La carretera es mi destino

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Literatura, Motor, Viajar el October 7th, 2014 por diegojambrina

La carretera es mi destino, el lugar donde me siento bien, sin esperar a llegar, salir sin esperar a nada, sin esperar nada. No es ninguna sorpresa; me gusta porque no tengo contacto con la gente. En la carretera, solo nos vemos unos segundos, que pasan tan rápido que no vemos más que un movimiento. No son personas reales. No existen. Sólo son bocetos que mi imaginación esboza si se siente activa. Aunque lo habitual es que no. Se muestra vaga cuando vago por mi destino.

Es una situación de casi total libertad. Sin la tiranía del lugar de partida y sin la realidad del lugar de llegada. Aunque obligado a parar, retomo el contacto. Parar, repostar, pagar y marchar.

A veces tardo en reanudar, añadiendo más tiempo, como saboreando el trayecto.

Y saboreo mi bocadillo. Esto también es libertad. Comer un bocadillo de tortilla de patata en una área de servicio viendo al resto de personas como van y vienen. Y me siento con más ánimo. Ha sido la carretera, estoy seguro, que me renueva, me da fuerzas, y sonrío a la gente, sin saber quiénes son, ni qué piensan, ni qué hacen. Tal vez por eso les sonrío. Es el desconocimiento el que genera confianza en mí. Es desconfianza por lo conocido.

De nuevo en la carretera. Sonrío. Es mi destino.

Fotos y textos © Diego Jambrina Merino – A 50mm del mundo

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7 razones por las que visitar Munich durante la Oktoberfest

Publicado en Alemania, Fotografía, Viajar el September 22nd, 2014 por diegojambrina

Mi primer viaje al extranjero lo hice a Munich, entre otros motivos, para vivir la famosa Oktoberfest. Era joven y la fiesta me iba. Pasaron los años y me casé. Y para celebrarlo me fui a Munich, y lo hice durante la Oktoberfest. Era menos joven, pero esta ciudad y esta fiesta es cojonuda para todas las edades.

Aquí tenéis 7 razones por las que Munich merece la pena ser visitada. Os adelanto que la Oktoberfest son dos de estas razones.

1. Cervezas y barracas

No parece una buena idea eso de combinar cerveza con barracas, pero si los alemanes así lo han hecho será que lo es. En el recinto de la feria, en la Theresienwiese, a un lado se levantan las gigantescas carpas de las marcas cerveceras y al otro las barracas.

Lo cierto es que es un ejemplo de que la fiesta es para todos los públicos y para todos los horarios. Padres, madres, tíos y abuelos con sus respectivos pequeñuelos pueden pasárselo en grande cuando el sol calienta (calienta, sí, creedme).

Photograph Oktoberfest by Diego Jambrina on 500px

2. Los alemanes son así

Hay dos verdades que jamás he conseguido trasladarlas como tal a la gente que me pregunta por Alemania y los alemanes. Una es que en Alemania también luce el sol y hace calor. Y, la otra es que, los alemanes son gente amable. Además, en esta época, en esta ciudad y con esta fiesta es difícil ver malas caras o reproches por no saber el idioma o por no vestir el traje regional. Solo fruncirán el ceño si te ven beber cerveza en cualquier jarra que no sea de al menos 1 litro.

Pero si finalmente os animáis a visitarles y os encontráis con algún porteador de malas pulgas, no me lo tengáis en cuenta, hay gente desagradable en todo el mundo. Yo también me he topado con personas así.

3. La ciudad entera es un recinto festivo

El espacio acotado de la Oktoberfest está en Theresienwiese, al sur de la ciudad, perfectamente conectado en metro y en tranvía. Pero no es necesario acudir a ella todos los días que estéis en la ciudad, también podéis vivir la fiesta en las calles y en las diferentes cervecerías repartidas por Munich.

La más famosa, sin duda, es la Hofbräu. Famosa por su local, un edificio decorado con frescos en los techos abovedados y grandes mesas corridas. Famosa por la orquesta que anima el ambiente con canciones bávaras. Y muy cerca de la plaza María, o mejor dicho, Marienplatz, la más famosa de las plazas de la ciudad.

Hay otras buenas alternativas, como la Löwenbräu y la Augustiner, y otras cervecerías que sin estar sustentadas en una marca de cerveza, se puede comer y beber bien a gusto. Sólo tenéis que andar por las calles del centro y descubriréis alguna que os atrapará.

