La película de los huevos: “La leyenda del indomable”

Publicado en Cine el September 4th, 2012 por diegojambrina

Sí, es la película de los huevos, “La leyenda del indomable”, aquella en la que se come 50 huevos duros en una hora sin ninguna razón aparente. Pero esta película es mucho más.

Se dice que es la más recordada de Paul Newman, y eso que este genio de la interpretación tiene decenas de obras míticas. Personajes como los de Butch CassidyHenry “Shaw” Gondorff son difícilmente superables, pero, al parecer, lo han sido. La gente tiene un cariño especial por Luke, el alegre y terco recluso, y siempre que la echan por televisión la ve y se divierte como la primera vez.

La sinopsis es bien sencilla: un hombre encarcelado por destrozar unos parquímetros no acata las normas de la cárcel y se rebela contra el sistema ganándose así la admiración de sus compañeros de celda.

Sí, la sinopsis es bien sencilla, pero el guión de Donn Pearce y Frank Pierson encierra otra historia, nada superflua, y acentuada por la fantástica dirección de Stuart Rosenberg.

Voy a ser claro: Luke es el Jesucristo moderno.

Luke es quien llena de esperanzas a los demás. Es quien sacrifica su vida por la de los demás, quien lucha sin armas, sólo con la palabra y las acciones… pero no es un ser divino. Eso también queda claro.  No se trata de la historia de Jesucristo localizada en un nuevo tiempo y espacio. Es una crítica feroz a la religión.

La película nos lanza mensajes para que interioricemos que cualquiera puede dar esperanzas a la gente. No hace falta ser hijo de ningún dios. Un borracho, un juerguista, un pícaro, un perdido… también puede ser el salvador.

El personaje de Paul Newman salva a todos sus compañeros de celda, con sus palabras, con sus acciones. Con su tozudez llena de esperanzas las que antes de su llegada eran vidas apagadas, aburridas y derrotadas. Y esa es la razón por la cuál esta película tanto gusta. El espectador siente su energía.

¿Queréis pruebas?

Empecemos por este fotograma. Miradlo y pensad a qué os recuerda.

Quién no vea ahí una crucifixión es que está ciego, o, peor aún, es que no quiere ver. Con los brazos en cruz, sobre tablones de madera y con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos, Luke permanece satisfecho con su sacrificio. Se acaba de meter al cuerpo 50 huevos duros; una estupidez sólo realizada para el entretenimiento de sus compañeros.

Aquí tenemos la memorable escena de los huevos. Atentos al final, cuando la cámara se aleja para regalarnos esta preciosa toma sobre la que acabáis de leer.

Hay otra toma, en la que el símbolo de la cruz se nos muestra con total claridad. En esta ocasión, Luke ya está muerto, se expuso por voluntad propia y le mataron, convirtiéndose así en una leyenda, en un mártir, en un nuevo dios. Y la foto, que había sido rota por un arrebato de desilusión por uno de sus seguidores, se repara pasando a ser una estampa de adoración.

¿Es o no es una cruz? No, no es casualidad.

Tras su muerte, los compañeros de cárcel rememoran sus hazañas, rien sus chistes, alaban su desplante, su valentía… Uno de ellos incluso se convierte en un apóstol. Fue el personaje interpretado por George Kennedy (quien ganó un Oscar por aquella interpretación) quien cuenta cómo aún habiendo sido alcanzado por un tiro mortal, sonríe. Nadie pudo con él. Le mataron, sí, pero su influencia sobre los demás (lo que más temían los carceleros) continúa más viva que nunca.

¿A que os recuerda a aquella otra historia que nos ha contado la Iglesia, la que decía que Jesús murió por nosotros? Pues eso.

luke_crucificado

También os sonará aquella frase de “dios, ¿por qué me has abandonado?”.

En “La leyenda del indomable” hay dos escenas que nos hacen pensar en Luke como el mesías desesperado por su desastrosa vida, pero a diferencia del cuento bíblico, lo que aquí se nos narra es distinto: aquí se afirma que no hay nadie allá arriba que pueda abandonarnos, ni mucho menos ayudarnos.

“Estoy hablando solo”, se dice a sí mismo Luke, tras invocar al imaginario señor.

Han pasado 45 años desde su estreno, allá por 1967, y, posiblemente, en mis 37 años (37 es también el número que reza en las prendas de reo de Luke) la haya visto unas 20 veces. Y volveré a verla, seguro.

No es que sea la mejor película de Paul Newman, para eso tendríamos que hablar de El buscavidas, Dulce pájaro de juventud, La gata sobre el tejado de zinc o El hombre de Mackintosh, entre otras muchas, pero es sin duda la más optimista de todas, la que te llena de energía, de esperanzas y te hace creer en la fuerza del individuo, algo tan importante en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Y para acabar, qué mejor que ver de nuevo la escena de Genoveva, un nombre muy bíblico ¿no creéis?

María Magdalena podría haberse llamado también, pero es mucho más elegante sugerir que mostrar.

“¡A mí me va a dar algo!”, “¡Frota, frota!”.

La publicidad como herramienta social

Publicado en Cine, Creatividad & Estrategia, Publicidad, Street Marketing el October 4th, 2011 por diegojambrina

¡Cuidado! ¡La publicidad es una arma que la carga el diablo! Y es que muchas veces se ha dicho de la publicidad que es responsable directo de acciones deplorables por parte de la sociedad, especialmente de los jóvenes. No, no, la culpa no es de ellos, pobrecitos, ni de sus padres que les han permitido todo, qué va. La culpa la tiene la publicidad. Como dijo Homer Simpson en una ocasión “tendríamos que echarnos la culpa a nosotros mismos, pero es más fácil echársela a los demás”.

