Valor e inspiración

Publicado en Literatura el May 13th, 2013 por diegojambrina

El valor es algo que se guarda para no gastarlo. Así somos los previsores o esos adultos que siendo niños se tragaron el cuento, la cigarra y la hormiga. Pero hoy, no he tenido más remedio que sacarlo, limpiarle el polvo y vestirme con él.

Hoy, me he armado de valor y publicaré mi primer relato corto.

Antes de leerlo, quiero que sepáis que estoy bajo la influencia del alcohol, pero no de cualquier alcohol, sino de un Glenfiddich de 12 años. ¿Por qué éste whisky? Porque es el que ha creado una interesante campaña a través de Blog on Brands, una plataforma que acerca las marcas a los bloggers.

Ésta campaña en concreto pide que expliquemos qué nos inspira el whisky y qué valores podemos destacar de la marca. Pues bien, a mí me inspira soledad, una ligera y fresca soledad, con un toque a turba. Pero no, no sintáis lástima por mí, la soledad es buena, al menos éste tipo de soledad. Porque hay otra, ay, amigos, hay otra que jamás quisiera tener más cerca que aquel día durante un viaje en metro.

glenfiddich

SOLEDAD URBANA

Su mirada estaba tan vacía que llegué a pensar que en aquel cochecito no había nadie, que, sencillamente, lo llevaba de paseo, vacío, para poder llenar su triste y accidentada vida con tantos buenos recuerdos como encontrara a su paso. Pero algo cayó al suelo y una pequeña mano salió para reclamarlo. Podría haber supuesto un alivio para mí. Nunca es agradable sentir esa soledad tan cerca. Prefiero que viaje en bus o, por lo menos, en la otra punta del vagón. Que yo no la vea, ni la intuya, que no me haga levantar la vista de las páginas de mi libro.

Pero no fue así.

Devolvió el juguete caído al niño. Sin caricias, sin palabras, sin una sonrisa, sin una reprimenda. Nada.

Era una madre muy joven, gorda, fea y sin esperanza. De unos 26 años. Tal vez menos, no sé. Resulta difícil adivinar la edad entre tantas capas de abatimiento. Y me resulta difícil escuchar éstas palabras, aunque hayan salido de mí: gorda, fea y sin esperanza. Pero sus ojos, su pesimismo, su soledad, habían ganado. Me dieron una gran paliza y mi habitual sentido del deber social estaba totalmente derrotado.

Empecé a sentir miedo. Me imaginé su vida, su presente, su pasado y su futuro. Y sentí miedo.

Hundía su mirada en el cochecito. En ese mismo lugar donde el niño se entretenía con su juguete caído. Y me dio la sensación de que estaba mirando el pasado, ese pasado tan claro en mi imaginación como en su recuerdo. Y estoy seguro de que no le gustaba lo que veía. No le gustaba su pasado.  No le gustaba su presente. Y, a estas alturas, su futuro no tenía ninguna importancia.

Pasaron los minutos. Pasaron las estaciones y nada cambió en su poderosa mirada. No pude volver a concentrarme en el libro que estaba leyendo. Ahora, ni siquiera me acuerdo de qué libro era. Miradas como la suya resultan hipnóticas. Consiguen hundir al que mira en la misma tristeza.

Y llegó mi estación. Y cuando salí, ahí quedó, continuando viaje.

Podría viajar años sin darse cuenta de que su parada ya había pasado de largo.

Fin

 

Viajar por Londres con una cámara de fotos (2 de 2) Qué no visitar

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Londres, Lubitel el May 1st, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100 Lubitel 166+

Londres es, aún hoy, la capital de un imperio, y como tal, tiene vergüenzas que debería ocultar. Pero en lugar de esconderlas, lo hace público y se vanagloria. Lo más evidente es el enorme y loco British Museum. Es como la cueva de Alí Babá, pero con entrada libre. Un lugar donde admirar los tesoros robados en su época de mayor esplendor colonial.

Egipto en Londres by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Podría ser ésta razón suficiente para no acudir al museo. Un acto de rebeldía individual estéril para la sociedad y la política y que, finalmente, no llegué a realizar. Algo de lo que yo sí me avergüenzo.

Decía que ésta era una razón más que suficiente como para no ir, pero hay otra de casi igual importancia: la gente.

Al museo acuden miles de personas al día, algo más de 6 millones al año, y al parecer acuden interesadas en el arte egipcio, griego, africano… aunque lo que realmente les interesa es comprobar la dureza de las piezas. No se contienen y golpean los bustos y los sarcófagos egipcios confirmándose a sí mismos que son tan de piedra como su sensibilidad artística e incluso como su sensibilidad como ser humano.

Y las autoridades competentes no hacen nada por evitar semejante atropello. Mi desprecio hacia ellos es aún mayor sabiendo que una de las excusas que esgrimen para no devolver lo robado es que los países dueños legítimos no poseen lugares acondicionados para proteger semejantes obras históricas.

Inmigrantes asirios en Londres by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otro de los atractivos turísticos de Londres que no llegó a cautivarme fue Camden Town. A pesar de ello pasé una mañana completa por sus frías calles. Pero no fue por su mercado ni por sus comercios de souvenirs disfrazados de pintorescos sino por el canal que cruza su calle principal.
Un oasis de paz por el que pasear y disparar.