 

4. Al aire libre

Existe un parque, a 10 minutos andando desde la Marienplatz, con grandes espacios verdes, zona arbolada y un refrescante río. Se llama Englischergarten, y en él hay dos fantásticas cervecerías: la de la Torre China y, un poquito más adelante, la Paulaner Garten o cervecería del lago, donde además de tomar comida y cerveza, podéis tomar un poco de aire. Si el tiempo acompaña, e insisto en que durante esta época suele ser así (algo relacionado con un microclima gracias a la protección de los Alpes), es una alternativa maravillosa. Pero, achtung!, que a la noche refresca.

 

5. Cerveza rica y variada

La Oktoberfest no es la oportunidad para emborracharse y pasar desapercibido. Es la oportunidad de beber cerveza de calidad y de probar cerveza diferente. Está la cerveza clásica, la pils, llamada original o helle. También está la weissbier, cerveza de trigo, turbia y densa, que normalmente se suele beber en vasos de medio litro, pero nadie te va a mirar mal por pedir una jarra de litro. Y luego hay otros tipos diferentes y ocasionales. Suelen hacer una cerveza de verano, o sommerbier, parecida a la ALE inglesa, pero con menos amargor.

No seas aburrido y pruébalas todas. Prost!

 

6. Surfear en el río

Con tanta cerveza, tal vez no os parezca extraño encontraros a surfistas cogiendo olas en una ciudad donde la playa alemana más cercana está a 800Km, pero de hecho lo es.

Pero los muniqueses se las han ingeniado para generar olas en el río aprovechando la fuerza del agua, sin maquinaria alguna, y, bajo un estricto orden, surfean su única ola ante la atenta mirada de locales y turistas.

7. Un museo para grandes y pequeños

Si algún día os levantáis con algo de resaca, podéis hacer como los propios alemanes, es decir, desayunar cerveza y pepinillos (así, tal cual lo leéis) o tomaros la mañana libre y acudir al BMW Welt.

Alemania es la cuna de algunas de las marcas más importantes del motor. En Stuttgart hay dos museos maravillosos. Si los queréis conocer, pasaros por mis post: el de Mercedes-Benz y el de Porsche. Pero en Munich también hay un museo que merece vuestra atención: el Museo BMW.

A las afueras de la ciudad, junto al parque olímpico, BMW tiene su fábrica, el museo y un concesionario gigantesco muy bien pensado. Los amantes del motor, y cualquier persona de cualquier edad, se lo pasarán en grande en cualquiera de estos tres recintos, pero sobre todo en el Museo BMW. Un recorrido por la historia de la marca y del motor, maravillosamente organizado y expuesto.

No os lo podéis perder.

Y hasta aquí el recorrido por la ciudad cervecera más famosa del mundo. Si queréis conocer algún detalle práctico sobre ella y su Oktoberfest, no tenéis más que preguntar e invitar a una bier. Estaré encantado de responder y beber.

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La República Checa no es solo Praga

Publicado en Chequia, Fotografía, Fujifilm X100, República Checa, Viajar el September 18th, 2014 por diegojambrina

Viajar por la República Checa. Parte I: Praga

Si alguna vez he tenido una gran idea, la de viajar por la República Checa fue una de ellas.

Durante muchos años he querido visitar Praga. Un puente de esos de noviembre o diciembre de cuatro días es perfecto”, me decía. Pero el alto costo del vuelo y de los hoteles, me llevó una y otra vez a desechar la idea. “Demasiado dinero para un fin de semana”. Al final, me decanté por visitar no solo Praga sino todo el país. Si iba a gastarme tanto dinero en ir hasta allí, ¡por qué no aprovechar el viaje!

Esta decisión tan lógica, en cierta medida, es totalmente anormal para la mayoría de los turistas. A excepción de Praga, la República Checa es un lugar completamente desconocido para casi todo el mundo. Solo los alemanes, los propios checos, y, por supuesto, los japoneses saben las maravillas que esconde.

Este post está dedicado a esa mayoría, para que sean conscientes de todo lo que se han perdido quedándose en la capital.

Míkulov

Es un pequeño pueblo al sur de Brno muy frecuentado por turistas checos y alemanes (creo que a los japoneses no se les da bien sacar fotos y andar en bici al mismo tiempo). Es como el oasis del guerrero cervecero, donde acuden a degustar los vinos de Moravia y pedalear por hermosas carreteras que zigzaguean entre viñedos.

