Viajar por India con una cámara de fotos

Publicado en Canon, Fotografía, India, Viajar el May 15th, 2012 por diegojambrina

Canon450D

Parte I

El conocido “triángulo de oro” de India bien podría haberse llamado “triángulo de miseria”. Delhi, Jaipur y Agra son las tres ciudades que conforman este triángulo y las tres levantan su imagen de oro sobre pilares de mierda. Y no, no es ninguna expresión malsonante. Si digo mierda es porque la mierda se ve, se huele y se toca.

Pero no es la suciedad lo que destaca. Como decía, ésta zona al norte de India brilla por la miseria. Hay tanta, que el guía con el que compartimos viaje durante 7 días se sentía avergonzado de lo que veíamos e insistía en que en su país también existe la clase media; una gran masa de personas consumidoras que sustentan y potencian su economía hasta convertir a India en una superpotencia emergente.

Pero este guía, y todos los indios de la clase media hacia arriba, no debería sentir vergüenza, debería sentir rabia. Rabia por los millones de personas que viven de la mendicidad, por los millones de personas que duermen en la acera, en las medianas de las carreteras, con tan sólo sus enfermedades, amputaciones, deformaciones y suciedad como herramientas para obtener algunas rupias.

¡Pero cómo van a sentir rabia, si para ellos la vida que cada uno tiene es la vida que debe tener!

Aceptan todo lo que les cae. Y si lo que les cae son dos trapos y un suelo duro donde quedarse tumbado, pues con eso se quedan.

Sol y sombras en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Jaipur no es, la capital, pero casi. Es enorme. Muy extensa, pero sin rascacielos. Llena de tráfico, camiones, autobuses, coches, motos, rickshaws, carromatos, carros, gente y contaminación. Lo de cualquier capital, salvo los rickshaws, carromatos y carros, claro.

Pero aquí es de lo más normal del mundo ver un carro tirado por un dromedario. Aunque lo más habitual es la fuerza humana. Parece mentira que con esos cuerpecitos puedan pedalear. Pero pueden, claro que pueden. Además, los autobuses escolares no están hechos para estas calles. Los rickshaws son rápidos, silenciosos, se meten por cualquier rincón y con cero emisiones de CO2.

Rickshaw escolar en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Os habréis fijado que la decoración arquitectónica es aquí muy uniforme. De hecho a la parte vieja de Jaipur se la conoce como la Ciudad Rosa. Es ordenada… Perdón, perdón. No, no lo es. Es un puto caos. Lo que quería decir es que las calles están trazadas de manera ordenada: una cuadrícula perfecta, y entre ellas se pueden encontrar todos lo bazares que uno pueda imaginar. Y en cada bazar dos o tres comerciales instruidos en las más agresivas técnicas de venta. Aunque si todos fueran como yo, se arruinarían en dos días.

Yo iba a lo mío. Fotos y más fotos. Y no creáis que es difícil disparar. Es lo más sencillo del mundo. A un occidental, cualquier cosa en Jaipur le llama la atención. Incluso uno mismo es una atención. “Photo, photo”

Escolares en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para no recibir acoso ninguno de los tenderos, no hay como salir de la zona turistica y pasear por las calles adyacentes. En Jaipur puedes torcer en una esquina y tener la sensación de haber cambiado de país. La gente deja de llamarte a gritos insistentemente. Y lo son. Muy insistentes. Si no consiguen hacerlo en inglés, cambian de idioma. “¿Español? ¿Por qué no me escuchas? ¿No te gusta hablar con nosotros? ¿Français? ¿Deutsch?

Es entonces cuando yo me convierto en el acosador. Con cámara en mano me meto hasta en la cocina. Y para muestra, un cazo.

Puesto callejero de comida en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En Jaipur hay maravillas arquitectónicas, sí, palacios y observatorios astrológicos que resultan interesantes de visitar. Pero no será en este post donde encontréis fotos de ellos. Tras la visita a Jaipur, lo que me resulta realmente interesante de contar es lo que vi en la calle.

También me resultó interesante una visita a una cooperativa, a lo MONDRAGON, que daba trabajo a 900 personas. 900 empleados y socios de un negocio que no parecía irles mal. Y eso, a pesar de los precios de sus productos, porque no son precisamente los que se encuentran en los bazares que antes he comentado. Aquí los precios están marcados por el trabajo, la dignidad y la justicia. La justicia para el que compra y para el que vende.

Trabajando en cooperativa en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y hablando de justicia, qué horror que una de las maravillas arquitectónicas de India y del mundo esté rodeada de la miseria más absoluta.

Agra es una de las ciudades más pobres del país. Aquí vive muchísima gente perteneciente a la casta más baja: a los intocables. Mil veces hemos oído hablar de ellos, pero hasta que no lo ves con tus propios ojos no te lo crees. Incluso viéndolo por tí mismo te dices que no es real. No es posible que la gente pueda vivir sobre la mierda, entre tan apestoso olor, y, además, con tal desaprobación del resto de castas. Vergonzoso.

Y entre tal cantidad de podredumbre, se levanta el Taj Mahal.

Este mausoleo es para desmayarse de belleza. Sentí lo que sintió Stendhal en Florencia. Lo juro. Sufrí el famoso síndrome de Stendhal. Las manos me temblaban. Apenas podía manejar la cámara. Me mareé y la ansiedad por no ser capaz de capturar una mínima parte de semejante preciosidad se apoderó de mí.

Tal vez los 40º de calor, el intenso sol y el recuerdo de la miseria de Agra fueron también culpables de mi estado físico, pero he estado otras veces en situaciones extremas como ésta y puedo asegurar que no sentí lo mismo.

Taj Mahal  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Dicen que el Taj Mahal es una demostración de amor. Yo lo ampliaría diciendo que también lo es de poder y dinero. Yo también quiero a mi mujer, pero no puedo hacer semejante alarde. Y aunque pudiera, no lo haría. Tanto derroche por una sola persona, cuando hay millones que con una sola pizquita de afecto se conformarían, no puede ser.