Canales de Candem by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El mercado de Camden Town, también conocido como Historic Stables Market, es curioso por dónde está situado; antiguos establos abovedados, construidos con ladrillo caravista donde, en su día olería a caballo y hierro. Hoy, el sabor histórico de este laberinto se intuye entre la ropa colgada, zapatos, accesorios, souvenirs y carteles de comida rápida. Son los sabores de la modernidad, aderezados por las divisas extranjeras.

Perdiendo la cabeza by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Me queda aún más crítica cítrica para Londres.

Oxford street es lo peor, sin duda, para el viajero hambriento y el aficionado al footing. Es imposible dar dos pasos seguidos hacia delante. Las miles y miles de personas que andan como pollos sin cabeza por sus aceras te obligan a andar en zigzag. Evitadlo siempre que podáis, que no será fácil, porque sus calles adyacentes sí son lugares apetecibles. Por ellas te puedes encontrar edificios de estilo tudor, como la sede del comercio Liberty. Una maravilla de la arquitectura.

Disfrutadlo por fuera y por dentro, porque a pesar de tratarse de una tienda sin interés alguno para un servidor, sus escaleras, suelos, paredes y decoración son dignos de una visita.

Pasado arquitectónico londinense by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El famoso Hyde Park tampoco es algo tan imprescindible como me lo hicieron creer.

Tal vez, en verano, su atractivo sea mayor, pero ahora, en una primavera vestida de invierno el ambiente es triste. Eso sí, si os gusta la fotografía puede ser un escenario propicio para el blanco y negro con cámara de carrete de 120.

Deseos de Hyde Park by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otra cámara que llevé al viaje fue la que el propio móvil tiene incorporada. Ésta me permite hacer fotos en lugares no demasiado propicios para una cámara grande.

Ten Bells tampoco es un lugar al que acudir, bueno, a decir verdad, no era un lugar allá por 1888, el año en que Jack El Destripador tomaba unas pintas y se decidía por una desafortunada mujer. Ahora es un bonito pub sin peligro alguno, salvo el servicio, claro. Para ir hasta él, hay que bajar unas empinadas, oscuras y descuidadas escaleras.

 

¿Escalera al infierno? No. A los servicios del Ten Bells, donde Jack El Destripador fichaba.

Los servicios de Harrods es otra cosa: limpios, sin pintadas en las paredes, con una puerta de entrada y otra de salida… Pero no, no es un lugar de interés. Al fin y al cabo es un comercio, un Corte Inglés, algo más lujoso, claro, pero un comercio al fin y al cabo. Eso sí, la zona de alimentación es espectacular. La decoración y los productos que allí se exponen crean una escena genial para sacar fotos mientras los demás miran.

La otra cara del té by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Portobello road es otra de las zonas sobrevaloradas. Intuyo que hace bastantes años éste lugar apartado de Londres, tendría interés.

Ésta calle se encuentra ubicada en Notting Hill, un barrio de pequeñas y bajas casas, en algunos casos, con fachadas pintadas de diferentes colores pastel, y podría suponer un buen lugar para alejarse de la gran ciudad. Pero hoy nadie se puede abstraer del ruido y la multitud. Los puestos callejeros están regentados por vendedores con artes de comercio asiático, es decir, son algo pesados, y el interés de lo ofertado es bastante bajo.

Si a pesar de mis consejos, decidís acercaros, pasead por las calles perpendiculares a Portobello road, porque, al menos, os encontraréis con bonitas casas de estilo victoriano.

Casas victorianas en Nothing Hill by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Dejo para el final lo peor de Londres y, sin embargo, lo que más interés despierta: el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham.

Y es que a mí el rollo militar nunca me ha gustado, aunque esté aderezado por charangas y escenografía extravagante. Pasé por allí, por si coincidía con el cambio (no sabía entonces que se hace una sola vez al día y a las 11:30), pero llegué antes. No tan antes como los cientos de personas que ya esperaban allí al espectáculo. Así que saqué la foto hacia el lado contrario hacia donde lo hacían los demás y me fui.

Expectación en Buckingham Palace by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Después de estos dos post, el que halaga y el que desdeña Londres, me he quedado con ganas de hablar del Big Ben. Y es que tengo alguna foto de la que me siento orgulloso de mostrar. Bueno, si queréis verlas pinchad aquí. Es mi cuenta en 500px. Daros una vuelta a ver qué os parecen y me contáis.

Viajar por Londres con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Londres, Viajar el April 14th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Suele ser habitual que cuando aterrizas en un lugar, la primera impresión sea también la última. Pues en ésta ocasión se vuelve a confirmar. Londres es la gran ciudad que me esperaba. Cierto es que ya iba predispuesto a que me gustara; tanta gente diciéndote lo bonita, rica, alegre, amable y monumental que era, tantas películas ambientadas allí, tantas historias entorno a leyendas de la música… que no podía no gustarme.

Sin embargo, algo no cuadraba con lo esperado.

Llegué al aeropuerto de Heathrow y una hora de metro después saqué la cabeza a la superficie en una estación del Bank Side, al sur del Támesis. Lo primero con lo que me encontré fue con un frío de cojones. Puedo afirmar que el invierno más frío que he pasado en mi vida ha sido ésta primavera en Londres. Y lo siguiente con lo que me topé fue con The Shard, un edificio acabado de construir en 2012 y que pide tu atención, estés en la calle que estés. Sus 310m de altura no pasan desapercibidos.