Además, hay ejemplos de fachadas esgrafiadas, una técnica de decoración muy común en todo el país que consiste en rascar la superficie de la fachada y dejar al descubierto la capa de debajo de diferente color, creando así fantásticos dibujos.

Telc

En Telc está la plaza más espectacular de todo el país. Es un largo espacio acotado por dos hileras de fachadas renacentistas y barrocas. Después de unos vinos, te dan ganas de recorrer la plaza de lado a lado, saltando de fachada en fachada como si fueras Heidy y los adoquines suave y fresca hierba.

La arquitectura es espectacular y sus vinos muy peleones.

Photograph Exaltación en Telc by Diego Jambrina on 500px

Además, alrededor del casco histórico hay un lago artificial y unos caminos de tierra por donde pasear agarrados de la mano o con una cámara en la mano, listo para capturar la tranquilidad de la vida en esta parte del país, antes de atacar las bodegas locales.

Znojmo

En Znojmo, como en cualquier lugar del país, se puede beber buena cerveza local, pero también tiene la alternativa del vino. Una alternativa que puede convertirse en irresistible, si además te lo sirven al atardecer en una ladera rodeado de viñedos.

De todas formas, si sufrís el síndrome de riojitis, como lo sufro yo, más os vale continuar con la cerveza.

Brno

Es la segunda ciudad más grande del país. Viven aproximadamente 400.000 personas y es un lugar amable para pasear, lo que muchos interpretaréis como un eufemismo de ciudad aburrida. Pues no. Al menos, no durante la celebración del espectáculo del Gran Premio de Motociclismo, que es cuando yo estuve.

Destaco la catedral, pero no por sus agujas, vidrieras, órgano o cualquier otro elemento clásico y grande, sino por los pequeños detalles alrededor del edificio.

Me llamó mucho la atención que hubiera un púlpito en el exterior de la catedral, un lugar desde el que el cura de turno lanzaría sus reprimendas al esquivo pueblo pecador.

Otro detalle que me atrajo fue este que se ve en la imagen, y del que no tengo ni idea de lo que significa, pero para mí fue suficiente motivo para sonreír y tomar una fotografía.

Štramberk

Los checos son los que más cerveza consumen en todo el mundo. Cada uno de ellos consume una media de más de 155 litros. Bueno, seguro que hay quien consuma mucho menos, y también mucho más, que esto es una media, no lo olvidemos.

En cualquier caso, es una cantidad sorprendente. Tanto que habrá quien se pregunte si esta gente se baña en cerveza. Pues la respuesta es sí, se bañan en cerveza. Al menos, los turistas lo hacemos.

Hay beerspas en diferentes lugares del país, el más publicitado es el de Chodovar, pero yo me bañé en uno de un minúsculo pueblo llamado Štramberk. Te desnudas, te metes en una bañera de cerveza calentita y, mientras, te bebes una bien fresquita. No se puede pedir más.

 

Pilsen

Es la cuarta ciudad más grande del país, aunque se recorre a pie en unas pocas horas.

Uno de sus atractivos más destacados está en visitar el lugar donde se desarrolló un sistema que cambió la cerveza de entonces (oscura, densa y fuerte), en una bebida mucho más ligera, suave y refrescante: crearon la cerveza pils o pilsner. Y, como muchos habréis deducido, fue Pilsner Urquell la artífice de aquella revolución. Curiosamente, ahora se está viviendo una involución, y se bebe más las cervezas sin filtrar (nefiltrovaný), más puras y turbias. A mí, personalmente, la Pilsner Urquell fue la marca que menos me gustó de todas las que probé durante mi estancia en el país (y probé muchas).

También se puede visitar el Museo de la Cerveza y acabar con una degustación, como no podía ser de otro modo.

Otro de sus atractivos están en la plaza de la República, donde se encuentra la catedral con la torre más alta del país. Alcanza los 102m. Y a su alrededor, hay fuentes y fachadas que al atardecer brillan como una cerveza pils.

Olomouc

Olomouc es hoy una tranquila ciudad, con una inquieta historia. Su reloj astronómico, y las remodelaciones que ha sufrido a lo largo de los siglos, ha sido testigo directo de las convulsas manifestaciones humanas, políticas y sociales, y, aunque no atraiga tantas miradas como el de Praga, merece permanecer un buen rato delante y saborear cada detalle.