Bueno, pues en esta ocasión, la publicidad es utilizada como lo que es, una herramienta comercial, pero también como una herramienta social, y no para fomentar actos reprochables sino para criticar la intolerancia.

Carlsberg nos ha preparado una acción maravillosa. La historia transcurre en un cine abarrotado. Sólo quedan dos butacas libres, el resto están ocupadas por lo que mucha gente llamaría personas de mal vivir; moteros con tatuajes, melenas, barbas largas, vestidos de cuero y cadenas… Pero, ojo, bien podría haber sido cualquier colectivo discriminado en nuestra sociedad: negros, sudamericanos, rumanos… lo que queráis. Pues bien, cuando las dos últimas personas entran en la sala (los juzgados) y se encuentran con este panorama reaccionan en función de sus creencias y valores. Y dependiendo de cuáles sean reciben premio (un par de Carlsberg bien fresquitas) o no.

Me gusta la publicidad, y me gusta mucho más cuando da lecciones de civismo. Muchas gracias Carlsberg.

Dadle al play y disfrutad.

That calls for a Carlsberg

“Branded content”: Nueva fórmula publicitaria

Publicado en Cine, Creatividad & Estrategia, Este trabajo es mío, Publicidad el September 13th, 2011 por diegojambrina

“El 66% de las grandes marcas podrían desaparecer mañana y nadie se daría cuenta”. Esta afirmación causa pánico entre las empresas, por eso se apresuran y apremian a las agencias de publicidad para que encuentren remedio. Bueno, digo apremiar, pero lo que realmente hacen es cogernos de los huevos y apretar. Para qué voy a andar con sutilezas.

Las empresas están hartas de generar imagen de marca, o de no hacerlo, tampoco lo saben. Pero tampoco hay que preocuparse demasiado por la imagen. La marca es importante, pero es más importante aún el servicio o producto. Y hoy más que nunca. Hartos estamos de leer que internet ha cambiado la realidad comercial y publicitaria. Así que paso de este asunto y me centro en el “branded content”.

Se dice que es una nueva fórmula publicitaria. Aquí lo dicen, en este interesantísimo artículo de El País, pero se equivocan. ¡Olé mis huevos! Sí, contradigo al diario porque esta práctica se viene haciendo desde… buff, ¿alguien se acuerda de “El acorazado Potemkin”? En 1926 se estrena uno de los grandes clásicos del cine, pero también una de los mejores ejemplos de “Branded content”. Bueno, no es exactamente igual, esto era un panfleto político, pero también una fórmula publicitaria.

Hay un montón de ejemplos más. Uno más actual, venga. “Black Hawk derribado”, uno de los más trepidantes spots del ejército USA de los últimos años. Y uno más reciente: “Zindagi”, una película de la industria de Bollywood apoyada, patrocinada, creada, producida, o como queráis llamarlo, por otra industria: la del turismo español. Dice el artículo “El filme es un proyecto de Turespaña para promocionar España como destino turístico en India”. Y se espera que se pase de 70.000 visitantes a 200.000.

¿Lo conseguirán? Pues no lo sé. No conozco el mercado indio, pero no me extrañaría un pelo, esta práctica la llevan haciendo desde que el cine es cine. Por algo será.

¡Nueva fórmula publicitaria, ja! ¡¿Pero quién va por ahí apropiándose del mérito?!

¡Porque volveré y os mataré a todos, hijos de perra!

Publicado en Cine el July 19th, 2011 por diegojambrina

“Sin perdón” es tal vez la mejor película de Clint Eastwood. Ahora mismo me vienen a la mente otras, como “Cazador blanco, corazón negro”, en la que Clint hace una interpretación magnífica, y “Los puentes de Madison”, con la que hizo llorar hasta al mayor de los hijos de perra, pero ninguna supera a este western del 92, que como el whisky, mejora con el tiempo.

La escena del salón, esa en la que el asesino de Misuri se carga a todo bicho viviente, es soberbia. Se me ocurren mil cosas por las que lo es, pero me da una pereza terrible empezar a escribirlas ahora. De todas formas, me gustaría contaros que ésta no es mi escena favorita.

Mi favorita es cuando se prepara para la acción. Cuando de pie, junto al aprendiz de asesino, y ese árbol testigo de la transformación, escucha a la puta citar las palabras del sheriff: “¿Es el mismo William Munny que hizo descarrilar un tren matando a más de 60 personas? ¿El mismo William Munny…?Ese es el momento en que sin apenas darnos cuenta vemos cómo una persona normal, buena, padre de dos hijos, cerca de la vejez, arrepentido de sus pecados, amante de su mujer se transforma en un auténtico cabrón. Bebiendo de la botella, armándose de violencia, vemos cómo se esfuma su lado bueno para dejar paso a la invasora parte mala, al asesino de mujeres y niños.

Lo curioso del asunto es que durante toda la película hemos sentido piedad por ese hombre, porque estaba arrepentido. Ya no era un asesino. “He cambiado. Ya no soy el mismo de antes, le repetía una y otra vez a Ned. Y, sin embargo, sentimos el deseo de venganza que él siente cuando le dicen que su amigo fue torturado hasta morir. Queremos verle matar. ¡Mata a ese cabrón de Little Bill!

¡Qué grandes! Clint Eastwood y David Webb Peoples (guionista) nos hacen querer a ese hombre porque ya no es el mismo, odia la violencia, y nos hacen quererle porque al final vuelve a actuar con violencia.

Hubiera querido poneros un enlace de esta escena, para quien no la recordara –aunque esto es altamente improbable si la habéis visto– y entendierais lo que estoy diciendo. Pero no la he encontrado. Así que tendréis que conformaros con la escena posterior, esa en la que no hace falta que jure volver, porque todos esos hijos de perra de la ciudad saben que lo hará.

¡Disfrutad!