Puente al futuro by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Ésta zona es fabulosa, y dentro de unos años lo será aún más. Cuando todos los edificios de cristal se terminen de construir, los andamios dejen de entorpecer el paso de peatones y las grúas no estropeen el encuadre a los fotógrafos, el Southwark será uno de los distritos más interesantes por los que pasear.

Y no es precisamente por estos nuevos edificios, sino por su perfecta convivencia con los viejos, bajos e históricos edificios de ladrillo caravista.

Pasado y presente  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Hay otros lugares interesantes en ésta zona.

Muy cerca de The Shard está el Borough Market, un mercado municipal, como su propio nombre indica, lleno de historia y pilares de metal. Que el tren pase justo por encima de sus puestos no le quita ni un ápice de encanto. Puedo imaginarme perfectamente cómo, varios años atrás, llegaban al mercado barcos procedentes de todo el mundo con sus mercancías y a la gente comprando entre pinta y pinta.

El mundo desde 1872 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

En la orilla del río también se encuentra otro de los atractivos más demandados por los turistas: el London Eye. Pero francamente, a mí me pareció de lo más aburrido de Londres, y eso que tan sólo pasé por allí. Sin embargo, la gente petrificada por el frío y por la espera parecía interesarles mucho subir. No sé, tal vez el precio, 19,20 libras, les parecía justo.

Ojo a la primavera londinense by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

A mí me gustó más el Millennium Bridge. Sí, ya, no es una barraca, ni da vueltas, ni te permite ver Londres desde las alturas, pero es un bonito puente con unas vistas más bonitas todavía, a ras de suelo. A un lado la St Paul Cathedral y al otro el Tate Modern. Además, miles de personas cruzan sin parar de un lado a otro, turistas, trabajadores, deportistas… permitiendo disparar cada segundo tu cámara sin que se repita la fotografía.

El día de su inauguración, el 10 de junio del año 2000, cruzaron hasta 90.000 personas, tantas que tuvieron que cerrarlo dos días después para corregir el excesivo balanceo que los peatones provocaban. Hoy aún se mueve, pero, las fotos, nítidas.

Frío sobre el Támesis by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y de puente a puente tiro porque me lleva la corriente.

Bueno, a decir verdad me llevaban los pies, aunque el que quiera puede dar paseos por el Támesis. Yo no lo hice, pero no me faltaron ganas, porque aunque sea una turistada, se deben conseguir unos puntos de vista interesantes.

Yo me planté delante del Tower Bridge andando, poco a poco, parándome cada dos por tres para fotografiar uno de los puentes más legendarios, y bonitos, de todo el mundo. Al final, tanto disparar, para nada. No estoy contento con ninguna de las fotos que hice. Así que pongo ésta donde los gorros de las turistas japonesas desvían la atención.

Tower Bridge by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Londres es tan grande, más de 7 millones de personas, viven, corren, trabajan, duermen, comen y beben en sus calles, que es difícil que todo te guste. Por ejemplo, el precio del transporte.

Ah, ¿qué esperabais; que iba a hablar de alguna zona de la ciudad, de algún museo…? Bueno ya llegará. No os preocupéis, tengo críticas para dar y tomar. Pero antes: el transporte.

2,40 libras por trayecto en bus. 25 libras durante los dos primeros días de metro, y eso que saqué la Oyster (una tarjeta monedero) y el presupuesto se reduce bastante. Una auténtica barbaridad, pero si estáis sólo 6 días en Londres como yo, es absolutamente necesario coger el transporte público.

Dejándose llevar por el metro de Londres by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Para llegar a este impresionante edificio, podéis bajaros en la estación Monument de las líneas Circle o District. Pero no creáis que el nombre de la estación hace referencia a ésta construcción. Es el nombre que recibe una columna levantada en 1677 para conmemorar el gran incendio de Londres de 1666 y el lugar exacto donde se originó, una panadería. En su día fue la construcción más alta de la ciudad con unos vertiginosos 61m, pero hoy está engullida por edificios de oficinas. Y son éstos los que captan la atención.

Éste de aquí es la sede de Berwin Leighton Paisner, un bufete de abogados con unos ingresos que superan los 240 millones de libras. No me extraña que tengan un edificio así y que el tipo ese me mire con ganas de enjuiciarme y quitarme hasta la camisa.

Un hombre o un abogado by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

No vi muchos turistas por la City. Y los que vi estaban alrededor de The Monument, pero ésta zona es muy recomendable.

La historia de Londres empezó aquí, cuando los romanos, quiénes si no, levantaron un asentamiento en el año 43 d.C. Hoy es casi imposible ver algo de aquella época (aunque se puede). En su defecto, se puede disfrutar del mercado de Leadenhall. Muy frecuentado por los ejecutivos que trabajan por los alrededores. Se dejan caer para almorzar, beber algo, hacer algunas compras delicatessen y a que les limpien los zapatos. Sí, qué mejor lugar que unas galerías victorianas para encontrarnos con un empleo del pasado.