Y no te preocupes por tus pies, permanecerán a salvo de turistas y segways controlados por niños sin control. Si no sabes de lo que estoy hablando, pásate por mi post sobre Praga y verás.

Ceský Krumlov

Es sin duda el pueblo más bonito de todos. Uno de esos pueblos de cuentos de hadas, con callejuelas, puentes, tabernas, cervecerías, plazas y un castillo con torre de colores. Nadie se lo quiere perder, ni siquiera los españoles, que en su inmensa mayoría acudían desde Praga en excursión de un día.

Sin embargo, es un lugar para quedarse y disfrutar de la noche, paseando por sus despejadas calles y bebiendo las cervezas locales en alguna de sus tabernas o en terrazas al aire libre, abrigados, eso sí, con gruesas mantas.

En el castillo, destacan dos espacios: la torre, alta, redonda, separada del castillo propiamente dicho y decorada con colores; y, el teatro de madera, una maravilla barroca casi única. Tan sólo quedan en el mundo dos teatros de estas características con la maquinaria conservada. La entrada es cara, pero merece la pena ver cómo con unas cuantas sogas, madera y mucho ingenio se podía transformar el decorado en un segundo, hacer subir y bajar a los actores por las trampillas o fabricar efectos sonoros espectaculares.

No permiten hacer fotos, así que tendréis que conformaros con las de la web de turismo.

 

Karlovy Vary

Y acabaré por un curiosísimo pueblo, en el que no se bebe cerveza, sino agua; Karlovy Vary. A él acuden miles de personas de la tercera edad en busca de la juventud perdida. No sé si la encontrarán, pero yo me sentí mucho más joven entre ellos, y eso que apenas di unos sorbitos al agua de sus fuentes.

Las aguas que corren por el subsuelo y que salen por las fuentes repartidas por la superficie, huelen mal, queman (algunas llegan a los 72º) y saben a rayos, pero la gente bebe y bebe y vuelve a beber. Buena suerte, amigos. Yo me quedo con su magnífica cerveza y sus propiedades beneficiosas para la salud, que las tiene, y muchas.

Na zdraví!

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Praga, una ciudad tomada por el turismo

Publicado en Chequia, Fotografía, Fujifilm X100, República Checa, Viajar el September 8th, 2014 por diegojambrina

La República Checa es un pequeño país completamente desconocido para muchos Europeos, con una famosísima y enorme capital invadida por todo el mundo. Ésta es la afirmación más tajante que puedo escribir, después de recorrer el país en moto y cargado con mis cámaras durante 17 días.

Empiezan mis crónicas de viaje.

Comienzo por Praga, por ser ésta una de las ciudades más visitadas, no del país sino del mundo, y uno de esos destinos que todos tenemos en la lista de deseos. No hace falta siquiera ir hasta allí, basta con buscar hoteles por internet para darse cuenta de su solicitud.

Dicen que tiene una de las plazas más bonitas del mundo, y su reloj astronómico causa admiración, pero quien lo dice se deja llevar más por el deseo o el desconocimiento que por la realidad en sí. No seré yo quien niegue su belleza, pero tampoco quien la alabe. Tal vez la gran cantidad de turistas y el hecho de que un niño me atropelló, no una, sino tres veces, el pie con su segway, hayan influido en mi opinión. Aún así, disfruté en ella tratando de emular al gran fotógrafo del comportamiento turístico, Martin Parr.

Otro de los puntos calientes de Praga es el Puente Carlos. Se empezó a construir en 1357 y ha aguantado carros y carretas, y hasta coches, gracias a las cáscaras de huevo que, según cuenta la leyenda, mezclaron con el mortero. Lo que parece increíble es que aguante a los millones de turistas que caminan de lado a lado por su empedrado piso con mostrada felicidad.

Sin embargo, a mí me hacía más feliz, verlo desde la distancia.

Nos juntamos más turistas aún en el Castillo de Praga. Traté de tomar distancia, pero hubo cierta aglomeración también en lo alto de la Torre Grande de la Catedral de San Vito. Pagué 300CZK (10,90€), subí los 99 metros y los 287 escalones y aún así no lo logré.

De todas formas, mereció la pena.

