal desaprobación del resto de castas. Vergonzoso.

Y entre tal cantidad de podredumbre, se levanta el Taj Mahal.

Este mausoleo es para desmayarse de belleza. Sentí lo que sintió Stendhal en Florencia. Lo juro. Sufrí el famoso síndrome de Stendhal. Las manos me temblaban. Apenas podía manejar la cámara. Me mareé y la ansiedad por no ser capaz de capturar una mínima parte de semejante preciosidad se apoderó de mí.

Tal vez los 40º de calor, el intenso sol y el recuerdo de la miseria de Agra fueron también culpables de mi estado físico, pero he estado otras veces en situaciones extremas como ésta y puedo asegurar que no sentí lo mismo.

Taj Mahal  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Dicen que el Taj Mahal es una demostración de amor. Yo lo ampliaría diciendo que también lo es de poder y dinero. Yo también quiero a mi mujer, pero no puedo hacer semejante alarde. Y aunque pudiera, no lo haría. Tanto derroche por una sola persona, cuando hay millones que con una sola pizquita de afecto se conformarían, no puede ser.

Como veis, sentimientos enfrentados ante este edificio perfecto en su arquitectura simétrica. Y es que esas torres de los extremos están inclinadas hacia el exterior del complejo para que nuestro cerebro perciba una verticalidad, sí, perfecta.

Taj Mahal by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El tiempo que estuve en Agra, el Taj Mahal se convirtió en una obsesión.

Tras su visita, fuimos hasta el Fuerte Rojo, situado a dos kilómetros y medio, y, aunque es un lugar digno de fotografiar, no podía más que buscar cúpulas al otro lado del río.

También es cierto que tenía la difícil tarea de traer de India una buena fotografía del Taj Mahal; un encargo de mi hermana, amante en la distancia de un país que nadie, que no haya nacido allí, podrá jamás comprender.

Taj Mahal desde el Fuerto Rojo by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El triángulo está incompleto.

Os he hablado de Jaipur y Agra, pero aún me queda contaros lo que vi y fotografié en Dehli y, por qué no, de otros maravillosos monumentos arquitectónicos que hay en esta zona del mundo apestado de miseria.

También daré un consejo a aquellos que viajen, como yo, con una cámara de fotos. Algo que resultará fundamental para que las fotografías no pequen del mismo mal que las mías.