Un paseo por ese extraño país que es los Emiratos Árabes Unidos (3/3)

Publicado en Abu Dhabi, Dubai, Vídeo el May 25th, 2015 por diegojambrina

Todo es raro en los Emiratos Árabes Unidos:

  • Exportan arena de China para poder seguir ganando terreno al mar.
  • Construyen hacia arriba sin tener en cuenta lo de abajo, las cloacas.
  • Tienen una cálida versión de la niebla del Cantábrico, las tormentas de arena.
  • Su mayor actividad es el comercio, no el petróleo, como erróneamente se cree (yo era uno de ellos).
  • Para ver el estilo arquitectónico tradicional hay que ir a los nuevos centros comerciales.
  • Levantan mezquitas colosales para uso y disfrute de los turistas, en su amplia mayoría, no musulmanes.
  • El idioma más hablado es el inglés, aunque las comunidades más representadas (sin contar los propios emiratís) son la india, la pakistaní y la filipina.
  • Y yo me divertí, aunque viajé con mil y una reservas. Para muestra, este vídeo.

Si queréis profundizar en las rarezas del país, pasaos por los otros dos post sobre Dubai:

Dubai, ciudad abierta

Dubai, sin bajarse del autobús.

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Dubai, sin bajarse del autobús (2/3)

Publicado en Dubai el April 30th, 2015 por diegojambrina
Si queréis ver Dubai sin cristal de por medio, pasaos por el primer post

Por lo general, en un viaje organizado siempre se invierte poco tiempo en disfrutar de los lugares de interés, nada de nada en improvisar y mucho mucho en bajar y subir del autobús. Tres situaciones de las que huir y tres razones por las que siempre viajo solo, o con mi pareja.

Pero en Dubai, me disfracé de oveja y me dejé llevar. Y no estuvo mal del todo. Moverte de un lugar a otro en autobús, me dejó las manos libres y la mirada alerta. Desde mi asiento veía la ciudad pasar. Y si es una ciudad como Dubai, no pasa ni un segundo sin una fotografía que tomar.

Así que, sincronizad vuestros relojes y poned la banda sonora de Benny Hill que nos vamos a disfrutar de la ciudad de Dubai, sin bajarnos del autobús.

 

Para empezar, os llevaré hasta las afueras de la ciudad, y os daré 10 minutos para hacer la foto. ¿Os parecen pocos? A mí me sobraron todos; la foto ya estaba tomada sin levantarme del asiento. Aquel jardinero, de pie sobre un inmenso muro verde, con el skyline al fondo era todo lo que yo podía desear.

Venga, que el autobús no espera. Todos arriba cagando leches.

Y hablando de cagar… Comentaba en mi anterior post que Dubai, siendo una ciudad nueva, tiene algunos de los mismos problemas de las ciudades viejas, como por ejemplo, la gran densidad de tráfico rodado, y la incomodidad de recorrer las calles a pie o en bicicleta. Ahora, os hablaré de otro problema: el exceso de residuos fecales.

Al parecer han invertido mucho ingenio, dinero y esfuerzo en construir hacia arriba, pero bien poco en preparar lo de abajo. Y se han encontrado con un alcantarillado útil para recoger las aguas sucias de unas 20.000 personas. ¿Sabéis cuántas viven en Dubai hoy? Más de 2 millones. ¿Y qué es lo que hacen, os preguntaréis? Pues recogen esos desechos humanos en camiones cisterna y todos los sábados a la noche se lo llevan tierra adentro. Otras fuentes dicen que lo vierten al mar. En cualquier caso, el problema es muy serio, y lo será aún más porque esta ciudad no para de crecer.

Hacemos otro alto en el camino. Ahora, nos vamos corriendo hasta la playa de Jumeirah.

Tratad de olvidar lo de las aguas fecales de dos millones de personas vertidas al mar y disfrutad de la arena blanca, el agua caliente y las vistas al único hotel de siete estrellas del mundo, Burj Al Arab Jumeirah, más conocido como el hotel vela. Bueno, en realidad no tiene 7 estrellas, es únicamente una estratagema publicitaria, pero sí tiene unos precios estratosféricos. Son casi 2.000 € los que tienes que soltar para pasar tres días como un jeque en su habitación más económica.

Si os queréis dar un capricho, yo no esperaría mucho, el entorno cambia cada día (y no me refiero al color del mar) y como os descuidéis, cuando lleguéis, ya habrá otro edificio tan alto como este justo enfrente. Y adiós a la primera línea de playa.

Continuamos viaje, así que, no guardéis vuestras cámaras o móviles, lo que uséis; no os criticaré. Yo creo que cualquier cosa que sirva para capturar la luz es válida, aunque a mí no me pillaréis sin mi cámara fotográfica. Y tengo que decir que me da algo de pena ver que los móviles vayan ganando terreno en detrimento de las cámaras. Eso sí, como me digáis que la tablet saca unas fotos buenísimas, os crujo.