Además de la Catedral de San Vito, en el castillo de Praga (en checo, Pražský hrad) hay mucho más. Es una construcción gigantesca que alberga diferentes grandes edificios y un pequeño callejón donde a lo largo de los siglos hubo arqueros, alquimistas, obradores, bohemios, artistas, vagabundos y, por fin, tiendas de souvenir.

Pero a pesar de la invasión, de que en la mayoría de las cervecerías los camareros meten a los turistas todos juntos en una misma sala, de que en determinadas zonas debes mirar más abajo que arriba para evitar pisar y ser pisado, Praga tiene rincones con poca actividad. Rarezas de la ciudad por su soledad y por su propuesta artística alejada del convencionalismo.

Otro punto interesante, poco frecuentado y muy interesante es el Edificio Danzante. Con este nombre tan sugerente, ¡quién no estaría dispuesto a alejarse del Stare Mesto!

Es una de esas creaciones inquietas, salidas de las mentes de los inquietos Frank Gehry y el arquitecto checo Vlado Milunic. Ellos llaman a esta pareja de edificios Fred y Ginger, en honor a estos dos grandes bailarines de la época dorada de Hollywood y a sus elegantes movimientos. La verdad es que en esa parte de la ciudad todo parece moverse.

Y como estos edificios, la República Checa fue pareja de baile de su vecina Eslovaquia. Checoslovaquia era su nombre artístico. Una etapa en la historia reciente que tratan de olvidar a toda costa. Al parecer, el régimen después de la II Guerra Mundial fue cualquier cosa menos comunista y sufrieron la férrea dictadura de una exclusiva cúpula.

Existe el Museo Comunista en Praga, pero si quieres llegar hasta a él, tendrás que esforzarte mucho. No hay ni una sola indicación en las calles que te guíe, como sí lo hay para el resto de museos y lugares de interés turístico, y ni siquiera en la guía Lonely Planet tienen bien ubicada su sede. A mí me costó llegar, pero al final lo conseguí.

Y, como no podría ser de otra manera, os tengo que recomendar una cervecería. No se trata de la archiconocida U Fleku, donde nada más entrar te cuelgan el letrero de turista en el cuello y te hacen pasar a la primera sala con todos los demás. No, no se trata de ésta, sino de la U zlateho tygra, una pequeña taberna en el centro del mismísimo Stare Mesto con una de las cervezas, de elaboración propia, más ricas del país.

Hay un ambiente auténtico, donde los extranjeros se mezclan con los autóctonos y donde no te sangran por cada cerveza. ¡Buah, qué rica estaba!

En el siguiente post podréis leer sobre la desconocida República Checa, esa a la que solo llegan los alemanes, japoneses (¡cómo no!), los propios checos y yo.

Permaneced atentos.

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Encontró la felicidad tumbado en el sofá

Publicado en Este trabajo es mío, Literatura el July 23rd, 2014 por diegojambrina

Encontró la felicidad tumbado en el sofá. Y la sensación fue tan fuerte, que por un instante lo confundió con un deseo. ¿Puedes ser feliz conscientemente? se preguntó.

Siempre había pensado que la felicidad no se sentía en el momento, sino en el recuerdo. Siempre había creído que eran momentos pasados, que el tiempo traía la confirmación de que aquello que vivió fue un momento feliz. Pero, eso de ser y estar al mismo tiempo y en tiempo presente, lo creía absolutamente imposible.

En realidad, pensaba, es el tiempo el que crea la felicidad. ¿Acaso no recuerdas aquel peligro, aquel incómodo viaje, aquel mal entendido, aquella vez que te perdiste en la niebla sin oír nada más que tu rápida respiración como un momento feliz?

Sonrió. Lo hizo para exteriorizar su felicidad y para decirse a sí mismo, sí, es cierto, ahora mismo eres feliz.

Y tuvo la tentación de compartir aquel momento con su mujer, pero pensó, o simplemente temió, que aquella sensación se desvanecería tan rápido y con tan poco encanto como se desvanece la luz del sol al bajar de golpe la persiana. Además, ¡menuda chorrada!: Escucha, me siento feliz. Eso no es algo que se pueda decir y no parecer idiota. O mejor dicho, eso no es algo que se pueda decir. Punto. Se vive, y, viviéndolo, lo compartes. No hay otro modo.

Al día siguiente, llegó la hora del tiempo. Un recuerdo del momento en que el deseo y la realidad se abrazaron. Pero el recuerdo no vino solo. Llegó con él una reflexión, un pensamiento, una incredulidad, una búsqueda de la razón… un error.

