Los ladrones de ideas son los ladrones más ruines que existen, tras los banqueros, claro, porque delinquen sin riesgo.
No hace mucho más de 10 años comprábamos libros de creatividad, por supuesto, a Andoni de AM Libros, para inspirarnos. Hoy seguimos haciéndolo, pero tenemos mucho más donde robar. La tentación es enorme, tanto como el propio Google. Y es muy fácil apropiarse de una creatividad y llevarse el mérito. Además, ¿quién puede demostrar que el creativo conociera la existencia de esa otra obra?
Durante muchos años, he creído firmemente en la culpabilidad de muchos creativos. Aseguraba sin que me temblara la lengua que entre creativos había ladrones, que se les iba la mano con la inspiración. Pero hoy, voy a romper una lanza por uno de ellos. Yo mismo.
¡Coño, claro, ¿o acaso creíais que podría hablar de otro creativo que no fuera yo con conocimiento de causa?
Yo conozco mi caso. Conozco el briefing de partida, el concepto que quería transmitir, la inspiración y el resultado. Además, después de presentar el trabajo me enteré de la existencia de la otra campaña, y fue cuando me dije “¡hostias, si no fuera porque mi trabajo no se hizo público, juraría que este cabrón me ha copiado!”.
Así que, si no nos copiamos mutuamente, ¿qué ocurrió?
Pues sencillamente que los dos nos inspiramos en el artista chino Liu Bolin y en sus fotografías. Tomamos como referencia, una vez más, el arte.
De la publicidad inspirada en el arte ya hablé en mi post anterior. Pasaros por aquí y veréis una genialidad creativa.
Pero centrémonos ahora en Liu Bolin. Y es eso precisamente lo que os voy a pedir: concentración.

Porque concentración es lo que hace falta para distinguir al personaje entre tantos osos de peluche. La segunda foto es más evidente, pero aún así sorprende ¿verdad?
Impresionante este hombre, su idea y su plasmación. Aquí tenéis más ejemplos.

Y es esto lo que nos llevó a dos creativos separados por la distancia a crear dos creatividades idénticas. La inspiración y el concepto creativo.
Aquí tenéis la que hizo el equipo de Ogilvy y Mather Shangai.

Y esta es la mía.
Pinchad en la imagen para verla entera y flipad con el parecido más que razonable.

El hecho de que los dos pensáramos en que aún estando delante de nuestras narices, estos dos colectivos, los niños y las mujeres, pasaran desapercibidos, nos llevó al mismo resultado.
Aquí no hay plagio, no hay inspiración desmedida por parte de ningún creativo en el trabajo de otro. Ni yo había visto su trabajo ni él, o ella, había visto el mío, porque, insisto, este anuncio no se llegó a publicar. ¿Por qué no? Porque a aquel concurso público se presentaron otras agencias con mejor… no sé, con algo mejor, aunque no diré qué.
Como dice mi ama “unos nacen con estrella y otros estrellados”. Y mientras el equipo de Ogilvy y Mather Shangai se llevó un premio de creatividad con la campaña para UNICEF, yo, con la misma creatividad, me llevé otra desilusión.
¡Malditos todos los concursos!