Como os decía al principio del post, no pasa ni un segundo, sin que al otro lado de la ventana del bus, surja algún motivo que fotografiar. En este caso, la costa de Dubai se veía muy atractiva, desde el tronco de una de esas palmeras de tierra que invaden el golfo pérsico, lo malo es que se metió en el encuadre la estructura elevada del monorail, otro atractivo turístico más, más que un medio de transporte.

 

Para moverse por el resto de la ciudad está el Metro. Dicen que es rápido, cómodo, fresquito y con buenas vistas, porque la mayor parte de sus 75 kilómetros de longitud transcurren sobre una plataforma elevada. Algo parecido a un acueducto. La verdad es que me quedé con ganas de montar en uno de sus vagones mixtos. Ojito que los vagones tienen diferentes categorías. Los hay para ricos, para los no ricos, para mujeres y para hombres y mujeres juntos. Una vez más, las rarezas de Dubai.

Las estaciones también son interesantes. Cúpulas doradas de enormes dimensiones, como no podía ser menos en esta ciudad, que se dejan ver hasta en las peores condiciones climatológicas, y me refiero a las tormentas de arena. Supongo que son algo incómodas para el chofer de mi autobús, pero mágicas para el fotógrafo. Es la versión árabe de la niebla.

En los días despejados, hay que aprovechar los pasos elevados sobre las gigantescas avenidas de la ciudad. Atento todo el mundo, que el bus lo atraviesa en un ti-ta y las posibilidades de volver a disparar son escasas. Ya tendréis tiempo de recrearos en cada uno de los edificios en la fotografía tomada. Fue así como me di cuenta de que una de esas torres tiene cierto parecido a la torre del Palacio de Westminster, erróneamente conocida como “el Big Ben”, dicho sea de paso.

Ya comenté en el primer post este raro gusto por las recreaciones sin gusto.

La ciudad se extiende tanto que los traslados de un punto turístico a otro sirven también para reflexionar, no sólo para fotografiar. Son distancias tan descomunales que no llegas a comprenderlas. Para que os hagáis una idea, Bilbao tiene una superficie de 41km², Madrid de 605km² y Dubai ronda los 1.500km². Es como cuando te dicen cuántos millones tienen las personas más ricas del mundo. Es tanto que no sabes cuántas vidas podrías disfrutar con semejante riqueza. Sencillamente te sentirías inmortal (que es seguro lo que sienten esos ricachones).

Además, en Dubai hay tantas referencias visuales permanentes (torres que se dejan ver desde casi cualquier lugar de la ciudad), que te sitúan constante y erróneamente en un mismo punto. Llegas a creer que apenas te mueves, pero no, no es así.

En esta fotografía, podéis ver en un primer plano un elemento difuminado por la alta velocidad del autobús y la baja velocidad de disparo de la cámara, pero también veis perfectamente las dos torres del hotel Marriott Marquis. Esto es un clarísimo ejemplo de la percepción errónea que podéis llegar a tener en Dubai. Podría parecer que las torres están tras la valla, pero no, están muy, pero que muy lejos.

Una de esas torres de referencia es la Burj Khalifa, gracias a sus 828 metros y 163 plantas. Destaca tanto del resto, que hace que los altísimos rascacielos de alrededor se perciban como edificios sin ambición.

Os doy otro dato: la torre Iberdrola de Bilbao mide 165 metros y tiene 41 plantas. Y la más alta de las Cuatro Torres Business Area de Madrid, 250 metros y 45 plantas.

Claramente, la Burj Khalifa apunta al sol, y casi lo toca.

Con la caída del sol, nada cambia para mí, ni para vosotros. Seguimos en el autobús y seguimos con opción de fotografiar.

No os preocupéis por la falta de luz. Si la noche no impide brillar a la Burj Khalifa, por qué me voy a preocupar yo. Recordad que los de Bilbao somos aún más grandes y brillantes.

Y antes de que lleguemos al hotel, tras un duro día en bus por la gran ciudad, nos dejamos seducir por las vallas publicitarias a ambos lados de la carretera. Gigantes vallas, para no desentonar. Y soñamos con otros lugares, lejanos, diferentes, desconocidos… para escapar de la gran Dubai.

Me queda deciros que si os ha gustado este post, podéis pasaros, si aún no lo habéis hecho ya, por el primer post: Dubai, Ciudad abierta, y que estoy pensando en un tercer post, pero aún no lo tengo decidido.

Todo depende.

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Dubai, ciudad abierta (1/3)

Publicado en Dubai el April 9th, 2015 por diegojambrina
Si os gusta este post, pasaros por el 2º: Dubai, sin bajarse del autobús

Panorámica de Dubai

Llevaba la maleta tan llena de prejuicios que no quedó sitio para una sola idea, pero después de aterrizar en tan singular ciudad, me faltaron días y me sobraron ideas. Dubai es una ciudad abierta a la creación. Arquitectos, ingenieros, empresarios… y fotógrafos, cómo no, encuentran en este desierto hiperpoblado una tierra fértil para crear.