Los momentos felices se viven y se recuerdan, pero no se analizan, porque si lo haces, se desvanecen tan rápido y con tan poco encanto como se desvanece la luz del sol al bajar de golpe la persiana.

Fin

 

Este es el segundo relato corto que publico. Si quieres leer el primero, pincha aquí. Pero te advierto, provoca una profunda depresión. 

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Correr detrás de la imagen

Publicado en Algorta, Bilbao, Fotografía, Fujifilm X100, Getxo, Suiza el July 7th, 2014 por diegojambrina

La paciencia es una de esas virtudes que los grandes fotógrafos tienen y resaltan en sus entrevistas, charlas y libros, pero, a veces, es más divertido desprenderse de ella y echar a correr, cámara en mano, detrás de la imagen.

Bueno, tampoco es plan de correr como pollo sin cabeza hasta desplomarse sin fuerzas y sin foto.

Basta con mirar a tu alrededor, echarle una pizca de intuición, tener la cámara preparada con su ISO, velocidad y apertura adecuada y andar con pies ligeros. Seguro que en cualquier momento encuentras la imagen y tienes que esprintar para darle alcance.

No tengas miedo en no llegar, en ocasiones ocurrirá que la acción es mucho más rápida que tú y el encuadre se llena de vacío. No importa. Lo importante es que te lo has pasado bien en el intento. Y además, cuando sí lo logras, cuando alcanzas el objetivo, la satisfacción es mucho mayor.

Sí, no hay nada como cuando aprietas el botón y te dices “la tengo”.

Photograph Correr para entrar en calor by Diego Jambrina on 500px

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El método para saber si la fotografía es para ti

Publicado en Algorta, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Fujifilm X100, Getxo el June 15th, 2014 por diegojambrina

El fotógrafo José Manuel Navia asegura tener un método eficaz para saber si alguien está hecho para ser fotógrafo. Cuesta unos 3.000€, pero afirma sin titubeos que funciona. El método consiste en pagar un viaje a la persona en cuestión al lugar del mundo que más le atraiga fotografiar. Da igual cuál: Tanzania, Egipto, Canadá, Mongolia… el que quiera. Estará él sólo sacando fotos durante tres semanas. Para este viaje se invertirán unos 2.400€. A su vuelta, se le organiza, con los 600 restantes, otro viaje. Esta vez a un pueblo de Castilla y León. Al que sea. Si al acabar los dos viajes, no ha disfrutado haciendo fotos tanto en un sitio como en otro, no está hecho para la fotografía.

Y así empieza este post sobre mí y el mundo a 300 metros de mi casa.

Hoy me he levantado y tras pensar adónde podría ir para sacar fotos, me he acordado del amigo Navia, y me he dicho: “vamos a comprobarlo”. Así que he dejado la moto en el garaje y he salido por mi pueblo con la sana intención de divertirme haciendo fotos sin que importara nada más. Y el resultado ha sido fantástico.

No quiero decir que las fotos hechas hayan sido fantásticas, sino que me lo he pasado en grande. Incluso he sonreído. Aprovechando que estaba escondido tras mi Fuji X100 y que me daba la sombra, una enorme sonrisa ha aparecido en mi cara cuando ese maravilloso perro loco se convertía en un iluminado.

Fotografiar solo es también una liberación. Evita las prisas. Puedes sentarte y esperar a que alguien pase por ese bonito fondo que has encontrado sin tener que dar explicaciones a nadie. Y si el que pasa, no viste como te hubiera gustado o ha pasado demasiado rápido, o demasiado lento, o demasiado lejos, o demasiado cerca, pues esperas un poco más. Y así hasta que, por fin, aparece la chica que estabas esperando: de rosa y distraída con su móvil a juego.

Hoy me he sentido invisible. Mientras mis modelos fotografiados estaban deslumbrados por la luz intrusa y yo me encontraba agazapado en la sombra, nadie parecía verme. Es una de esas tácticas de las que suelen hablar los streetphotographers: ser invisible. Un imposible que hoy se ha hecho realidad.

E incluso me ha dado tiempo a desprenderme de la tiranía del color.