El mercado de Leadenhall  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y ahora con zapatos limpios, continuamos camino. ¿Dirección? 30 St. Mary Axe. Allí, bien erecto, está el primohermano de ese otro edificio fálico que hay en Barcelona, conocido por el pito o el pene. Aquí, los londinenses han sido más pudorosos y lo han llamado Gherkin (pepinillo). En cualquier caso, un bonito edificio.

Fue de los pocos momentos en que los rayos de sol salieron para mejorar mis fotos. Me pregunto qué tal se le dio a aquel tipo con quien me crucé y que llevaba en la mano la misma cámara que yo.

“Eih, another fujifilm guy!”

Gherkin, una torre con sabor by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Hay lugares en Londres fabulosos, pero hay otros que no lo son tanto. Pincha aquí para ir a la segunda parte de este viaje y saber de cuáles hablo.

“Kosallu”, una historia que casi fue película y se quedó en casi una novela

Publicado en Literatura el March 13th, 2013 por diegojambrina

kosallu

Álvaro Gurrea fue un publicitario brillante y profesor de creatividad en la Universidad del País Vasco. También fue un artista frustrado, como a él le gustaba decir. Aseguraba que todos los que nos metemos en el mundo de la creatividad, sobre todo, los creativos, somos unos frustados. Una gran verdad.

En su caso, le gustaba el cine y la literatura. Curiosamente, a mí también, pero ya concretaré mis frustraciones en otro momento. Ahora, quiero hablar de Álvaro y sus inquietudes artísticas. ¿Por qué? Porque me acabo de leer su última novela, y la voy a criticar. Ahora evalúo yo al que fue mi profesor de creatividad.

Es una obra corta, de 177 páginas, titulada con el nombre de su personaje principal: “Kosallu”. Bueno, la verdad, es que no es el protagonista principal, al menos no es el único. Hay otro.

En ésta obra está Kosallu, un hombre oscuro, sin pasado conocido y temido y odiado por todo el pueblo. Y está el que cuenta la historia de Kosallu; uno de esos vecinos que muestra abiertamente su desprecio hacia él. Protagonista y antagonista. El lector decide quién es quién.

Se nota que este libro lo ha escrito un amante del cine. Los flashbacks y las voces en off le delatan. Pero también el estilo literario, que trata constantemente de hacernos imaginar las escenas, en lugar de hacernos disfrutar con el arte de la palabra. Incluso el mismo Álvaro Gurrea dudó en si hacer una película o un libro: “En su momento pensé en una historia para un cortometraje, o incluso un largo”, se sincera en ésta entrevista del blog de Elkar.

También se nota que ha sido creativo publicitario, y de los buenos, porque al final de cada capítulo nos sumerge en las aguas más venenosas que existen, las de la curiosidad. Y pasamos de página con la mayor rapidez posible para seguir leyendo y desvelar así las incógnitas que nos había planteado. Lo malo, es que las expectativas prometidas siempre son demasiado grandes y la desilusión muerde con furia el deseo del lector.

En definitiva, Álvaro, “Kosallu” era una buena historia, sí, no hay duda, pero aún te queda mucho para alcanzar la maestría que tuviste como creativo y profesor.

¡Ánimo!

Álvaro Gurrea Saavedra
“Kosallu”
Ediciones TTARTTALO
www.ttarttalo.com

Viajar por Jordania con una cámara de fotos

Publicado en Canon, Fotografía, Jordania el February 10th, 2013 por diegojambrina

Es cierto que Petra es una de las maravillas, no sólo de Jordania, sino del mundo, pero este país tiene otros lugares que te quitan el aliento. Claro que el calor seco que pasas también tiene parte de culpa.

Empiezo por una ciudad romana a 50Km al norte de Amman, Jerash.

Quien haya estado en la Acrópolis de Atenas o en los foros romanos y no en Jerash, se atreverá a discutir conmigo por la majestuosidad de las ruinas, y lo puede hacer, pero no me convencerá. Andar por las calles de Jerash es mucho más emocionante. Cierto es que Roma es la ciudad del imperio, y que eso, hoy, 2000 años después, aún se nota, pero Jerash tiene el encanto de lo recientemente descubierto.

Columnas de una civilización pasada by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Pero es más que el encanto. Su estado de conservación es excelente y lo que queda por desenterrar tan grande como lo descubierto hasta ahora.

Y es que el recinto es enorme, con pavimentos, columnas, grandes avenidas, edificios, baños, fuentes, teatros, circos… lo tiene todo. Por tener, tiene hasta viviendas particulares aún habitadas. ¿Qué otro lugar del mundo puede presumir de ello?

Lo malo es que no podrás visitarlas a no ser que te hagas colega de algún lugareño y te invite a tomar el té. En esas casas que rodean el recinto los suelos están decorados con mosaicos romanos.

Capitel sin columna by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y hablando de amigos, aquí tenéis un par de ellos. Estos son los mejores amigos que te puedes echar en el desierto, el otro gran lugar que visitar de Jordania.

El llamado Wadi Rum. Sencillamente espectacular. Es tan grande que puedes sentirte solo hasta viajando en grupo. Una de las mejores experiencias que he vivido. Sin duda. Y eso que no llegué a montar en dromedario, eh.