Como veis, sentimientos enfrentados ante este edificio perfecto en su arquitectura simétrica. Y es que esas torres de los extremos están inclinadas hacia el exterior del complejo para que nuestro cerebro perciba una verticalidad, sí, perfecta.

Taj Mahal by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El tiempo que estuve en Agra, el Taj Mahal se convirtió en una obsesión.

Tras su visita, fuimos hasta el Fuerte Rojo, situado a dos kilómetros y medio, y, aunque es un lugar digno de fotografiar, no podía más que buscar cúpulas al otro lado del río.

También es cierto que tenía la difícil tarea de traer de India una buena fotografía del Taj Mahal; un encargo de mi hermana, amante en la distancia de un país que nadie, que no haya nacido allí, podrá jamás comprender.

Taj Mahal desde el Fuerto Rojo by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El triángulo está incompleto.

Os he hablado de Jaipur y Agra, pero aún me queda contaros lo que vi y fotografié en Dehli y, por qué no, de otros maravillosos monumentos arquitectónicos que hay en esta zona del mundo apestado de miseria.

También daré un consejo a aquellos que viajen, como yo, con una cámara de fotos. Algo que resultará fundamental para que las fotografías no pequen del mismo mal que las mías.

Viajar por Provenza con una cámara de fotos (3 de 3)

Publicado en Arlés, Canon, Fotografía, Francia, Lomografía, Provenza, Viajar el May 2nd, 2012 por diegojambrina

Parte I
Parte II

Canon450D y Mini Diana Lomography

Hay un pueblo en Provenza que merece un post para él solo.

Cuando el loco del pelo rojo llegó allí, se dio cuenta de que aquel era el lugar perfecto para pintar. Luz. Luz. Y más luz. Vincent Van Gogh pintó en Arlés muchos de sus mejores cuadros. Su creatividad se desató gracias a su locura y a la luz. Hoy, este maravilloso lugar es sede de uno de los festivales de fotografía más importantes del mundo. Otra vez la luz.

Felix Nadar afirmó que “fotografiar es pintar con luz”. No pudo ser más exacto al definir así este arte. Seguro que él y Van Gogh se hubieran entendido bien.

Muchos años después, Arlés sigue siendo luminoso. Si se tiene la suerte que yo tuve con el tiempo, se puede disfrutar de estupendos paseos por las estrechas calles o plácidas caminatas por la ribera del río Ródano. Así, paso a paso se acaba llegando a un punto en el que Vincent clavó su caballete e inmortalizó el Puente Langlois como sólo él ha sabido hacerlo.

Yo, inspirado por su mirada, retraté el puente con tres exposiciones sobre un mismo espacio del negativo. Tengo otras fotos realizadas con la cámara reflex digital, pero no conseguí captar ni la luz ni la locura mejor que con la Mini Diana de Lomography: una cámara analógica de plástico, con objetivo de plástico, de 49€. Además, para potenciar los colores y el contraste usé un carrete de diapositiva, el Kodak Ektachrome de ISO 100, e hice un revelado cruzado, es decir, se utilizó una solución química destinada al revelado de negativo fotográfico.

El loco del puente

Llegar hasta el puente es bien fácil; basta con seguir las indicaciones que hay por el suelo. Unas pequeñas flechas facilitan un recorrido que te lleva hasta los diferentes puntos donde Van Gogh encontró un motivo que pintar.

Podéis acercaros a la oficina de turismo. Allí tenéis, gratis, un mapa con unos diez lugares a los que ir. Si eres un apasionado del pintor holandés, como creo que ya habréis averiguado que soy yo, es un recorrido que no debéis perder. Pero aún no siéndolo, podéis seguirlo de igual modo porque te lleva por muchos lugares interesantes.

El loco del puente

Uno de esos lugares es Las Arenas de Arlés, un anfiteatro romano colosal, casi tanto como el de Roma, con capacidad para 25.000 espectadores. Deslumbra por su buena conservación, pero, sobre todo, por su tamaño y el entorno en el que está, rodeado por casas humildes y de poca altura.

Arlés, provenzal y romano by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En cierto modo, Arlés me recuerda a Mérida, porque andando por sus calles te encuentras de golpe y porrazo con una ruina romana, y eso emociona.

Pero en Arlés, además de poder ver el anfiteatro, los baños, el teatro, las murallas, las puertas de acceso a la ciudad y las calzadas de la época romana, el resto es también maravilloso. Me encantan sus calles, sus casas, sus contraventanas, el color amarillo y azul… Hasta los árboles sin hojas y a tono con las consecuencias del paso del tiempo son perfectos para fotografiar.

Luz y color en las calles de Arlés by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y si por si eso fuera poco, los interiores oscuros de las iglesias iluminan la imaginación del fotógrafo permitiendo captar el arte, la historia y los siglos. Los objetivos que llevo con mi Canon y el ISO que permite la propia cámara no son suficientes para operar en el interior de una iglesia, pero en este caso los escasos rayos de luz dramatizan la escena y ayudan a transmitir la historia mucho mejor.

Aún hoy, las cabezas de las esculturas religiosas permanecen decapitadas. Muestran el hastío del pueblo por siglos y siglos de opresión, hambruna y arrogancia de la iglesia católica. Con la llegada de la revolución, la gente se desquitó a golpe de martillo. Curioso que fuera con martillo y golpes como se crearon estos símbolos religiosos y que fueran también martillos y golpes lo que las destruyeran.

Decapitaciones en la iglesia by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

¿He dicho hambruna? Pues hambre, hambre, lo que se dice hambre, en Arlés no tienes porqué pasar. Claro que sin dinero no hay nada que hacer. Bueno sí que lo hay. Sacar fotos a diestro y siniestro. Y, como no podía ser de otra forma, utilicé la Mini Diana que ya conocéis para captar esos fabulosos colores del mercado de Arlés.