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“Me lo pido”, con José Manuel Navia

Publicado en Fotografía el May 24th, 2014 por diegojambrina

Clase Magistral de fotografía de José Manuel Navia

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El pasado sábado 17 de mayo, el Club Deportivo Eibar organizó una nueva jornada de fotografía. Y, como cada año, me senté y esperé a que el ponente nos hablara de su obra, pero no lo hizo. Al menos, no como suele ser habitual. En esta ocasión, lo importante no era el fotógrafo presente, sino los fotógrafos que estamos por llegar.

José Manuel Navia nos hizo dos preguntas: ¿qué fotógrafo quieres ser? y ¿qué fotógrafo puedes ser? Y entonces empezó todo.

La primera respuesta es más o menos fácil. Si te gusta la fotografía de calle perfectamente encuadrada de Cartier-Bresson, solo tienes que pedírtelo: “Me pido ser Cartier-Bresson”. O si te gusta la fotografía pura de la grandiosidad de la naturaleza, te pides ser José Benito Ruiz. O si a ti lo que te va es la acción y el riesgo y te puede lo de contar lo que se vive en las guerras, te pides ser Robert Capa. Tú decides.

Bueno, no del todo. Tu entorno tiene mucho que decir, y, como decía Navia, si tienes mujer, hijos y más letras con el banco que el abecedario, la guerra la tienes en casa por plantearte siquiera convertirte en fotógrafo de guerra. Así qué, piensa muy bien la respuesta. ¿Qué fotógrafo puedes ser?

Así comenzó una Master Class, que con el paso de los minutos se convirtió en una clase magistral de fotografía. Y la diferencia es abismal.

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Ahora, en este blog, me hubiera gustado hacer un resumen de la jornada, pero me resulta hasta insultante siquiera intentar parecerme a algo de la clase magistral de Navia. Así que, me he decantado por una recopilación de frases que me parecen de gran utilidad para cualquiera que haga fotos, es decir, para los fotógrafos, porque “si haces fotos, eres fotógrafo”, ¿o no?

Una aclaración más: algunas son citas casi literales del propio Navia, otras son ideas y otras son citas o ideas de otros fotógrafos que Navia mencionó, como Eugene Smith, Paul Strand y otros clásicos. Lo malo es que no sé cuál es cuál. Mil perdones. Fue la emoción del momento que anuló mi capacidad -escasa- de buen alumno.

  1. Hay que vivir la fotografía con la ilusión de un amateur.
  2. Hay gente que piensa que se puede fotografiar viajando en pareja.
  3. Deja que el mundo se mueva. ¡¿Para qué te vas a mover tú?! No corras.
  4. La fotografía sirve para expresar certezas o expresar dudas.
  5. Una imagen tiene que ser un mensaje claro.
  6. La herramienta, como el photoshop, no es la que miente, es el fotógrafo.
  7. No hay que forzar la realidad, hay que creer en ella.
  8. Una buena fotografía significa mucho, pero no sabemos qué.
  9. Prescinde del zoom, para tomar distancia de la realidad.
  10. La mayoría de las mejores fotos están ya en las fotos que hemos hecho.
  11. La cámara es mi libreta de notas.
  12. No me gusta robar fotos. Robar no está bien.
  13. Las fotografías que quedan son las fotos sencillas.
  14. Contar historias más complejas con fotos más sencillas. ¡Eso es la hostia!
  15. A mí me interesa lo que pasa entre dos instantes decisivos.

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Texto: del de siempre, Diego Jambrina Merino.

Fotos: de mi nuevo amigo José Luis Revuelta Ibáñez ©Joselure www.joselure.com

 

Si queréis ver cómo fue la jornada con Tino Soriano del pasado año, pinchad aquí

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Bretaña, la región de la luz. Al oeste de París.

Publicado en Bretaña, Canon, Fotografía, Viajar el May 16th, 2014 por diegojambrina

La Parte I de mi viaje al pasado: Caminando por Bretaña.

Alguien escribió una vez que París era la ciudad de la luz, y así se quedó. Pues yo voy a escribir que Bretaña es la región de la luz, a ver qué pasa.

Las estrechas calles de esos magníficos pueblos construidos hace más de cinco siglos, bombardeados por la estupidez humana hace poco más de 50 años y rehabilitados por la sensibilidad que aún pervive en cierta gente crean encuadres muy atractivos para esos locos que pintamos con luz.

Además, Bretaña tiene una arquitectura originalmente religiosa, reconvertidas en lugares de culto al turismo, con una luz de colores especialmente atractiva. Me resisto a escribir que la luz es divina. Vaya, lo acabo de hacer.