Un par de amigos en el desierto by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Me moví entre dunas con jeeps humeantes, castigados por la arena y el calor del día y la arena y el frío de la noche. Aunque si bien es cierto que en la época en la que yo fui no bajó gran cosa la temperatura, un mes antes nevaba.

Un parada para saborear el desierto by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Wadi Rum, también conocido como el Valle de la Luna, es el desierto que cautivó al mítico Laurence de Arabia. Pocos eran los que llegaban a comprender por qué un civilizado caballero inglés veía en el desierto un lugar donde vivir. Y estoy seguro de que aún hoy pocos lo entienden. ¡Qué cojones, ni siquiera yo! Nadie, a no ser que viaje hasta allí, puede comprenderlo y eso que la película interpretada por Peter O’toole nos acerca perfectamente hasta las dunas, rocas y explanadas del sur de Jordania.

Un territorio, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, en el que eres y te sientes tan pequeño, que ni sales en la foto ni te ves capacitado para levantar la voz. No eres más que una minúscula mancha sin sombra.

Inmensidad del desierto Wadi Rum by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y por fin, Petra.

Sí, creedme, por entre esas rocas está una de las ciudades nabateas más importantes. Y lo es precisamente porque estaba bien escondida. Pocos podían imaginar que en esos lugares había una rica ciudad que saquear.

Además de mimetizarse con el entorno, por entonces, cuando los ciudadanos nabateos vivían allí, la única entrada, bien oculta, era un pasillo cada más más estrecho y más profundo. Eso hacía que los ejércitos invasores tuvieran que avanzar hombre a hombre y estuvieran expuestos a que les cayeran desde lo alto rocas, mofos y escupitajos de los defensores.

La ciudad de Petra se esconde by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El camino hasta llegar al primer edificio es tan angosto como lo que veis en esta foto.

La mítica, la que habéis visto una y otra vez en los reportajes gráficos de National Geographic o en los documentales o en La última cruzada de Indiana Jones es ésta, pero ésta que pongo yo aquí tiene un valor aún mayor, porque es mía, es la que yo saqué, porque yo estuve allí. Es emocionante pensar en ello.

El tesoro te ilumina by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Sólo hay una pega: aquello parece la hora punta en una estación de metro de una gran ciudad. Nada que ver con lo que Indiana y sus dos acompañantes vivieron.

Yo llegué con mi grupo, de por sí ya numeroso, sobre las 9 y media de la mañana y aquello era una lucha constante, no para hacer una foto, sino para abrirse paso y poder continuar caminando. En cualquier caso, es un lugar mágico, al que aconsejo ir.

Pregunté al guía cuándo era la mejor época para visitar Petra y poder evitar la masificación. Y la respuesta fue, “es imposible evitarla”, pero la mejor época es octubre. Algún día me daré un buen regalo de cumpleaños y me plantaré allí de nuevo.

Petra, hora punta by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Pero si no podéis ir en octubre, hay otra fórmula para disfrutar sin gente de la ciudad de Petra y de este espectacular edificio: aguantáis hasta la tarde.

A las 4 de la tarde, prácticamente la ciudad queda desierta y el color rosa que la caracteriza se hace más patente. Llevad agua en abundancia, sombrero, gorra o, mejor aún, un pañuelo jordano y aguantaréis y disfrutaréis más que los demás. ¿O acaso no os parece maravillosa la fachada de la Tesorería o del Tesoro sin más compañía que la que veis en la foto?

El Tesoro de Petra es Petra by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y no os preocupéis por el tiempo, no os aburriréis en ningún momento. La ciudad es enorme, tanto que en un sólo día no podréis ver todo lo que hay en ella.

Y repito, no os olvidéis del agua, algo de comida y taparos la cabeza.

Autoretrato en Wadi Rum by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Mercedes-Benz, una historia de creatividad sobre ruedas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Dicen que para ver todas las obras del Museo Louvre, con el detenimiento que se merecen, deberíamos estar dentro 9 meses. Cumplido ese tiempo saldría un nuevo ser, porque tú ya no serías tú, sino vete tú a saber quién. Para ver el Museo Mercedes-Benz, no temáis, os recomiendo un día completo, aunque bien podríais estar más de dos, si quisierais verlo con el detenimiento que se merecen las obras de arte que en él hay expuestas.

Para empezar, el edificio impresiona, sobre todo, por su tamaño. Nueve plantas y una superficie de 16.500 m2. Una sede tan grande como la historia de la marca, diseñada por el estudio de arquitectura UNStudio van Berkel y Bos de Ámsterdam.

Edificio del Museo Mercedes-Benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Fijaros que hasta el taxi que hay en la entrada es tan grande como un camión. Vamos, como que es un camión.

Con él hicieron una acción de marketing de lo más creativa y agresiva. A todos aquellos que llamaban a un taxi desde una sede de la competencia, un concesionario Volvo, por ejemplo, les iba a recoger este camión. Una prueba de producto por parte del usuario de lo más inesperada.

Genial.

Y tras estos minutos de publicidad, continúo con el museo.

Dije en el anterior post, el del Museo Porsche, que éste de Mercedes-Benz es mucho más que un museo de una marca de coches. Aquí se muestra prácticamente por completo los 125 años de la historia del automóvil desde el primer día. Como no podía ser de otro modo, porque fue una de las patas de la marca, Benz, quien inventó el coche.