 

Ante cualquier otra consideración, Dubai es atractiva porque es rara. Es una gigantesca ciudad de acero y cristal donde hace poco más de 10 años no había más que arena y edificios de dos o tres alturas construidos no con roca sino con coral. Edificios de coral, sí, habéis leído bien. Esos bloques que veis en la foto no son bloques de piedra. Es coral.

Es rara porque ves nuevos edificios que ya habías visto antes en otras partes del mundo. Al menos hay tres rascacielos que recuerdan, con muy poco gusto, al Chrysler de Nueva York. No uno, ni dos, sino tres. Es raro.

Les mueve el deseo de batir récords, sin importar nada más, ni valorar lo efímero del logro. Ni siquiera la Burj Khalifa, con sus 828 metros, será la torre más alta del mundo por mucho más tiempo. Ya se está construyendo su sucesora en Yida (Arabia Saudita) con el nombre de Kingdom Tower y con 1000 metros de altura. Pero no se dan cuenta de que 100 metros más o menos no van a influir en la percepción del visitante. Es imposible hacerse una idea de la altura de estos edificios. Levantando la cabeza hacia la aguja que lo corona, el cerebro no comprende esas dimensiones. Es raro.

Es raro que siendo una ciudad nueva, tenga el mismo problema que las viejas ciudades. El tráfico en hora punta es muy denso. Y casi siempre es hora punta. La opción más inteligente es utilizar el Metro, y la más rara es ir andando. Andar por esta ciudad es completamente imposible, no sólo por las distancias descomunales, sino porque las estrechas aceras que existen se vuelven aún más estrechas en algunos puntos. Son los puntos de encuentro entre la falta de planificación urbanística y la despreocupación por el peatón.

También me ha resultado raro la predisposición del emiratí ante la cámara. Ese era uno de los prejuicios con los que llegué. En realidad son abiertos, cercanos, amables y acceden a ser fotografiados, e incluso a ser colocados en el lugar que uno quiere. No, mejor aquí. Un poco más a la izquierda. Levanta la cabeza. Mírame. Click. Muchas gracias. 

Y para rarezas, las tormentas, no de agua, sino de arena, por supuesto. Tuve la suerte y la desgracia de vivir una tormenta de arena. Desgracia porque impidió que sobrevolara la ciudad, como tenía previsto, pero suerte porque me permitió pasar unas horas de auténtica felicidad fotografiando la ciudad en solitario. Un merecido descanso ante el ajetreo y masificado turismo en grupo.

Otra de las rarezas de esta ciudad es que aún no está terminada. Es una ciudad abierta por obras. Las grúas forman parte del skyline dubaití y nadie sabe cuándo va a parar todo esto. No hay límites geográficos. Puede seguir creciendo tierra adentro, el desierto no es ninguna traba. Y puede seguir creciendo mar adentro, ya han demostrado que lo pueden hacer. La única barrera es el dinero.

Y para terminar este primer post sobre Dubai, responderé a la pregunta clave: ¿recomendaría ir a Dubai? Sí, lo haría, pero sólo si lleváis la mente abierta para disfrutar de las rarezas y si vais con la cartera llena.

 

Habrá más post. Más fotos. Más experiencias. Las muchas horas de viaje organizado dieron de sí. Nadie puede con mi yo desorganizado.

Permaneced atentos.

 

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Obsesión por la fotografía

Publicado en Fotografía el December 9th, 2014 por diegojambrina

Cuando llegas a casa a las tantas de la madrugada borracho de gente, música y alcohol, nunca te vas a la cama solo; siempre te acompaña un pitido ensordecedor y mudo. La habitación está en un completo silencio, pero tu cabeza bulle aún, incapaz de mantener la calma. Lo bueno es que al día siguiente, te despiertas y te encuentras con que el pitido ha desaparecido. En algún momento del sueño, se cansó de gritar y se esfumó. Así de sencillo.

Pues algo parecido me está pasando tras un fin de semana de borrachera fotográfica con Jose Manuel Navia. Unos cuantos locos nos encerramos con Navia en el CFC de Bilbao y disfrutamos de un taller de fotografía lleno de conocimiento y pasión. Allí, nos aleccionó sobre la fotografía y la vida y nos dedicó a cada uno de los asistentes unas valiosísmas reflexiones sobre nuestro trabajo.

Desde entonces, las palabras de Navia siguen sonando en mi cabeza como uno de esos malditos pitidos. Y ya han pasado unas cuantas semanas desde que las dijera. En este caso, no desaparecieron a la mañana siguiente; continúan conmigo y se han convertido en una obsesión.