Y entre foto y foto, picoteo.

Y para acabar mi viaje por la Provenza francesa, tengo que aconsejaros una parada en la autopista. Porque también en las autopistas hay cosas dignas de fotografiar. Andad atentos justo antes de llegar a Carcasona e id mirando a vuestra derecha. Mejor que lo haga el copiloto. Hay una área de descanso resguardada con altos y frondosos árboles del ruido del tráfico y abierta por el otro lado a un viñedo con el casco antiguo y amurallado de Carcassonne. Esto es lo mejor de este pueblo, pero también es interesante dedicar un par de horas a caminar por sus intramuros.

Carcassonne by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Viajar por Provenza con una cámara de fotos (2 de 3)

Publicado en Aviñón, Cassis, Fotografía, Francia, Fujifilm X100, Viajar el April 23rd, 2012 por diegojambrina

Parte I
Fujifilm X100

Me resulta difícil no encontrar nada bueno de un lugar y a pesar de todo lo malo que vi, sentí y olí, Provenza es una región digna de visitar. Así lo creo yo y así lo creen los millones de personas que pasan por sus tierras cada verano, cada semana santa, cada puente, cada fin de semana. Y es que para los catalanes es un paseo en coche llegar hasta allí. De hecho, te preguntan: ¿Catalanes o españoles? Os imagináis la respuesta ¿verdad?

Hoy, sigue habiendo miedo a las invasiones. La inmigración se deja notar en esta región y si los indígenas no levantan muros de piedra es porque no están en Israel, claro. También es cierto que se ven grupos donde la mezcla es evidente y celebrada.

Decía lo de los muros de piedra porque muchos de los pueblos de Provenza están construidos al amparo de un grueso y alto muro. Algunos de ellos incluso sobre peñascos para hacer más difícil la invasión y fácil la defensa. Hoy no tienen nada que hacer. Los turistas atravesamos los muros, pagamos por subir a ellos e incluso por entrar en un puente que no tiene salida, como el Pont St-Bénézet de Aviñón.

Las riadas se llevaban constantemente los arcos del puente, y en 1660 se cansaron de reconstruirlo. Hoy, previo pago, puedes pasear por lo que queda, pero francamente, es preferible verlo desde las alturas o desde el otro lado del Ródano.

Puente que no tiende en Aviñón by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Una construcción más sólida que el puente es el Palacio de los Papas. Se levanta sobre cimientos naturales de piedra viva, lo que originó callejuelas caprichosas aprovechadas hoy por fotógrafos y músicos acústicos. Sí, lo sé, no se ve a nadie tocar, pero, creedme, a la vuelta de esa esquina se apostaba un guitarrista con arte en sus manos y cara de muy pocos amigos.

Pasaje  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En nuestros tiempos, ya no se levantan ni palacios ni castillos, pero aquí a alguien se le ocurrió levantar un jardín. Así, tal cual suena. La fachada del mercado de Aviñón es uno de los pocos jardines verticales que existen en Europa. Y la verdad, resultan interesantes de ver, sobre todo, cuando los jardineros se cuelgan con arneses de escalada para podar las rosas o se elevan con una grúa.

Aquí tenéis la foto de la fachada. Y si buscáis con paciencia encontraréis a dos jardineros colgados en la parte derecha de la imagen. Y si sois algo críticos podréis ponerme a parir por tan desastroso encuadre. El gran Tino Soriano, uno de los fotógrafos más importantes, aconseja en su libro Foto a foto (altamente recomendable), utilizar la técnica del dedo: cuando tienes que usarlo para guiar la atención del público sobre un detalle de la fotografía es que esa fotografía no es buena. Y éste es un claro ejemplo de ello.

Jardín vertical en Aviñón by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para compensar, tengo otra foto que sí me parece está bien compuesta y para la que sobran dedos para explicarla. Sencillamente porque no tiene demasiada explicación. Las curvas de esta escalera de caracol iluminada artificialmente, más parece una cala natural iluminada por el sol. Es un detalle del hotel de Aviñón en el que estuvimos alojados: céntrico, limpio, sencillo, con personal amable, restaurante y donde te hacían descuento del 20% en el parking público más cercano. Ya veis, todo detalles.

Arquitectura natural by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y aunque hay cosas interesantes sin salir del hotel, lo mejor es coger la cámara, olvidarte el callejero en la habitación y pasear por las calles sin rumbo fijo. Sólo así te toparás con lo que no te esperas, te alejarás de los espacios masificados y te cruzarás miradas con señoras del lugar.

Este consejo vale para Aviñón, para Orange, para Marsella, para Manosque y para cualquier otro lugar de Provenza. Incluso, me atrevería a decir que para cualquier lugar del mundo.

En este caso, la calle está en el casco antiguo y amurallado del pueblo Manosque. Un lugar al que le guardaré simpatía por sus calles soleadas, señoras amistosas, mercados coloridos y amenizados con música en vivo y señores interesados en comprarme mi querido clásico del motor.

Paseando por las estrechas calles de Manosque

Otro pueblo interesante por donde pasear es Vaison La Romaine.

Las calles, contra todo pronóstico, de este turístico pueblo medieval estaban casi vacías. Las empinadas cuestas y el tiempo inestable fueron dos aliados fantásticos para disfrutarlo sin agobios.