Aquí lo tenéis: el primer automóvil con motor de combustión interna diseñado y fabricado por Karl Friedrich Benz en 1886.

El primer coche de la historia by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

A lo largo de los nueve niveles, unidos en espiral, una forma inspirada en el ADN de doble hélice que simboliza la herencia humana, podéis ir descubriendo la evolución del automóvil unida a la evolución de la sociedad. 160 vehículos y más de 1.500 objetos.

Joyas de la historia del automóvil by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Carteles, posters, anuncios, periódicos, bicicletas (de marca Mercedes, por supuesto)… todo perfectamente expuesto, iluminado y contado gracias a una audioguía que no funcionaba tan bien como cabría esperar.

De todas formas, qué más da qué te digan de este coche. Verlo ahí, tan nuevo, tan grande, tan brillante, tan majestuoso obnubila a cualquiera.

Admiración por Mercedes-Benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Esta es una de las etapas de la historia de la marca que más éxito tienen entre los visitantes, cuando aún Mercedes y Benz no se habían decidido a fusionarse.

El tamaño de los coches y su perfecto estado de conservación impresionan a niños y mayores. Más si cabe cuando escuchas por los auriculares que algunos de esos vehículos se rescataron de viejas cocheras, o, mejor dicho, de viejos establos casi derruidos.

Un Benz en el museo de Mercedes-benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otra de las características que más sorprende es que eran coches que se hacían por encargo. Nada de ir al concesionario y llevarte el de Km O. Tanto los primeros vehículos comercializados como estas joyas del motor se hacían como se hacen ahora los coches de marcas de lujo: sueltas primero una entrada y esperas.

Claro que por aquel entonces, la mano de obra era exactamente eso, mano de obra. Estos coches estaban fabricados a mano. Orfebres expertos en su oficio e ingenieros y mecánicos capaces de realizar unas maravillas que circulaban a más de 160Km/h.

¡Cómo me gustaría conducir uno de estos imponentes deportivos! Y me da que la chica esa que asoma por la izquierda también.

Pasión por el rojo de Mercedes-Benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Como veis hay mucho que ver en el museo, pero sin duda alguna la estrella es el Mercedes-Benz 300 SL, más conocida como “alas de gaviota”. Una obra de arte, creativa en todos los sentidos, aunque uno de ellos sobresale más que los demás. Sí, las puertas. Unas puertas que encierran una historia curiosa.

La verdad es que yo me enteré allí mismo. Desconocía por completo que ese diseño se debía a un error por parte de los ingenieros. Pensaron en todo, menos en cómo entrar al coche, y, claro, cuando lo hicieron no tenían forma humana de colocar unas puertas con bisagras estándares. Afortunadamente, los diseñadores tuvieron la genialidad de innovar y les salvaron el culo.

Mercedes-Benz Alas de gaviota by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

De vez en cuando, encuentras en el camino una lección de mecánica en formato diversión, como éste. Una manivela, un poco de fuerza y hacías sonar el carburador y levantar la pelotita. Los chavales se volvían locos con él, y alguna que otra chica también se animó a jugar. Me encantan las mujeres que disfrutan con los coches.

Girando un compresor en el Museo Mercedes-benz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

A medida que uno se acerca al final, más cerca está de la era actual y menos espíritu de museo hay. Pero aún queda una sorpresa.

Al llegar a la primera planta os encontraréis (doy por hecho que os he convencido para ir) con un espacio que recuerda a los viejos circuitos inclinados.

Allí, uno se encuentra con la evolución del bólido. Todos tienen su encanto, pero tal vez los que más destacan sean los antiguos, con sus gigantescas formas y cinchas de cuero para cerrar los capós.

Un bólido algo anticuado by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

¿Y qué me decís de este bólido rojo? ¡Buah, qué maravilla!

Un coche 10 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y para acabar, antes de pasar por la tienda, y llevarte una miniatura del “alas de gaviota” (todo el mundo elige el 300 SL), puedes sentarte en el Fórmula 1 más moderno de todos y cerrar el ojo izquierdo.

Sueño inclumplido by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Porsche, creatividad y diseño de altas velocidades

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Hay dos motivos por los que recomiendo visitar Stuttgart. Uno, es el Museo de Porsche y, otro, es el Museo Mercedes-Benz. Todas aquellas personas a las que no les gusten los coches, deben visitarlo igualmente, porque los dos museos están hechos con tanto estilo y rigor histórico que no echarán en falta ni iglesias, ni pinacotecas, ni cascos históricos por los que patear.

De todas formas, si queréis casco histórico, lo tenéis, aunque su construcción sea posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Cerdo de oro  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Stuttgart fue destruida casi en su totalidad por las bombas de los aliados y, como el resto de Alemania, su reconstrucción se ha hecho con mucho detalle y tratando de respetar, en la medida de lo posible, la arquitectura original. Aún así, el verdadero placer son los museos automovilísticos, insisto.

Y si alguno de vosotros pasa de mi insistencia, echad un vistazo a este otro post, donde hay otras razones por las que visitar Stuttgart y otras zonas del suroeste de Alemania.

Para los que se quedan en este post, empezamos con Porsche, y con una fotografía que no es mía. Sí, lo sé, pecado mortal no haber sacado ni una sola foto del espectacular edificio que alberga el museo, pero la emoción tenía atenazada mi responsabilidad como bloguero viajero y entré corriendo.