Y aunque es evidente que no es esa la obsesión más motivadora, ahora mismo, lo que me obsesiona es la idea de que, como Navia dice, “tu nivel como fotógrafo la da tu peor foto”. Más que una obsesión, es un agobio de cojones, aunque siempre tienes la ventaja de que “nadie verá las fotografías que tú no enseñes”.

Debo esforzarme en sustituir esa destructiva obsesión en una obsesión constructiva, en una de esas obsesiones que te mueven hacia un lugar, que te empujan a fotografiar y a mostrar lo que ves, en una obsesión a lo Raimond Depardon. Este fotógrafo de Magnum asegura que “no hay fotógrafo, si no hay obsesión”.

Entre agobios, miedos, obsesiones y borracheras, he tenido bastante olvidado mi blog. Ya iba siendo hora de publicar algo. Aquí tenéis unas cuantas fotografías que el bueno de Navia definió como “visualmente, muy impactantes”, sea lo que sea que signifique eso.

 

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La carretera es mi destino

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Literatura, Motor, Viajar el October 7th, 2014 por diegojambrina

La carretera es mi destino, el lugar donde me siento bien, sin esperar a llegar, salir sin esperar a nada, sin esperar nada. No es ninguna sorpresa; me gusta porque no tengo contacto con la gente. En la carretera, solo nos vemos unos segundos, que pasan tan rápido que no vemos más que un movimiento. No son personas reales. No existen. Sólo son bocetos que mi imaginación esboza si se siente activa. Aunque lo habitual es que no. Se muestra vaga cuando vago por mi destino.

Es una situación de casi total libertad. Sin la tiranía del lugar de partida y sin la realidad del lugar de llegada. Aunque obligado a parar, retomo el contacto. Parar, repostar, pagar y marchar.

A veces tardo en reanudar, añadiendo más tiempo, como saboreando el trayecto.

Y saboreo mi bocadillo. Esto también es libertad. Comer un bocadillo de tortilla de patata en una área de servicio viendo al resto de personas como van y vienen. Y me siento con más ánimo. Ha sido la carretera, estoy seguro, que me renueva, me da fuerzas, y sonrío a la gente, sin saber quiénes son, ni qué piensan, ni qué hacen. Tal vez por eso les sonrío. Es el desconocimiento el que genera confianza en mí. Es desconfianza por lo conocido.

De nuevo en la carretera. Sonrío. Es mi destino.

Fotos y textos © Diego Jambrina Merino – A 50mm del mundo

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7 razones por las que visitar Munich durante la Oktoberfest

Publicado en Alemania, Fotografía, Viajar el September 22nd, 2014 por diegojambrina

Mi primer viaje al extranjero lo hice a Munich, entre otros motivos, para vivir la famosa Oktoberfest. Era joven y la fiesta me iba. Pasaron los años y me casé. Y para celebrarlo me fui a Munich, y lo hice durante la Oktoberfest. Era menos joven, pero esta ciudad y esta fiesta es cojonuda para todas las edades.

Aquí tenéis 7 razones por las que Munich merece la pena ser visitada. Os adelanto que la Oktoberfest son dos de estas razones.

1. Cervezas y barracas

No parece una buena idea eso de combinar cerveza con barracas, pero si los alemanes así lo han hecho será que lo es. En el recinto de la feria, en la Theresienwiese, a un lado se levantan las gigantescas carpas de las marcas cerveceras y al otro las barracas.

Lo cierto es que es un ejemplo de que la fiesta es para todos los públicos y para todos los horarios. Padres, madres, tíos y abuelos con sus respectivos pequeñuelos pueden pasárselo en grande cuando el sol calienta (calienta, sí, creedme).

Photograph Oktoberfest by Diego Jambrina on 500px

2. Los alemanes son así

Hay dos verdades que jamás he conseguido trasladarlas como tal a la gente que me pregunta por Alemania y los alemanes. Una es que en Alemania también luce el sol y hace calor. Y, la otra es que, los alemanes son gente amable. Además, en esta época, en esta ciudad y con esta fiesta es difícil ver malas caras o reproches por no saber el idioma o por no vestir el traje regional. Solo fruncirán el ceño si te ven beber cerveza en cualquier jarra que no sea de al menos 1 litro.

Pero si finalmente os animáis a visitarles y os encontráis con algún porteador de malas pulgas, no me lo tengáis en cuenta, hay gente desagradable en todo el mundo. Yo también me he topado con personas así.

3. La ciudad entera es un recinto festivo

El espacio acotado de la Oktoberfest está en Theresienwiese, al sur de la ciudad, perfectamente conectado en metro y en tranvía. Pero no es necesario acudir a ella todos los días que estéis en la ciudad, también podéis vivir la fiesta en las calles y en las diferentes cervecerías repartidas por Munich.