Como en casi todos los pueblos que visité, hay dos zonas bien diferenciadas: una, la histórica, la que se levantó sobre un peñasco. La otra, la que creció tras los muros. Lo lógico es que sea la primera la más interesante que visitar, pero la mayoría de los turistas se quedaban en la parte baja, paseando por las calles llanas llenas de tiendas de souvenir. Eso me permitió subirme, sin miradas desaprobadoras, donde no debía para lograr una toma interesante y sacar partido a las distancias cortas con la Fujifilm X100. Se dice que esta cámara no es precisa y que cuesta enfocar, y es cierto, pero basta con activar el macro y utilizar la pantalla para encuadrar, para que esto no sea ningún problema. Algunos utilizan el modo de enfoque manual, pero mientras sujetas la cámara con una mano y mantienes el equilibrio con la otra esta opción no sirve.

Vaison La Romanie

Marsella fue también un pueblo construido sobre una pendiente. Al pasear por sus empinadas cuestas del casco antiguo te das cuenta de ello.

Esta es la mejor zona por la que estar. Aquí se encuentran todos los atractivos de esta ciudad: suelo empedrado, calles estrechas, casas de color claro con contraventanas de colores, niños jugando sin miedo al tráfico, plazas con terrazas donde descansar los pies y activar el bolsillo, artistas trabajando a la luz del sol… Cuatro horas entretenidas.

Terrazas en el casco antiguo de Marsella

Al otro lado del puerto, Notre Damme de la Garde, una basílica situada a 162 metros de altura, desde donde se ve toda Marsella, si consigues mantenerte en pie, claro. El día que elegimos para subir hasta allí, el viento era muy fuerte a nivel del mar, pero allá arriba hacía un viento de mil diablos. Una vez arriba no debéis dejar de entrar en la basílica. El panteón carece de todo interés, pero la basílica es un sitio brillante. Sobre todo sus cúpulas, desde donde cuelgan barcos como ofrenda de los marineros marselleses. Algo muy curioso y que sólo había avisto antes en la iglesia de Getaria. Un bonito pueblo guipuzcoano al que no hay que dejar de visitar. Cuando vayáis, pasad por el bar/restaurante Iribar y disfrutad de un buen pescado a la parrilla y txakoli.

Los barcos cuelgan del techo colorido de Notre Damme de la Garde

Ops, he acabado el post de Provenza invitando a la gente a ir a Getaria.

Viajar por Provenza con una cámara de fotos (1 de 3)

Publicado en Aviñón, Cassis, Fotografía, Francia, Fujifilm X100, Marsella, Provenza, Viajar el April 17th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

La Provenza es tranquila y caótica, luminosa y oscura, encantadora y odiosa. Hoy, voy a hablar del caos, de la oscuridad y del odio. Dejaré para una segunda parte las buenas palabras, las que servirán para generar envidia y despertar el deseo de recorrer kilómetros y kilómetros franceses plagados de peajes abusivos. Pero ahora toca hablar de la suciedad, del alcoholismo, del olor, del mirar atrás.

Precisamente fue en Aviñón donde no quise mirar atrás cuando se me llamaba con insistencia: Monsieur, monsieur, une photographie! Es el sueño de todo aficionado a la fotografía; ir paseando por la calle y que la gente te pida posar para ti. Pero esto no podía ser, había truco. Al girarme me encuentro con un grupo bien numeroso de personas sintecho, pero conbricks de tinto. Uno de ellos, el portavoz, me pidió que les hiciera una fotografía. Bien, por qué no. Ya que habían logrado pararme debía aprovechar la circunstancia. Yo pensaba: Tú haz la foto, piensa en el blog, y luego si tienes que correr, corre. Seguro que tienes el hígado más sano que ellos y no tardarán en explotar. Pero uno de ellos al ver lo que yo tenía en la mano dijo que ni hablar. Mi gozo en un pozo. Me quedé sin foto para abrir este post. ¿Pero qué fue lo que les echó para atrás? ¿Mi Fujifilm X100? Seguro que pensaron que era una reliquia del pasado analógico. En fin.

Así que, debo abrir este post con otra fotografía. Una foto de unos personajes que sí se dejaron fotografiar. Quietos, sin respirar, enrejados… y siniestros.

Juguetes tétricos entre rejas en Aviñón

Por las calles de Aviñón puedes encontrarte con personajes de muy diferente categoría: los ya mencionados sintecho, muñecas que encierran un pasado sin testigos (bueno, tal vez el oso sepa algo), numerosos grupos de estudiantes juveniles, numerosos grupos de turistas japoneses y procesiones, sin capirotes, pero con siniestras canciones, pasos lentos, cruces pesadas y velas tan largas como lanzas que provocan tortuosas sombras en las caras de quienes las portan. Y yo que pensé que me libraba de los movimientos religiosos al cruzar la muga. Menudo susto con esto de la semana santa. Además, hay que añadir mucho alcoholismo callejero. Tal vez sea por la falta de bares donde poder beber sin ofender a los transeuntes.

Sí que hay cafeterías y restaurantes, ¿pero bares o pubs?, no fuimos capaces de encontrar ninguno. Acabamos bebiendo en Tapaslocas, un local que trataba de recrear el ambiente de picoteo español. El mojito era la bebida estrella y las tapas tenían precios de alta cocina. Un nuevo fiasco de las recomendaciones de la guía Lonely Planet.

Terrazas en Aviñón by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Por lo noche, Aviñón, como muchas otras ciudades de Provenza, no tiene lugares a los que ir. Las calles están desiertas y las dudas sobre lo que te puedes encontrar al doblar la esquina, abiertas. Tan sólo te queda vivir el día sentado en estas terrazas de cafeterías y restaurantes o cenar durante la noche al amparo de una comida que no quieres y una cuenta excesiva.  Pero tengo que ser justo: al peligro no lo vi en ningún momento.

El día, a pesar de lo dicho, es el mejor momento para disfrutar tanto de Aviñón como de Marsella. Porque ni siquiera la segunda ciudad más grande de Francia ofrece locales donde pasar buenos ratos a la noche. Nos volvemos a encontrar con tan sólo restaurantes donde cenar. De todas formas, aunque sí hubiera una buena oferta nocturna, Marsella no es un buen lugar. Sus calles están descuidadas, sucias y muchas de ellas huelen mal. Además, el tráfico es caótico y el asfalto te hace temer por tu coche, más cuando el que conduzco es un clásico al que hay que mimar en cada momento.