Por cierto, los arquitectos de la obra son los austriacos Elke Delugan-Meissl y Roman Delugan, quienes tienen una interesante colección de trabajos realizados. Date una vuelta por su web, que por sí misma merece también una visita.

Una vez dentro del edificio, te encuentras con la taquilla, que tratas de superar lo antes posible, sin pensar en los 8€ que has de dejar. Coges tu audioguía en el idioma que prefieras y, hala, para arriba.

Y con los primeras hitos que te encuentras arriba es con algo de lo que muchos amantes de la marca reniegan: la relación directa del Volkswagen “Escarabajo” con Porsche. Pues sí, el Sr. Ferdinand Porsche diseñó el Kdf-Wagen, más conocido por nosotros como el “escarabajo”.

Kdf-Wagen o Volkswagen Escarabajo by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

El parecido entre el Kdf-Wagen y este Porsche 956/2 es indiscutible, pero ¡qué más da!, los dos son preciosos.

Porsche 356/2 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Los coches que hay expuestos en el Museo Porsche son, además de coches históricos, algunos, y espectaculares, todos, obras de arte. Por eso, no me canso de recomendar su visita a todo el mundo, sea o no amante del motor. Estos coches son arte en metal, vidrio y goma, como ésta reminiscencia de los platillos volantes: el 356 Roadster.

Un Porsche para quitarse la capota by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Además, los coches están expuestos de tal forma que parecen juguetes en sus cajas, listos para desembalar y jugar con ellos. La mayoría de los vehículos se han colocado sobre una tarima negra y fondo negro que resalta su gran belleza.

Porsche 911 Carrera, reflejo de poder by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

También destaca la iluminación, perfecta, luz a raudales por cada esquina y focos colocados estratégicamente para hacer brillar cada centímetro de chapa y cromado. Se aprecia especialmente en este Porsche Speedster Carrera.

Ademas, mi Fujifilm X100 es otra maravilla del diseño y la técnica, y es capaz de hacer unos fabulosos enfoques con mínima profundidad de campo, genial para destacar los brillos y los detalles de las obras expuestas.

Porsche Speedster Carrera by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y ya que he empezado a alabar mi cámara, seguiré con ello.

Ni flash ni ruido del obturador. Así debe ser. El flash directo al objeto no hace más que generar brillos molestos y el ruido advierte a las personas a las que fotografías de tu presencia, y, no, no siempre quiero que se aparten. ¿Se entendería una fotografía en la que todo está al revés? Definitivamente no. Parecería que es la foto la que está al revés, y no lo fotografiado.

Como en esta ocasión, en la que las mentes creativas que diseñaron el museo decidieron colocar al Porsche 956 colgado del techo para escenificar lo que se decía de él en los circuitos: es tan rápido que sería capaz de rodar por el techo. Una vez alcanzados los 321,4Km/h… ¡alehop!

Porsche patas arriba by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Aunque si piensas que con un coche como estos podrás escapar de la policía, estás muy equivocado. Ellos también tienen el suyo: Porsche 911 Carrera Coupé “Polizei”.

Porsche para perseguir by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Otro de los atractivos del Museo Porsche está en la posibilidad de saber lo que se siente dentro de uno de estos coches. La estética es importante, pero los amantes del motor disfrutamos también con el sonido y la vibración que provocan los CV.

Para ello, han ideado una plataforma que al pisar en ella activa el arranque de un motor, el suelo vibra y comienzas a oír cómo sube de marchas y de velocidad. Esto lo hacen con todos sus modelos, incluido los tractores, que también los tienen. Esta peculiaridad no es exclusiva de Lamborghini.

Sentimiento Porsche by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Y para que veáis que lo de los tractores no me lo invento, aquí tenéis una prueba fotográfica.

Tractor Porsche by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh)) on 500px.com

Un gran museo, de dimensiones perfectas para no cansarte en exceso y contemplar cada modelo con tranquilidad. Eso sí, os recomiendo ir prontito, porque es uno de los museos con más éxito de Stuttgart y se puede llenar con facilidad. Cuando yo salía de él, entraban grandes grupos de turistas, entre ellos, los temidos japoneses. Estoy seguro de que eso le resta encanto. Y estoy tan seguro porque lo viví en el Museo Mercedes-Benz, al que acudí nada más salir del de Porsche, y del que hablo en éste post.

Os adelanto que cometí el error de ir a los dos museos el mismo día. Hay que reservar una mañana completa (5 horas) para gozar del Museo Porsche y un día entero, sí, un día completo, para el Museo Mercedes-Benz. Ya veréis por qué.

La publicidad de salud, con un toque de humor

Publicado en Este trabajo es mío, Publicidad el February 9th, 2013 por diegojambrina

La publicidad que vende salud no tiene por qué ser triste, emotiva, épica, sería ni aburrida. El humor, en estos casos, también vende. Lo que pasa es que nadie se ha atrevido a hacerlo. Ni siquiera Lagun Aro, que es quien firma este anuncio que hoy os presento, porque, creo recordar, no hubo huevos ni siquiera de presentar. Así que, puedo afirmar que es un trucho en todo su esplendor. Bien grande y bien hermoso ¿o no?