La más famosa, sin duda, es la Hofbräu. Famosa por su local, un edificio decorado con frescos en los techos abovedados y grandes mesas corridas. Famosa por la orquesta que anima el ambiente con canciones bávaras. Y muy cerca de la plaza María, o mejor dicho, Marienplatz, la más famosa de las plazas de la ciudad.

Hay otras buenas alternativas, como la Löwenbräu y la Augustiner, y otras cervecerías que sin estar sustentadas en una marca de cerveza, se puede comer y beber bien a gusto. Sólo tenéis que andar por las calles del centro y descubriréis alguna que os atrapará.

 

4. Al aire libre

Existe un parque, a 10 minutos andando desde la Marienplatz, con grandes espacios verdes, zona arbolada y un refrescante río. Se llama Englischergarten, y en él hay dos fantásticas cervecerías: la de la Torre China y, un poquito más adelante, la Paulaner Garten o cervecería del lago, donde además de tomar comida y cerveza, podéis tomar un poco de aire. Si el tiempo acompaña, e insisto en que durante esta época suele ser así (algo relacionado con un microclima gracias a la protección de los Alpes), es una alternativa maravillosa. Pero, achtung!, que a la noche refresca.

 

5. Cerveza rica y variada

La Oktoberfest no es la oportunidad para emborracharse y pasar desapercibido. Es la oportunidad de beber cerveza de calidad y de probar cerveza diferente. Está la cerveza clásica, la pils, llamada original o helle. También está la weissbier, cerveza de trigo, turbia y densa, que normalmente se suele beber en vasos de medio litro, pero nadie te va a mirar mal por pedir una jarra de litro. Y luego hay otros tipos diferentes y ocasionales. Suelen hacer una cerveza de verano, o sommerbier, parecida a la ALE inglesa, pero con menos amargor.

No seas aburrido y pruébalas todas. Prost!

 

6. Surfear en el río

Con tanta cerveza, tal vez no os parezca extraño encontraros a surfistas cogiendo olas en una ciudad donde la playa alemana más cercana está a 800Km, pero de hecho lo es.

Pero los muniqueses se las han ingeniado para generar olas en el río aprovechando la fuerza del agua, sin maquinaria alguna, y, bajo un estricto orden, surfean su única ola ante la atenta mirada de locales y turistas.

7. Un museo para grandes y pequeños

Si algún día os levantáis con algo de resaca, podéis hacer como los propios alemanes, es decir, desayunar cerveza y pepinillos (así, tal cual lo leéis) o tomaros la mañana libre y acudir al BMW Welt.

Alemania es la cuna de algunas de las marcas más importantes del motor. En Stuttgart hay dos museos maravillosos. Si los queréis conocer, pasaros por mis post: el de Mercedes-Benz y el de Porsche. Pero en Munich también hay un museo que merece vuestra atención: el Museo BMW.

A las afueras de la ciudad, junto al parque olímpico, BMW tiene su fábrica, el museo y un concesionario gigantesco muy bien pensado. Los amantes del motor, y cualquier persona de cualquier edad, se lo pasarán en grande en cualquiera de estos tres recintos, pero sobre todo en el Museo BMW. Un recorrido por la historia de la marca y del motor, maravillosamente organizado y expuesto.

No os lo podéis perder.

Y hasta aquí el recorrido por la ciudad cervecera más famosa del mundo. Si queréis conocer algún detalle práctico sobre ella y su Oktoberfest, no tenéis más que preguntar e invitar a una bier. Estaré encantado de responder y beber.

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La República Checa no es solo Praga

Publicado en Chequia, Fotografía, Fujifilm X100, República Checa, Viajar el September 18th, 2014 por diegojambrina

Viajar por la República Checa. Parte I: Praga

Si alguna vez he tenido una gran idea, la de viajar por la República Checa fue una de ellas.

Durante muchos años he querido visitar Praga. Un puente de esos de noviembre o diciembre de cuatro días es perfecto”, me decía. Pero el alto costo del vuelo y de los hoteles, me llevó una y otra vez a desechar la idea. “Demasiado dinero para un fin de semana”. Al final, me decanté por visitar no solo Praga sino todo el país. Si iba a gastarme tanto dinero en ir hasta allí, ¡por qué no aprovechar el viaje!

Esta decisión tan lógica, en cierta medida, es totalmente anormal para la mayoría de los turistas. A excepción de Praga, la República Checa es un lugar completamente desconocido para casi todo el mundo. Solo los alemanes, los propios checos, y, por supuesto, los japoneses saben las maravillas que esconde.

Este post está dedicado a esa mayoría, para que sean conscientes de todo lo que se han perdido quedándose en la capital.

Míkulov

Es un pequeño pueblo al sur de Brno muy frecuentado por turistas checos y alemanes (creo que a los japoneses no se les da bien sacar fotos y andar en bici al mismo tiempo). Es como el oasis del guerrero cervecero, donde acuden a degustar los vinos de Moravia y pedalear por hermosas carreteras que zigzaguean entre viñedos.