Yo tampoco me voy a quejar demasiado porque encuentro en esos escenarios buenos motivos que fotografiar.

Calle transitada de Marsella y destrozada y sucia

El puerto de Marsella pudiera ser un buen lugar que visitar, los puertos siempre tienen encanto, pero durante la época en la que estuve yo (abril 2012) estaba vallado prácticamente en su totalidad. Además, ¿qué es lo que hay que ver allí: yates lujosos atracados? Pues sí, eso es lo que hay: yates lujosos esperando a sus dueños, mientras los niños pasan el rato pescando y gente como yo aprovecha la situación para probar la profundidad de campo de la Fujifilm X100.

Aquí utilicé un f8 consiguiendo que los tres planos de la escena estuvieran perfectamente enfocados, algo esencial para transmitir la historia que os acabo de contar.

Pescando en el puerto de Marsella

Otro de los lugares a los que nos acercamos fue Cassis. Un pueblo pesquero… pero qué digo… un pueblo turístico con miles de personas ocupando un mismo espacio. Antaño Cassis, a 25Km de Marsella, fue un pueblo pesquero, sí, con mucho encanto, estoy seguro, y con unas callejuelas por donde pasear fabulosas. Hoy, sigue siendo bonito. De lejos tiene una pinta estupenda.

Puerto de Cassis by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Pero cuando te acercas, ves que en su puerto apenas quedan embarcaciones tradicionales con las que faenar y sí barcos de recreo. El puerto está tan lleno de restaurantes que resulta difícil andar por el estrecho espacio que queda para todos los paseantes, pero resulta difícil encontrar uno en el que comer pescado.

Puerto turístico en Cassis by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Al final, tuvimos que leer las cartas expuestas de unos 15 restaurantes hasta que dimos con Le Perroquet, donde comimos una riquísima marmite poisson, es decir, sopa de pescado, y una lubina con excelentes verduras.

Y aquí empieza lo bueno: la comida, el mar, las callejuelas desiertas, el suelo empedrado, la luz, las contraventanas, el legado romano, los barcos que vuelan… Todo ello vendrá en una segunda parte. Pero mientras llega, pongamos a caldo a la Provenza.

¿Quién empieza?

Inspirado por la fotografía analógica

Publicado en Asturias, Fotografía, Lomografía, Lubitel, Zamora el April 3rd, 2012 por diegojambrina

Ahora mismo es de noche, estoy cansado y nada inspirado, por lo que cualquier intento por escribir un post digno será un absoluto fracaso. Así que, he decidido llenar este negro hueco con fotografías hechas en otro momento. Era de día, estaba fresco y rebosaba inspiración, la que me daba tener colgada al cuello la cámara lomográfica Lubitel 166+.

Tenía mis dudas sobre cómo saldrían, porque nunca había disparado con un carrete de ISO 50 (baja sensibilidad a la luz), pero este carrete de Fujifilm, el Fujichrome, me ha sorprendido. Es una maravilla. Estoy encantado con el resultado.

¿Qué decís? ¿Os gustan?

Vestigio vivo del pasado (Zamora)
Vestigios vivos del pasado

Obras del teatro (Zamora)

Teatro de Zamora

Entre bastidores (Zamora)

Teatro de Zamora

Duero y Douro (Pinilla de Fermoselle)

Viñedos desnudos en Hacienda Zorita (Fermoselle)

Brañas en el Parque Natural de Somiedo (Asturias)

Braña del Parque Natural de Somiedo

Braña del Parque Natural de Somiedo

Braña del Parque Natural de Somiedo

Lago helado en el Parque Natural de Somiedo (Asturias)

Parque Natural de Somiedo

Nieve en el camino. Parque Natural de Somiedo (Asturias)

Parque Natural de Somiedo

Viajar por carretera por la provincia de Zamora

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Viajar, Zamora el March 27th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Carretera y manta. Es una de mis expresiones favoritas.

Me encanta viajar por carretera con mi propio coche. Lo prefiero a cualquier otra forma de viaje porque el viaje en sí empieza desde el mismo momento en que sales del garaje. No tiene nada que ver con viajar en avion. Llegar dos horas antes al aeropuerto. Esperar. Pasar por los controles. Esperar. Entrar en el avión. Esperar. Aterrizar. Esperar. Esperar. Esperar. Y me gusta hasta cuando no conduzco. Acurrucarme en el asiento del copiloto, bien tapadito, confiado en que mi compañera sabrá llevarme sano y salvo hasta el próximo relevo.

carretera_01

Hace pocos dias nos fuimos hasta la provincia de Zamora. Muy cerca de la frontera con Portugal.

Tiene algo de extraño estar en un país y ver al otro lado del río otro distinto. El río Duero a un lado y el Duoro al otro.

En un pueblecito de cuatro casas y ningún bar, llamado Pinilla de Fermoselle, hay un alto con el curioso nombre de “el mirador del cura”. Un lugar espectacular para disfrutar de las sinuosas curvas del río fronterizo. “El mirador del cura”… ¿por qué será que todo lo bueno está en manos de la iglesia? Hasta un pedazo de tierra desde el que admirar el paisaje.

Pinilla_de_Fermoselle_01

La carretera que une Pinilla de Fermoselle del pueblo de referencia en la zona, Fermoselle, recuerda al río. Una pista desierta y llena de curvas que hacen del recorrido un paseo espectacular. Además, tal vez podáis tener la misma suerte que yo y ver un pájaro carpintero descansando tras un duro trabajo. No sé por qué, pero en ciertas ocasiones encuentro su trabajo y el mío muy similar. Será por eso por lo que suelo acabar con fuerte dolor de cabeza.