Ya me diréis qué os parece.

Cartel_casting

La cobardía es uno de los grandes obstáculos con los que se enfrentan las agencias, en primer término, y los anunciantes, en segundo y último. Y en el terreno de los seguros médicos es un carácter que se ve potenciado todavía más. Algo contradictorio con la propia medicina, porque si no llega a haber gente dispuesta a cometer errores, ahora mismo no disfrutaríamos de muchos de los tratamientos que tenemos.

Pero el humor, bien encarrilado, no es ningún error, es un instrumento para emitir un mensaje de manera clara, notoria y memorable.

Me hubiera encantado ver en la calle esta creatividad, en la época en la que Risto Mejide tenía pelo largo.

Creatividad para el Día de los Derechos Humanos

Publicado en Este trabajo es mío, Publicidad el February 9th, 2013 por diegojambrina

Se acerca el día 10 de diciembre, el día de los Derechos Humanos, el día en que las instituciones y políticos se visten de reivindicación. Es el día en que sacan campañas de publicidad para recordarnos lo que muchos practicamos cada día del año.

Hace un par de años me encargué de preparar una campaña de estas, y, como sensible que soy en estos temas, me propuse conseguir un objetivo mayor del que me pidieron. Del “haz algo para el día de los DD.HH.” pasé al “trata de hacer ver a la gente que cuando se deja llevar, todos nos sentimos iguales”.

Y así, preparé esta creatividad.

Trucho Derechos Humanos

Elegí el momento culminante del deporte: cuando se es el primero en cruzar la meta, en alcanzar una cima, en encestar un triple en el último suspiro, en meter un gol ganador… porque es un momento de suma felicidad para quien lo consigue, pero también para todos sus seguidores.

Y es un momento culminante porque en ese instante nada importa más. Nos embarga la emoción y saltamos, reímos con locura, lloramos y nos abrazamos con la persona que tenemos al lado, sea quien sea ésta. Da igual.

Por eso, escogí ese instante puro como símbolo para transmitir los mensajes; el que me encargaron y el que yo quise transmitir. El que decía “vamos a celebrar el día de los derechos humanos” y el de “date cuenta de que hay momentos en los que las barreras desaparecen sin ni siquiera proponérselo”.

Para presentar la campaña a los medios, teníamos a varios jugadores de fútbol y unas bonitas camisetas como la del anuncio. Estaban prestos para la foto. ¿Os la imagináis en los periódicos? Mejor esa que no al ministro de turno dándose la mano con un famoso ¿verdad?

Bueno, pues al final esta creatividad no salió. Teníamos publicidad, una app para móvil, camisetas y hasta un juego a través de las redes sociales para averiguar de quién era el torso del jugador del anuncio. Una pena.

Estaremos atentos a lo que sacan este año. Y si queréis, lo comentamos aquí.

Reflexiones sobre lo superfluo, lo vital y la publicidad

Publicado en Publicidad el February 9th, 2013 por diegojambrina

Hace unas semanas estuve de visita en un hospital y pude confirmar una idea que me venía rondando la cabeza desde que empecé en esto de la publicidad: hay más seriedad y dramatismo en una agencia de publicidad que en un hospital. Y entiéndase la seriedad como falta de alegría o exceso de formalidad, no como profesionalidad. No nos equivoquemos.

Mientras procuraba no molestar, guardar silencio, moverme despacio, permanecer serio ante las circunstancias… bueno, en definitiva, conseguir el imposible objetivo de ser invisible -quien haya sido visitante en un hospital ya sabe a lo que me refiero-, veía cómo las enfermeras, camilleros, médicos y demás equipo sanitario se movían como cualquier ávido consumidor en un mercadillo.

No tienen miedo al contacto físico. No tienen miedo a sonreír. No tienen miedo a llenar de sonidos los pasillos y las salas. Vamos, que eran las únicas fuentes de vida.

Ante esta actitud, uno de los enfermos se sentía molesto. “¡Se lo toman todo a risa!” me decía. Al enfermo le indignaba que hablaran de cosas triviales entre ellos, mientras le hacían un catéter a él. “¡No tienen corazón!”. No, amigo, en aquellos momentos, tenían hasta dos corazones: el tuyo y el suyo propio. Y se comportaron como lo que son; trabajadores y personas.

Estoy convencido de que nos iría a todos mucho mejor si nos tomáramos nuestro trabajo como los médicos y los enfermeros se toman las enfermedades.

Sólo así erradicaríamos nuestras propias enfermedades: ansiedad, hernias de hiato, gastritis, tics musculares… ¡A tomar por culo!

Patologías que se ven, se tocan y te ahogan nada más entrar en una agencia. Es como el pegamento que nos une. Creativos, diseñadores, artes, ejecutas, directores, becarios… unidos por lo más triste: la creencia de que nuestro trabajo es vital.

Y no, no lo es.

Y no trato de hacer un alegato contra el trabajo, sino todo lo contrario. Quiero trabajar, pero trabajar con alegría, ¡con alegría, coño!, como los médicos, como en un hospital. Suena raro ¿verdad?, pero no lo es.

Y ya veríais cómo se cumplen plazos, se ganan cuentas, se reciben premios…

¿Tenéis vosotros la misma sensación o es que yo soy un bicho raro al que hay que ingresar?