Además, hay ejemplos de fachadas esgrafiadas, una técnica de decoración muy común en todo el país que consiste en rascar la superficie de la fachada y dejar al descubierto la capa de debajo de diferente color, creando así fantásticos dibujos.

Telc

En Telc está la plaza más espectacular de todo el país. Es un largo espacio acotado por dos hileras de fachadas renacentistas y barrocas. Después de unos vinos, te dan ganas de recorrer la plaza de lado a lado, saltando de fachada en fachada como si fueras Heidy y los adoquines suave y fresca hierba.

La arquitectura es espectacular y sus vinos muy peleones.

Photograph Exaltación en Telc by Diego Jambrina on 500px

Además, alrededor del casco histórico hay un lago artificial y unos caminos de tierra por donde pasear agarrados de la mano o con una cámara en la mano, listo para capturar la tranquilidad de la vida en esta parte del país, antes de atacar las bodegas locales.

Znojmo

En Znojmo, como en cualquier lugar del país, se puede beber buena cerveza local, pero también tiene la alternativa del vino. Una alternativa que puede convertirse en irresistible, si además te lo sirven al atardecer en una ladera rodeado de viñedos.

De todas formas, si sufrís el síndrome de riojitis, como lo sufro yo, más os vale continuar con la cerveza.

Brno

Es la segunda ciudad más grande del país. Viven aproximadamente 400.000 personas y es un lugar amable para pasear, lo que muchos interpretaréis como un eufemismo de ciudad aburrida. Pues no. Al menos, no durante la celebración del espectáculo del Gran Premio de Motociclismo, que es cuando yo estuve.

Destaco la catedral, pero no por sus agujas, vidrieras, órgano o cualquier otro elemento clásico y grande, sino por los pequeños detalles alrededor del edificio.

Me llamó mucho la atención que hubiera un púlpito en el exterior de la catedral, un lugar desde el que el cura de turno lanzaría sus reprimendas al esquivo pueblo pecador.

Otro detalle que me atrajo fue este que se ve en la imagen, y del que no tengo ni idea de lo que significa, pero para mí fue suficiente motivo para sonreír y tomar una fotografía.

Štramberk

Los checos son los que más cerveza consumen en todo el mundo. Cada uno de ellos consume una media de más de 155 litros. Bueno, seguro que hay quien consuma mucho menos, y también mucho más, que esto es una media, no lo olvidemos.

En cualquier caso, es una cantidad sorprendente. Tanto que habrá quien se pregunte si esta gente se baña en cerveza. Pues la respuesta es sí, se bañan en cerveza. Al menos, los turistas lo hacemos.

Hay beerspas en diferentes lugares del país, el más publicitado es el de Chodovar, pero yo me bañé en uno de un minúsculo pueblo llamado Štramberk. Te desnudas, te metes en una bañera de cerveza calentita y, mientras, te bebes una bien fresquita. No se puede pedir más.

 

Pilsen

Es la cuarta ciudad más grande del país, aunque se recorre a pie en unas pocas horas.

Uno de sus atractivos más destacados está en visitar el lugar donde se desarrolló un sistema que cambió la cerveza de entonces (oscura, densa y fuerte), en una bebida mucho más ligera, suave y refrescante: crearon la cerveza pils o pilsner. Y, como muchos habréis deducido, fue Pilsner Urquell la artífice de aquella revolución. Curiosamente, ahora se está viviendo una involución, y se bebe más las cervezas sin filtrar (nefiltrovaný), más puras y turbias. A mí, personalmente, la Pilsner Urquell fue la marca que menos me gustó de todas las que probé durante mi estancia en el país (y probé muchas).

También se puede visitar el Museo de la Cerveza y acabar con una degustación, como no podía ser de otro modo.

Otro de sus atractivos están en la plaza de la República, donde se encuentra la catedral con la torre más alta del país. Alcanza los 102m. Y a su alrededor, hay fuentes y fachadas que al atardecer brillan como una cerveza pils.

Olomouc

Olomouc es hoy una tranquila ciudad, con una inquieta historia. Su reloj astronómico, y las remodelaciones que ha sufrido a lo largo de los siglos, ha sido testigo directo de las convulsas manifestaciones humanas, políticas y sociales, y, aunque no atraiga tantas miradas como el de Praga, merece permanecer un buen rato delante y saborear cada detalle.

Y no te preocupes por tus pies, permanecerán a salvo de turistas y segways controlados por niños sin control. Si no sabes de lo que estoy hablando, pásate por mi post sobre Praga y verás.

Ceský Krumlov

Es sin duda el pueblo más bonito de todos. Uno de esos pueblos de cuentos de hadas, con callejuelas, puentes, tabernas, cervecerías, plazas y un castillo con torre de colores. Nadie se lo quiere perder, ni siquiera los españoles, que en su inmensa mayoría acudían desde Praga en excursión de un día.