Fermoselle es un pueblo construido sobre roca, o para ser más exactos es un pueblo construido entre rocas. A veces nos empeñamos en moldear la naturaleza a nuestras necesidades, pero es mucho más sencillo adaptarnos nosotros a ella. Y este pueblo es un gran ejemplo. Estoy seguro de que ni el frío que se siente en invierno en esta región ni el calor del verano hacen mella en el interior de estas casas.

Fermoselle_02

Hasta aquí no han llegado aún las rampas y las escaleras mecánicas que hacen la vida más fácil y a las personas más vagas. En Fermoselle tendrás que subir y bajar por empinadas cuestas y escaleras con cierto sabor a Huayna Picchu, (ya hablaré un día de estos de mi viaje a Perú) donde esculpidas en la piedra de la montaña los escalones te facilitaban la ascensión.

Fermoselle_04

No es de extrañar encontrarse por estas calles con viejos neumáticos de bicicleta. Con 30 años menos, en lugar de fotografiarla, la hubiera cogido y lanzado calle abajo.

Fermoselle_03

Pero la niñez quedó atrás, y ahora lo que más me gusta es pasear con mi cámara Fujifilm X100 en la mano, mientras se acerca la hora de beber el famoso vino de la zona, el que se beneficia del microclima de la ribera del Duero, en el Parque Natural Arribes del Duero.

hacienda_zorita_01

Dicen que a principios de año es la peor época para visitar una bodega. Las vides están desnudas, ni una hoja, ni un racimo, tan sólo madera muerta que se niegan a caer al suelo. Pero yo estoy ahí y tengo que aprovechar el momento.

Lo pasamos bien en la Hacienda Zorita. Comimos muy bien, bebimos muy bien, y, por supuesto, al final, dormimos muy bien.

Viñas a contraluz

De vuelta a casa, hicimos una parada en Zamora, en la capital de la provincia y en la capital mundial del chorizo. Como bien saben mis amigos no hay chorizo más rico en todo el mundo que el que se hace en Zamora. De hecho es lo único destacable que sale de esta tierra.

Esa pasión por la religión, que les ha llevado a crear un museo de la semana santa, es algo que me supera. Dicen que a medida que te haces viejo, y aunque hayas sido toda la vida un ateo recalcitrante, tiendes a creer en un ser divino, uno que te salve de la muerte, o que te garantice un cielo lleno de vírgenes.. a no que eso es de otros… bueno, a mí no me va a suceder. Yo seguiré creyendo en mí mismo y en la gente que me rodea y me quiere, como así lo hizo Abelina, la abuela que nació el día de la revolución rusa.

zamora_03

Zamora es un lugar, sin duda, tranquilo, sosegado, camina despacio, entre sol y sombra, y donde aún puedes ver a las viudas vestidas de negro. Pero solo a las viudas. Los viudos, si los hay, no son partidarios del luto.

zamora_01

Y para terminar la visita, un consejo: meteros entre calles, atravesad las puertas que muchas están abiertas al visitante y descubriréis rincones con sabor a blanco y negro, muy aptos para el fotógrafo.

zamora_02

Marketing directo creativo y un poco de terapia

Publicado en Creatividad & Estrategia, Marketing Directo, Trabajo y pasión el March 20th, 2012 por diegojambrina

Ahora que la seguridad social se va al garete, gracias a los grandes empresarios y políticos corruptos, ¡¿y qué político no lo es?!, me preguntaréis, y con razón, es momento de hablar de una campaña de marketing directo que realicé para Lagun Aro.

Se habla y se escribe mucho acerca de las grandes marcas y las grandes campañas, pero, amigos míos, el creativo de a pié, el que vive lejos de Madrid y Barcelona, debe crear campañas igual de creativas o más.

Y aquí estoy yo para hablar de ellas. Porque, y sigo un ratito más despotricando contra todos, menos contra mí mismo, ni siquiera en la universidad se exponen casos como los que yo suelo hablar en mi blog. Siempre son los grandes spots de Coca Cola, los de BMW, los de Codorniú, etc., los que llenan las bocas de profesores y alumnos. ¡¿Y luego qué?!, luego salimos borrachos al mundo laboral y nos damos de bruces con la realidad. Y la realidad tiene forma de pyme y de una campañita de marketing directo.

En este caso, el cliente no es que fuera pequeño, pero el presupuesto sí lo fue.

Se trataba de lanzar un seguro de salud, y se decidió, en su momento, destacar el hecho de que con este seguro se acabaron las esperas: Ser el primero siempre.

Recuerdo que preparamos una campaña más global, con anuncios en prensa y exterior, donde hacíamos hincapié en otro argumento de venta, tal vez más atractivo y diferenciador que éste. Y recuerdo que no salió, pero nos lo pasamos de miedo haciéndolo. Pero esa es otra historia que tal vez tenga lugar en otro post. No sé. Ya veré.

La cuestión es que teníamos entre manos una acción de marketing directo con la que decir que con este seguro las colas se iban a acabar. Así que utilicé uno de los iconos más claros de la espera y lo transformé.

Si no has pinchado ya en la imagen de arriba, no sé a qué esperas, ¿a que te dé la vez?

Creatividad en las etiquetas de las prendas

Publicado en Creatividad & Estrategia el March 13th, 2012 por diegojambrina

Las etiquetas con instrucciones de lavado han levantado cierto revuelo, sobre todo, las que tienen tintes machistas. Así que aprovecho la circunstancia para publicar en este blog un post que tenía en mente desde hacía ya algún tiempo.