Bretaña es un buen destino que visitar, pero habrá que tener especial cuidado en la época del año que se elige para ello. Las santas vacaciones que hemos tenido en abril fueron un acierto. Poco turista, salvo en Le Mont Saint Michel (frontera con Normandía), interrumpe en el encuadre sin previo aviso, pero si lo hace aprovéchalo y dispara. A veces mejora la composición inicial.

He oído que en verano, las estrechas calles se vuelven más estrechas por la cantidad de turistas extranjeros que se suman a los nacionales, pero si no hay opción de elección, no dejéis de ir. Siempre tendréis rincones y momentos olvidados por la mayoría.

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Viaje al pasado. Caminando por Bretaña.

Publicado en Bretaña, Canon, Fotografía, Francia, Viajar el May 11th, 2014 por diegojambrina

La parte II de mi viaje al pasado: Bretaña, la región de la luz.

Cuando camino por las calles y las ciudades de Bretaña, no camino por un lugar, sino por una época. Vannes, Vitrè, Rennes, Quimper, Dinan son simples nombres que rápidamente se olvidan. Un día estoy en Vannes, al otro en Dinan y al siguiente ya no recuerdo cuál es cuál. Pero esto, que podría parecer un motivo que desaliente su visita, es todo lo contrario.

En Bretaña disfruté como pocas veces lo he hecho en tierra francesa, y eso a pesar de que para disfrutar de un ambiente animado, el local adecuado es cualquier panadería un domingo cualquiera.

Será precisamente por eso, porque la tranquilidad lo inunda todo, por lo que estas calles me han llenado tanto. Claro que este sentimiento no es posible en Le Mont Saint Michel, una maravillosa roca unida al continente por una exigua lengua de tierra atestada de turistas, comercios para turistas y precios para turistas.

Y ¿entonces qué tiene de maravillosa? Pues su presencia en la distancia. Una vez dentro, se pierde todo el encanto y pocos son los momentos en los que encuentras motivos que capturar.

La marea es una de las grandes protagonistas de esta región, no solo de Francia sino del mundo. Es tan oscilante que con algo de baja mar es absolutamente imposible ver dónde carajo se ha metido el agua. Me hubiera quedado sentado en un silla el tiempo necesario para ver hasta dónde es capaz de irse el mar y cómo sube de rápido, eso sí, con una buena manta y unas cuantas cervezas locales bien frías. Dejaré, para otra visita, la sidra de la que tanto hablan los turistas y beben los bretones.

Volviendo al otro líquido, el nivel del mar maneja unas cifras difíciles de comprender para alguien que vive en el Cantábrico. Son unos 15 metros de desnivel, lo que sumado al hecho de que hay una plataforma continental con poquísima inclinación, es absolutamente imposible ir a darse un chapuzón sin perder de vista la toalla. Así que, se las han ingeniado para las épocas veraniegas.

Vuelvo para atrás para destacar otro de los motivos por los que no os podéis perder esta zona de Francia. Por cierto, es uno de esos territorios con un fuerte sentimiento nacional, pero no nacional francés sino bretón, algo que les hace dignos.

Volvía para atrás, decía, para insistir en el hecho de que caminar por Bretaña es caminar por una época pasada. Las casas de entramado de madera que aún quedan en pie, aunque dobladas por el tiempo y, se intuye, por una falta de rigor arquitectónico, son sin duda los responsables de esta sensación, pero se puede retroceder algo más de 500 años. Se puede retroceder hasta 5.000 años, cuando los rudos bretones eran capaces de poner en pie una piedra de 18,5 metros de altura y un peso de 280 toneladas. También podríamos decir que, además de rudos, eran inteligentes bretones, porque la fuerza no pudo ser suficiente.

Es en el Golfo de Morbihan donde se encuentra este menhir, llamado Brisé, concretamente en Locmariaquer. Ya no se puede ver en pie, pero aún así os aseguro que sus 4 partes impresionan bastante.

La imaginación se dispara viendo estos restos megalíticos y la carne se te pone de gallina cuando entras en una de estas construcciones.

Desperdigados por la zona, se pueden encontrar bastantes dólmenes de diferentes tamaños, pero todos en buen estado de conservación, aunque algunos de ellos han sido invadidos por casas de este siglo. ¿Se podría llamar arquitectura de fusión?

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