Sin embargo, es un lugar para quedarse y disfrutar de la noche, paseando por sus despejadas calles y bebiendo las cervezas locales en alguna de sus tabernas o en terrazas al aire libre, abrigados, eso sí, con gruesas mantas.

En el castillo, destacan dos espacios: la torre, alta, redonda, separada del castillo propiamente dicho y decorada con colores; y, el teatro de madera, una maravilla barroca casi única. Tan sólo quedan en el mundo dos teatros de estas características con la maquinaria conservada. La entrada es cara, pero merece la pena ver cómo con unas cuantas sogas, madera y mucho ingenio se podía transformar el decorado en un segundo, hacer subir y bajar a los actores por las trampillas o fabricar efectos sonoros espectaculares.

No permiten hacer fotos, así que tendréis que conformaros con las de la web de turismo.

 

Karlovy Vary

Y acabaré por un curiosísimo pueblo, en el que no se bebe cerveza, sino agua; Karlovy Vary. A él acuden miles de personas de la tercera edad en busca de la juventud perdida. No sé si la encontrarán, pero yo me sentí mucho más joven entre ellos, y eso que apenas di unos sorbitos al agua de sus fuentes.

Las aguas que corren por el subsuelo y que salen por las fuentes repartidas por la superficie, huelen mal, queman (algunas llegan a los 72º) y saben a rayos, pero la gente bebe y bebe y vuelve a beber. Buena suerte, amigos. Yo me quedo con su magnífica cerveza y sus propiedades beneficiosas para la salud, que las tiene, y muchas.

Na zdraví!

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Praga, una ciudad tomada por el turismo

Publicado en Chequia, Fotografía, Fujifilm X100, República Checa, Viajar el September 8th, 2014 por diegojambrina

La República Checa es un pequeño país completamente desconocido para muchos Europeos, con una famosísima y enorme capital invadida por todo el mundo. Ésta es la afirmación más tajante que puedo escribir, después de recorrer el país en moto y cargado con mis cámaras durante 17 días.

Empiezan mis crónicas de viaje.

Comienzo por Praga, por ser ésta una de las ciudades más visitadas, no del país sino del mundo, y uno de esos destinos que todos tenemos en la lista de deseos. No hace falta siquiera ir hasta allí, basta con buscar hoteles por internet para darse cuenta de su solicitud.

Dicen que tiene una de las plazas más bonitas del mundo, y su reloj astronómico causa admiración, pero quien lo dice se deja llevar más por el deseo o el desconocimiento que por la realidad en sí. No seré yo quien niegue su belleza, pero tampoco quien la alabe. Tal vez la gran cantidad de turistas y el hecho de que un niño me atropelló, no una, sino tres veces, el pie con su segway, hayan influido en mi opinión. Aún así, disfruté en ella tratando de emular al gran fotógrafo del comportamiento turístico, Martin Parr.

Otro de los puntos calientes de Praga es el Puente Carlos. Se empezó a construir en 1357 y ha aguantado carros y carretas, y hasta coches, gracias a las cáscaras de huevo que, según cuenta la leyenda, mezclaron con el mortero. Lo que parece increíble es que aguante a los millones de turistas que caminan de lado a lado por su empedrado piso con mostrada felicidad.

Sin embargo, a mí me hacía más feliz, verlo desde la distancia.

Nos juntamos más turistas aún en el Castillo de Praga. Traté de tomar distancia, pero hubo cierta aglomeración también en lo alto de la Torre Grande de la Catedral de San Vito. Pagué 300CZK (10,90€), subí los 99 metros y los 287 escalones y aún así no lo logré.

De todas formas, mereció la pena.

Además de la Catedral de San Vito, en el castillo de Praga (en checo, Pražský hrad) hay mucho más. Es una construcción gigantesca que alberga diferentes grandes edificios y un pequeño callejón donde a lo largo de los siglos hubo arqueros, alquimistas, obradores, bohemios, artistas, vagabundos y, por fin, tiendas de souvenir.

Pero a pesar de la invasión, de que en la mayoría de las cervecerías los camareros meten a los turistas todos juntos en una misma sala, de que en determinadas zonas debes mirar más abajo que arriba para evitar pisar y ser pisado, Praga tiene rincones con poca actividad. Rarezas de la ciudad por su soledad y por su propuesta artística alejada del convencionalismo.

Otro punto interesante, poco frecuentado y muy interesante es el Edificio Danzante. Con este nombre tan sugerente, ¡quién no estaría dispuesto a alejarse del Stare Mesto!

Es una de esas creaciones inquietas, salidas de las mentes de los inquietos Frank Gehry y el arquitecto checo Vlado Milunic. Ellos llaman a esta pareja de edificios Fred y Ginger, en honor a estos dos grandes bailarines de la época dorada de Hollywood y a sus elegantes movimientos. La verdad es que en esa parte de la ciudad todo parece moverse.