Compré en Vietnam unas camisetas que me llamaron mucho la atención por su diseño y creatividad en el estampado y cuando vi las etiquetas con las instrucciones me llevé una buena sorpresa. Era la primera vez que veía que se utilizaba este cacho de tela como vehículo no sólo para informar sobre lo necesario para su lavado y planchado, sino también para sacarte una sonrisa, y de paso crear una buena imagen de marca.

etiquetas_creativas_01

Sin embargo, la etiqueta de un pantalon en Inglaterra ha sacado de sus casillas a mucha gente. La etiqueta decía: “Give it to your woman. It’s her job” (“Dáselos a tu mujer, es su trabajo”). Aquí tenéis la noticia en Antena 3.

¿Qué es lo que buscaban con esto? Pues sencillamente lo mismo que las camisetas vietnamitas.

¿Cuál es la diferencia entre un caso y el otro? La forma.

La forma, el cómo, la creatividad o como se quiera llamar, es fundamental, es lo que marca la diferencia. Mientras unos han quedado como unos machistas retrógrados, otros se posicionan como una empresa cercana, alegre y empática con sus clientes.

etiquetas_creativas_02

De todas formas, me gustaría, sin ánimo por crear polémica, advertir de que la gente en general no tiene sentido del humor y cualquier expresión estereotipada causa rechazo. “Dáselo a tu mujer” no me parece una expresión que se aleje de la realidad ni que menosprecie a la mujer. Podríamos decir que incluso menosprecia al hombre por su ineptitud en ciertos temas. Y, sin embargo, no hemos dicho nada al respecto. ¡Joder, que la asociación por la dignidad del hombre en el hogar tendría que haber denunciado a la empresa! Lo que sí me parece excesivo, de mal gusto, sexista y totalmente contraproducente es la coletilla “es su trabajo”. Ahí reside el problema.

Como veis, en las etiquetas de mis camisetas, también se aconseja hacer uso del conocimiento de la mujer en los temas de lavado, pero sin menospreciar, ni mucho menos, aunque para los periodistas de Antena 3 parezca que se trata del mismo error.

Y es la falta de sentido del humor la que provoca estreñimiento mental y la que nos impide disfrutar de anuncios como los de Groupama. Una asociación, también inglesa, ha conseguido retirar de las TV el último anuncio de esta serie por su supuesto menosprecio a las personas negras. Me llama mucho la atención que sean los ingleses los que más prejuicios tienen siendo el humor inglés una de las expresiones más negras que nos podamos encontrar.

Premio “Distrito Foto” 2009 a “el momento decisivo”

Publicado en Bilbao, Canon, Fotografía el March 6th, 2012 por diegojambrina

Canon 450D
En el post anterior escribí que en fotografía sólo hay una regla inquebrantable: Nunca es buen momento para guardar la cámara en la mochila, porque sólo así podréis estar preparados para capturar el momento decisivo.

Este concepto de “el momento decisivo” se lo apropió Henri Cartier-Bresson para definir su estilo fotográfico y el estilo fotográfico que él más valoraba y que acabó siendo el primer mandamiento de la agencia Magnun.

¿Y qué quiere decir esto del momento decisivo? Pues que hay que disparar justo en el momento adecuado, ni un segundo antes ni un segundo después.

Dicho así, parece casi hasta fácil. Claro, todos sabemos que hay momentos irrepetibles que hacen de un disparo una gran foto, sin importar en exceso las normas compositivas, pero podéis estar toda una vida esperando a que ese momento se produzca para sacar la cámara y disparar y jamás llegar a tiempo.

¿Quiero decir con esto que hay que llevar la cámara siempre en la mano? No, porque ni siquiera esto sirve. Lo que quiero decir es que tenéis que observar el entorno en el que estáis y anticiparos a lo que vaya a suceder.

Cinco mujeres de escaparate

No ocurrió así en 2009, cuando capturé este momento, pero casi. Por allí paseaba yo, con una cámara en la mano, cuando vi sentarse a una señora desharrapada y desarropada en la poyata de una tienda, cansada de trabajar, porque pedir en la calle también es trabajoso. El choque visual entre el mundo ideal y preciosista de la publicidad y la fea realidad tridimensional y animada, me estalló en la cara.

Pero es un estallido selectivo, la gente pasa por delante sin darse cuenta de “el momento”, y sólo si miráis con idea creativa sentiréis como súbitamente llega la información hasta vuestras mismas narices.

Esta foto la presenté en 2009 al concurso que el Ayuntamiento de Bilbao organiza cada año: “Distrito Foto” se llama. Y gané. Fue un bonito momento, el momento decisivo en la vida de todo fotógrafo aficionado. A partir de entonces, sólo quieres repetir.

Viajar por la Riviera Maya con una cámara de fotos

Publicado en Canon, Fotografía, México, Riviera Maya, Tulum, Valladolid, Xcaret el February 28th, 2012 por diegojambrina

Canon 450D
No es propio de mí viajar a uno de los destinos más demandados por las parejas de novios a punto de casarse. Ni es propio de mí alojarme en un complejo hotelero con pulserita en la muñeca y soberbia en la cara. Y a pesar de ello, por circunstancias que no vienen al caso, acabé en la Riviera Maya. Pero me alegro de haberlo hecho, porque descubrí, eso sí, fuera del complejo hotelero, unos lugares fantásticos.

La cultura Maya está presente en esta zona de México y una de las ruinas que más me gustaron fueron las situadas en un acantilado frente al Caribe: las de Tulum, posiblemente también porque la inmediata cercanía al mar refrescaba el ambiente. De todas formas, si podéis elegir, acudid lo más pronto posible porque allí el sol es tan poderoso que resulta difícil disfrutar del lugar y, sobre todo, de la fotografía. No olvidéis el filtro polarizador, un accesorio fundamental para el objetivo que reduce la cantidad de luz, ayuda a mejorar el contraste y elimina los brillos.

tulum_02

La gente, siempre en exceso, también es una tara, aunque para combatirla no hay filtro que valga, tan sólo paciencia infinita, encuadres y reencuadres rápidos y zoom a tope, como en este caso. Yo utilicé mi 17-85 de Canon, pero me hubiera venido mejor uno con más alcance. Tenedlo en cuenta y podréis fotografiar embarcaciones pesqueras con más detalle que éstas que se intuyen en esta fotografía.

tulum_07

En Chichen Itza sufrí lo que no está escrito. Yo viajé a finales de abril, y esa zona selvática de México está muy calentada por el sol, y lo que debería haber sido húmedo resultó ser seco como la Castilla española en pleno agosto. Para algunos, una bendición, para mí, un infierno. Pero lo peor de todo no fue el tiempo, al fin y al cabo eso es propio del lugar y así lo debéis vivir. Lo peor fueron las hordas de personas que allí se congregaron.

Yo formaba parte de un grupo bien numeroso y mientras atendíamos las explicaciones del guía y nos refugiábamos bajo la escasa sombra, pasaban y pasaban grupos enormes de más turistas, que acabaron siendo más interesantes que las propias ruinas. Aún hoy soy incapaz de razonar por qué dejábamos de mirar las ruinas para ver cruzar a esta gente. En fin.

Chichen_Itza_02

¿Y qué hay de las ruinas?

Chichen Itza es un sitio fantástico. Fantástico en todos los sentidos, un lugar muy bonito y lleno de historia y suposiciones. Aquí está uno de los campos del juego de la pelota maya más famosos. La pelota maya, no vasca. La diferencia es que mientras en la pelota maya cortaban las cabezas a los ganadores para que consiguieran la inmortalidad, en la vasca cortan las pelotas a los derrotados por perder el sueldo en las apuestas.

Pero, a pesar de ser un lugar misterioso, una vez en el campo, no fui capaz de sentir nada, todo lo contrario a lo que sentí en Machu Picchu. Mi atención se desviaba a los turistas, los vendedores, cientos de ellos, y la representación folklórica.

Chichen_Itza_09

Sólo cuando me separé del grupo pude realmente ver a la gente del lugar tal y como son.

Fue en Valladolid, una ciudad en la que te sueltan para que compres artesanía. No entraré en si es realmente artesanía o souvenir, porque sinceramente no me interesó más que alejarme lo máximo posible de la plaza y andar a mi aire por las calles de la ciudad. En esa escasa media hora de libertad disfruté de la fotografía como no lo había hecho hasta entonces.

Las calles son anchas y los motivos sin un zoom se encuentran demasiado lejos. Para este lugar, aconsejo también un buen tele con más alcance que el 85 que yo llevé. Por ejemplo, esta fotografía hubiera resultado mejor si me hubiera acercado más hasta el carrito de los helados para que fuera él y sólo él el protagonista. El otro puesto también hubiera merecido un disparo exclusivo, pero, lo dicho, mi objetivo no daba más de sí y mi vergüenza, unida al riesgo de perder naturalidad en las personas, me aconsejó no utilizar las piernas.

Valladolid_04

La plaza de Valladolid tiene una curiosidad en forma de bancos. Se llaman los bancos de los novios porque en él se sientan los novios para charlar cara a cara, pero sin que haya roce. Una pena, pero teniendo en cuenta el calor que allí hace, si no te cobijas bajo la sombra, lo mejor es que corra el aire. Ya habrá mejores momentos y lugares para rozar y rozar.

Valladolid_07

La verdad es que en Valladolid lo que realmente apetece es tomarse una buena cervecita bien fría. ¡Lo que hubiera dado por entrar en el Cervefrío! Pero no hay tiempo para lamentaciones, y menos en un viaje organizado, así que media vuelta y a seguir paseando.

Y paseando paseando te puedes encontrar con mujeres ataviadas con vestidos blancos y adornados con ribetes de flores de colores. ¡Lastima que no pude captar ninguna instantánea digna de enseñar! Por eso, aconsejo estar más de una hora en un mismo lugar, para dar tiempo a que el mundo gire ante el objetivo.

Valladolid_01

Otro de los lugares a los que nos llevaron fue Xcaret; un parque de atracciones donde puedes encontrar tiburones, mantas, tortugas, pumas, lagartos, papagayos, manatíes, yankis, cocodrilos, españoles, serpientes y muchos, muchos mexicanos.

Es uno de los sitios más frecuentados por las familias mexicanas durante sus vacaciones. Se lo pasan en grande viendo a los animales en recintos extremadamente pequeños para sus necesidades vitales. Pero en fin, allí me dejaron y tuve que aprovechar el tiempo. Y qué mejor que sacar fotografías al mayor de los espectáculos: la gente.

Sí, es cierto que hay pececillos de colores espectaculares, pero las formas de las personas mirando a los peces me resultan más atractivas. Olvidaros del flash, lo único que conseguiríais serían reflejos en los cristales y fotografías sin alma. Aprovechad la oscuridad del interior del acuario y la luz del mar artificial. Sólo así conseguiréis retratar la extraña paz que se respira en estos lugares.

Xcaret_01

La luz del exterior, a veces tan odiada, es una aliada si se sabe dónde mirar. Resulta interesante mantener el enfoque en el reflejo del agua para destacar el interés de las personas que hay fuera de ella. Esta fotografía tiene truco: está volteada. Pero únicamente es eso, todo lo demás es tan natural como lo que aparece. Si girarais vuestra cabeza 180º veríais exactamente lo que yo vi. Venga, adelante, giradla.

¿Ya? ¡Qué graciosos!

Xcaret_04

Y para acabar el viaje exprés por la Riviera Maya, una muestra de lo bien que se lo pasaban los mexicanos en el espectáculo folklórico al finalizar el día. No tenía intención de sacar otra vez la cámara, pero un espectáculo así era difícil de dejar pasar.

Nunca es buen momento para guardar la cámara en la mochila. Es la única regla inquebrantable de la fotografía.

Xcaret_07