Y como estos edificios, la República Checa fue pareja de baile de su vecina Eslovaquia. Checoslovaquia era su nombre artístico. Una etapa en la historia reciente que tratan de olvidar a toda costa. Al parecer, el régimen después de la II Guerra Mundial fue cualquier cosa menos comunista y sufrieron la férrea dictadura de una exclusiva cúpula.

Existe el Museo Comunista en Praga, pero si quieres llegar hasta a él, tendrás que esforzarte mucho. No hay ni una sola indicación en las calles que te guíe, como sí lo hay para el resto de museos y lugares de interés turístico, y ni siquiera en la guía Lonely Planet tienen bien ubicada su sede. A mí me costó llegar, pero al final lo conseguí.

Y, como no podría ser de otra manera, os tengo que recomendar una cervecería. No se trata de la archiconocida U Fleku, donde nada más entrar te cuelgan el letrero de turista en el cuello y te hacen pasar a la primera sala con todos los demás. No, no se trata de ésta, sino de la U zlateho tygra, una pequeña taberna en el centro del mismísimo Stare Mesto con una de las cervezas, de elaboración propia, más ricas del país.

Hay un ambiente auténtico, donde los extranjeros se mezclan con los autóctonos y donde no te sangran por cada cerveza. ¡Buah, qué rica estaba!

En el siguiente post podréis leer sobre la desconocida República Checa, esa a la que solo llegan los alemanes, japoneses (¡cómo no!), los propios checos y yo.

Permaneced atentos.

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Encontró la felicidad tumbado en el sofá

Publicado en Este trabajo es mío, Literatura el July 23rd, 2014 por diegojambrina

Encontró la felicidad tumbado en el sofá. Y la sensación fue tan fuerte, que por un instante lo confundió con un deseo. ¿Puedes ser feliz conscientemente? se preguntó.

Siempre había pensado que la felicidad no se sentía en el momento, sino en el recuerdo. Siempre había creído que eran momentos pasados, que el tiempo traía la confirmación de que aquello que vivió fue un momento feliz. Pero, eso de ser y estar al mismo tiempo y en tiempo presente, lo creía absolutamente imposible.

En realidad, pensaba, es el tiempo el que crea la felicidad. ¿Acaso no recuerdas aquel peligro, aquel incómodo viaje, aquel mal entendido, aquella vez que te perdiste en la niebla sin oír nada más que tu rápida respiración como un momento feliz?

Sonrió. Lo hizo para exteriorizar su felicidad y para decirse a sí mismo, sí, es cierto, ahora mismo eres feliz.

Y tuvo la tentación de compartir aquel momento con su mujer, pero pensó, o simplemente temió, que aquella sensación se desvanecería tan rápido y con tan poco encanto como se desvanece la luz del sol al bajar de golpe la persiana. Además, ¡menuda chorrada!: Escucha, me siento feliz. Eso no es algo que se pueda decir y no parecer idiota. O mejor dicho, eso no es algo que se pueda decir. Punto. Se vive, y, viviéndolo, lo compartes. No hay otro modo.

Al día siguiente, llegó la hora del tiempo. Un recuerdo del momento en que el deseo y la realidad se abrazaron. Pero el recuerdo no vino solo. Llegó con él una reflexión, un pensamiento, una incredulidad, una búsqueda de la razón… un error.

Los momentos felices se viven y se recuerdan, pero no se analizan, porque si lo haces, se desvanecen tan rápido y con tan poco encanto como se desvanece la luz del sol al bajar de golpe la persiana.

Fin

 

Este es el segundo relato corto que publico. Si quieres leer el primero, pincha aquí. Pero te advierto, provoca una profunda depresión. 

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Correr detrás de la imagen

Publicado en Algorta, Bilbao, Fotografía, Fujifilm X100, Getxo, Suiza el July 7th, 2014 por diegojambrina

La paciencia es una de esas virtudes que los grandes fotógrafos tienen y resaltan en sus entrevistas, charlas y libros, pero, a veces, es más divertido desprenderse de ella y echar a correr, cámara en mano, detrás de la imagen.

Bueno, tampoco es plan de correr como pollo sin cabeza hasta desplomarse sin fuerzas y sin foto.

Basta con mirar a tu alrededor, echarle una pizca de intuición, tener la cámara preparada con su ISO, velocidad y apertura adecuada y andar con pies ligeros. Seguro que en cualquier momento encuentras la imagen y tienes que esprintar para darle alcance.

No tengas miedo en no llegar, en ocasiones ocurrirá que la acción es mucho más rápida que tú y el encuadre se llena de vacío. No importa. Lo importante es que te lo has pasado bien en el intento. Y además, cuando sí lo logras, cuando alcanzas el objetivo, la satisfacción es mucho mayor.

Sí, no hay nada como cuando aprietas el botón y te dices “la tengo”.

Photograph Correr para entrar en calor by Diego Jambrina on 500px

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